Con motivo del décimo aniversario de Grupo neoCK, conversamos con su fundador y CEO, Jesús Martín, sobre el papel de la tecnología social como motor de transformación, la democratización de la medición del impacto, los retos de la digitalización en el tercer sector y la necesidad de construir una economía del dato ética, transparente y centrada en las personas.
- Entrevista a Jesús Martín, Fundador y CEO en Grupo neoCK
- Grupo neoCK cumple diez años impulsando tecnología para el sector social y se ha consolidado como uno de los casos de crecimiento más singulares del ecosistema tecnológico español. ¿Qué demuestra vuestra trayectoria sobre el potencial de desarrollar tecnología con impacto social desde territorios como Extremadura?
- Habéis impulsado el DDI para facilitar la medición del impacto social. ¿Cómo contribuye esta herramienta a democratizar el acceso a los datos y a la inteligencia artificial en el tercer sector?
- ¿Cuáles son las principales barreras culturales y operativas que todavía dificultan la transformación digital en el tercer sector?
- ¿Cómo puede impulsarse una economía del dato ética y responsable que genere confianza entre entidades sociales, administraciones y empresas?
- ¿Cómo pueden herramientas como Neo Impact transformar la forma en que organizaciones y financiadores evalúan el impacto social?
- ¿Cuáles son los próximos retos de Grupo neoCK?
- Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a la comunidad de Corresponsables?
Entrevista a Jesús Martín, Fundador y CEO en Grupo neoCK
Grupo neoCK cumple diez años impulsando tecnología para el sector social y se ha consolidado como uno de los casos de crecimiento más singulares del ecosistema tecnológico español. ¿Qué demuestra vuestra trayectoria sobre el potencial de desarrollar tecnología con impacto social desde territorios como Extremadura?
Nuestra experiencia demuestra que la innovación no depende de la ubicación geográfica, sino del propósito y del rigor con el que se trabaja. Desde Badajoz hemos construido una organización ágil, cercana al talento local y capaz de actuar como un auténtico laboratorio de innovación social.
Las ciudades más pequeñas permiten experimentar, codiseñar soluciones y validar ideas en entornos más controlados para después escalarlas a otros contextos y mercados. La tecnología rompe las barreras territoriales y demuestra que se puede crear valor desde cualquier lugar. Lo importante no es dónde se desarrolla el código, sino el impacto que se busca generar en la vida de las personas.
Habéis impulsado el DDI para facilitar la medición del impacto social. ¿Cómo contribuye esta herramienta a democratizar el acceso a los datos y a la inteligencia artificial en el tercer sector?
Históricamente, las pequeñas entidades han quedado excluidas de los sistemas avanzados de medición de impacto debido a los elevados costes de consultoría y a la necesidad de contar con perfiles altamente especializados.
Con DDI hemos querido cambiar esas reglas. Por un lado, automatizamos el rastreo y reporte de indicadores, eliminando gran parte de los costes estructurales. Por otro, facilitamos el acceso a través de modelos de financiación que permiten a las entidades utilizar la herramienta sin barreras económicas iniciales. Y, además, les damos la posibilidad de competir en igualdad de condiciones con organizaciones más grandes a la hora de acceder a financiación pública y privada.
Estamos entrando en una nueva era en la que los datos serán fundamentales para gestionar, medir y demostrar el impacto social. Si las pequeñas entidades no tienen acceso a estas capacidades, corren el riesgo de quedar atrás. Nuestro objetivo es precisamente evitarlo.
¿Cuáles son las principales barreras culturales y operativas que todavía dificultan la transformación digital en el tercer sector?
Identificamos dos grandes obstáculos. El primero es lo que denomino la “tecnofobia humanista”: la creencia de que incorporar tecnología o inteligencia artificial reducirá la calidad humana de la intervención social.
Nuestra visión es justamente la contraria. La tecnología debe asumir las tareas repetitivas y burocráticas para que los profesionales puedan dedicar más tiempo a aquello que realmente aporta valor: la relación directa con las personas.
La segunda barrera es la fragmentación de la información. Muchas organizaciones trabajan con múltiples bases de datos, hojas de cálculo y sistemas aislados. Cada profesional gestiona sus propios datos y luego resulta muy difícil integrarlos y analizarlos de forma conjunta.
Sin información conectada no es posible generar conocimiento útil ni mejorar la intervención social. Por eso es imprescindible avanzar hacia una verdadera cultura del dato.
¿Cómo puede impulsarse una economía del dato ética y responsable que genere confianza entre entidades sociales, administraciones y empresas?
Para nosotros existen tres principios irrenunciables: soberanía del dato, transparencia algorítmica y seguridad regulatoria.
La soberanía implica que las personas deben mantener siempre el control sobre sus datos y decidir cómo se utilizan. La transparencia exige comprender cómo funcionan los algoritmos que transforman esos datos en valor. La inteligencia artificial no puede ser una caja negra.
Y, finalmente, necesitamos un marco normativo sólido. Regulaciones europeas como la Data Act o la AI Act establecen reglas claras que ayudan a garantizar un uso ético y responsable de estas tecnologías.
La regulación supone un esfuerzo de adaptación, pero también aporta seguridad jurídica y confianza. El reto ahora es cumplirla y convertirla en una oportunidad para construir sistemas más transparentes y responsables.
¿Cómo pueden herramientas como Neo Impact transformar la forma en que organizaciones y financiadores evalúan el impacto social?
El gran cambio llegará cuando seamos capaces de trabajar con espacios de datos unificados. Si una entidad puede integrar información de distintos programas, colectivos y fuentes públicas, todos los actores implicados —financiadores, profesionales y beneficiarios— tendrán una visión mucho más completa y precisa de los resultados.
Eso permitirá pasar de evaluaciones realizadas al final de los proyectos a sistemas de seguimiento en tiempo real, capaces de detectar mejoras y corregir desviaciones durante la propia intervención.
Además, herramientas como Neo Impact ayudan a combatir el llamado “impact washing”. Nosotros solemos decir que el dato mata al relato. Los datos permiten demostrar con evidencias qué resultados se están obteniendo y qué valor social se está generando.
También contribuyen a reforzar la rendición de cuentas y a visibilizar el enorme impacto que generan las entidades sociales. Muchas veces el tercer sector realiza un trabajo extraordinario que no siempre consigue demostrar con suficiente evidencia. La tecnología puede ayudar a cambiar esa situación.
¿Cuáles son los próximos retos de Grupo neoCK?
Nuestro principal desafío es la escalabilidad. Queremos que la tecnología social esté al alcance de todas las entidades sociales de España y seguir ampliando nuestra presencia en Latinoamérica, donde ya colaboramos con numerosas organizaciones.
También queremos aportar valor a las empresas en ámbitos como la sostenibilidad, los criterios ESG o la doble materialidad. Creemos que es necesario crear espacios compartidos donde entidades sociales, administraciones públicas, empresas y financiadores trabajen con estándares comunes y una visión colaborativa.
Otro reto fundamental para nosotros es contribuir a la fijación del talento en entornos rurales. Queremos demostrar que es posible desarrollar proyectos tecnológicos de alto valor añadido sin obligar a las personas a abandonar los territorios donde desean vivir.
Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a la comunidad de Corresponsables?
Me gusta resumir nuestra visión en una reflexión: la tecnología sin humanismo carece de alma, pero el humanismo sin tecnología carece de la escala necesaria para transformar el mundo.
La clave está en combinar ambas dimensiones. Somos las personas quienes debemos aportar propósito, ética y sentido a la tecnología. Y, al mismo tiempo, la tecnología nos permite amplificar nuestra capacidad para generar impacto positivo y construir un mundo mejor. Ese es, precisamente, el gran desafío y la gran oportunidad que tenemos por delante.


