Vivimos un momento en el que conceptos como propósito, sostenibilidad, impacto o gobernanza forman parte del lenguaje habitual de las empresas. Han dejado de ser términos reservados a especialistas para ocupar un lugar central en los consejos de administración, en la estrategia y en las conversaciones que todas las compañías tenemos con inversores, empleados y clientes.
Sin embargo, existe un riesgo evidente. Que el uso frecuente de estos conceptos termine vaciándolos de contenido. Que el propósito se convierta en una declaración inspiradora, pero con nula capacidad de orientar decisiones. Que la ética termine reducida a un elemento reputacional. O que la sostenibilidad se limite a un ejercicio de cumplimiento normativo.
La diferencia entre una organización que simplemente comunica sus valores y otra que realmente los incorpora reside, precisamente, en su capacidad para convertir las convicciones en decisiones. Porque la ética empresarial no se demuestra en los discursos, sino en la manera de dirigir una compañía cuando aparecen los dilemas, que siempre aparecen.
Por eso resulta especialmente relevante seguir impulsando espacios donde la investigación académica dialogue con la realidad corporativa. La IX edición de los Premios de Investigación en Ética Empresarial, promovidos por Bankintercard junto con la Cátedra de Ética Económica y Empresarial de la Universidad Pontificia Comillas, vuelve a demostrar el valor que tiene acercar el conocimiento académico a los desafíos a los que se enfrentan las organizaciones hoy.
No es casualidad que, en esta edición, el propósito corporativo haya sido el eje común de los trabajos premiados. Desde perspectivas diferentes, las investigaciones analizan cómo el propósito influye en el rendimiento de una compañía, condiciona la toma de decisiones del comité de dirección y acaba integrándose, o no, en la cultura corporativa. Todas llegan a una misma conclusión. Cuando el propósito es auténtico y forma parte de la gestión diaria, genera un valor claro para la empresa y para sus grupos de interés.
Este tipo de investigaciones aportan algo especialmente valioso. Evidencias. En un contexto donde abundan las opiniones, necesitamos más datos, más análisis y conocimiento para distinguir las prácticas que realmente funcionan de las modas pasajeras.
Las empresas estamos inmersas en un entorno de desafíos de enorme complejidad. La transformación tecnológica, la inteligencia artificial, las exigencias regulatorias, la gestión del talento o las nuevas expectativas sociales. Ninguno puede gestionarse únicamente desde la intuición. Requieren reflexión, pensamiento crítico y una sólida base de conocimiento.
Por eso considero que reconocer el trabajo de investigadores que dedican años a estudiar estos fenómenos no es únicamente una forma de apoyar al ámbito académico. Es también una inversión en el liderazgo del futuro. La colaboración entre universidad y empresa permite que el conocimiento no se quede en las aulas y contribuya a mejorar la forma en que gestionamos nuestras organizaciones.
En Bankintercard entendemos que la ética no es un complemento de la actividad corporativa. Es el punto de partida para construir confianza. Y la confianza sigue siendo el principal activo de cualquier organización que aspire a perdurar.
San Ignacio de Loyola expresó esta idea con una frase cuya vigencia permanece intacta. «El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras». Trasladada al ámbito corporativo, nos recuerda que los valores solo cobran sentido cuando influyen en las decisiones que tomamos cada día.
Quizá esta sea la principal enseñanza que dejan estos premios. La ética no es una aspiración abstracta ni un ejercicio de comunicación. Puede estudiarse, investigarse, medirse y mejorar. Y cuanto mejor la comprendamos, mejores empresas estaremos construyendo para el futuro.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables y en el Caso Práctico de Bankinter en el Anuario Corresponsables 2026.


