La Fundación Vicente Ferrer celebrará el próximo 18 de junio en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles de Madrid la primera edición de Gala Esentia, una gran cita solidaria nacida con la vocación de convertirse en un encuentro anual de referencia en defensa de los derechos de la infancia. Coincidiendo con el 30 aniversario de la entidad en España y más de 55 años de impacto internacional, especialmente en India, la gala reunirá a representantes del ámbito social, empresarial, institucional y cultural para impulsar una mirada más humana, consciente y comprometida con las personas más vulnerables.
- Gala Esentia nace como una nueva gran cita solidaria. ¿Qué objetivos estratégicos persigue la Fundación con este evento a medio y largo plazo?
- La gala conmemora 30 años en España y más de 55 años de impacto internacional. ¿Qué hitos destacaría en esta trayectoria y cómo han evolucionado los modelos de intervención?
- En un contexto global marcado por crisis múltiples, ¿cuáles son hoy los principales desafíos en la protección de los derechos de la infancia en los territorios donde operan?
- Gala Esentia plantea una experiencia narrativa y emocional. ¿Qué papel juega la comunicación en la movilización social y en la generación de compromiso real?
- El sector privado tiene un rol creciente en el desarrollo sostenible. ¿Cómo pueden las empresas contribuir de forma efectiva a proyectos como los que impulsa la Fundación?
- Mirando al futuro, ¿cuáles son las prioridades estratégicas de la Fundación Vicente Ferrer en los próximos años y cómo esperan escalar su impacto?
Con una propuesta concebida como una experiencia narrativa y emocional dividida en tres actos —Origen, Acción y Emoción—, Gala Esentia busca transformar la sensibilidad en compromiso real, poniendo el foco en la protección de la infancia y en el papel de las alianzas para generar impacto sostenible. La cita contará con la participación de figuras como Cayetana Guillén Cuervo y Leonor Watling, además de una propuesta gastronómica diseñada por el chef Mario Sandoval.
En esta entrevista con Corresponsables, Carles Coarasa reflexiona sobre los retos actuales en la protección de los derechos de la infancia, la evolución de los modelos de cooperación internacional, el papel de la comunicación constructiva y la importancia de construir alianzas entre empresas, instituciones y sociedad civil para avanzar hacia un futuro más justo, sostenible y humano.
Gala Esentia nace como una nueva gran cita solidaria. ¿Qué objetivos estratégicos persigue la Fundación con este evento a medio y largo plazo?
La Fundación Vicente Ferrer celebra 30 años de presencia en España y 57 años trabajando junto a las comunidades rurales de la India. Para todas las personas que forman parte de la Fundación y de su entorno, este aniversario representa un hito muy importante. Por este motivo celebramos la primera edición de la Gala Esentia como una cita especial: un espacio de reflexión, encuentro y creación de vínculos en defensa de los derechos de la infancia.
El contexto y la coyuntura actuales están contribuyendo a un clima social cada vez más crispado y deshumanizado, donde a menudo el foco se desplaza de lo verdaderamente importante hacia el ruido y la confrontación. Con la Gala Esentia queremos contribuir a recuperar esa mirada esencial. Volver a poner el foco en las personas cuyos derechos siguen siendo vulnerados y en la necesidad de construir un mundo más humano, más justo y más consciente.
Una de las formas más transformadoras de hacerlo es garantizar que niñas y niños crezcan en entornos seguros, con oportunidades reales para desarrollar una vida plena y acceder a derechos fundamentales como la educación, la alimentación, la atención sanitaria o una vivienda digna.
Necesitamos garantizarles un contexto que les permita jugar, aprender, soñar y luchar por hacer realidad sus sueños. Y también que crezcan sabiendo que tienen derechos y que pueden defenderlos.
Por este motivo, y coincidiendo con nuestro 30 aniversario en España, la Fundación Vicente Ferrer impulsa este evento solidario con la voluntad de consolidarse como una gran cita filantrópica anual comprometida con los derechos de la infancia.
La gala conmemora 30 años en España y más de 55 años de impacto internacional. ¿Qué hitos destacaría en esta trayectoria y cómo han evolucionado los modelos de intervención?
Uno de los grandes logros de la Fundación Vicente Ferrer a lo largo de estos años ha sido consolidar un modelo de desarrollo integral, capaz de abordar de forma simultánea las distintas causas de la pobreza estructural: educación, salud, igualdad de género, vivienda, medio ambiente o inclusión de las personas con discapacidad.
A ello se suma otro elemento fundamental: la vocación de permanencia y arraigo en el territorio. La Fundación no trabaja desde una lógica puntual o asistencialista, sino acompañando a las comunidades en procesos de transformación a largo plazo, fortaleciendo sus capacidades, su autonomía y el conocimiento de sus derechos para que sean protagonistas de su propio desarrollo.
Gracias a este modelo de cooperación al desarrollo se ha impulsado una transformación profunda no solo en términos sociales y económicos, sino también culturales y comunitarios.
Ese impacto queda reflejado en algunos datos muy concretos: la construcción de 3 hospitales que atienden cientos de miles de consultas cada año, más de 87.000 viviendas construidas para familias en situación de vulnerabilidad, más de 1.650 centros comunitarios, programas educativos especializados para niñas y niños con discapacidad, miles de mujeres vinculadas a proyectos de emprendimiento que les permiten disponer de un medio de vida propio, iniciativas de acceso a la educación superior y proyectos de agricultura sostenible y reforestación.
Adoptando una visión global, podemos afirmar que más de 5 millones de personas han logrado mejorar significativamente sus condiciones de vida gracias a este modelo de desarrollo humano sostenible.
En cuanto a la evolución de los modelos de intervención, la cooperación internacional ha cambiado mucho en las últimas décadas. Durante muchos años predominó una visión muy vertical, centrada principalmente en la transferencia de recursos económicos y en modelos donde los países donantes decidían qué necesitaban las comunidades receptoras.
Posteriormente, el desarrollo comenzó a entenderse de una forma más amplia, incorporando cuestiones esenciales como la salud, la educación, la calidad de vida o la igualdad de oportunidades. A partir de los años noventa, especialmente gracias al impulso de Naciones Unidas y al concepto de Índice de Desarrollo Humano, se consolidó una mirada mucho más centrada en el bienestar de las personas.
Más adelante llegaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, posteriormente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incorporan además cuestiones fundamentales como la sostenibilidad ambiental, el cambio climático, las alianzas entre actores y el protagonismo de las propias comunidades.
En definitiva, hemos pasado de modelos más verticales y paternalistas a enfoques mucho más participativos, sostenibles y basados en la colaboración.
Y en ese sentido, la Fundación Vicente Ferrer fue pionera. Desde sus orígenes entendió que el verdadero desarrollo solo es posible cuando las personas y las comunidades se convierten en protagonistas de su propia transformación.
En un contexto global marcado por crisis múltiples, ¿cuáles son hoy los principales desafíos en la protección de los derechos de la infancia en los territorios donde operan?
Existe todavía una gran distancia entre los derechos reconocidos de la infancia y la realidad que viven millones de niñas y niños en todo el mundo. La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 y considerada el tratado internacional más ratificado de la historia, reconoce a la infancia como sujeto de pleno derecho. Sin embargo, las cifras siguen siendo profundamente preocupantes.
Hoy, millones de niñas y niños continúan creciendo en contextos marcados por la pobreza, la desnutrición, la violencia, el trabajo infantil, la explotación o la falta de acceso a la educación. Además, las crisis humanitarias, los conflictos armados y el cambio climático están agravando todavía más esta situación, especialmente en las comunidades más vulnerables.
Algunos datos ayudan a entender la magnitud del desafío: millones de menores sufren desnutrición crónica; millones de niñas son obligadas cada año a contraer matrimonio; y en muchos países afectados por guerras o desastres naturales, una gran parte de la infancia sigue sin poder acceder a la escuela.
La pobreza tiende a reproducirse de generación en generación cuando no existen oportunidades reales de transformación. Por eso, la protección de la infancia es una responsabilidad colectiva que exige intervenciones profundas, sostenidas y centradas en garantizar derechos fundamentales.
La infancia tiene un impacto decisivo en el desarrollo de cualquier persona. Ana María Matute decía que “la infancia no es una etapa de la vida: es el mundo completo”. Y creo que esa frase resume muy bien la importancia de proteger ese momento vital en el que se construyen la autoestima, las oportunidades y la manera en la que nos relacionamos con el mundo.
Treinta y cinco años después de la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño, seguimos teniendo retos enormes por delante. Necesitamos garantizar entornos seguros, acceso a una educación de calidad, sistemas de salud accesibles y una protección real para niñas y niños que siguen sufriendo formas muy profundas de exclusión, especialmente las niñas y las personas con discapacidad.
Por eso, la Fundación Vicente Ferrer mantiene un compromiso firme y sostenido con la defensa de los derechos de la infancia. Creemos que todavía tenemos promesas pendientes con millones de niñas y niños en todo el mundo:
- La promesa de una infancia segura y digna.
- La promesa de que crecerán cuidados, respetados y protegidos.
- La promesa de que tendrán acceso a la educación, la salud y las oportunidades que merecen.
- La promesa de que podrán construir su propio futuro con libertad y esperanza.
Y seguiremos trabajando para que esas promesas puedan convertirse en realidad.
Gala Esentia plantea una experiencia narrativa y emocional. ¿Qué papel juega la comunicación en la movilización social y en la generación de compromiso real?
La comunicación tiene hoy un papel decisivo en la manera en la que entendemos el mundo, nos relacionamos con los demás y nos implicamos en las grandes causas sociales. Sin embargo, no toda comunicación genera compromiso real ni contribuye necesariamente a transformar la sociedad de forma positiva.
En la Fundación Vicente Ferrer creemos en una comunicación constructiva, una forma de comunicar que no se limita únicamente a señalar problemas, sino que también pone el foco en las personas, las comunidades y las soluciones que hacen posible el cambio. Eso implica ofrecer contexto para comprender mejor la realidad, visibilizar avances y respuestas con rigor, dar protagonismo a las comunidades y generar conversaciones más útiles y menos polarizadas.
Para nosotros, este enfoque es especialmente importante porque nos permite alejarnos de narrativas basadas únicamente en la vulnerabilidad o el dramatismo. Queremos comunicar desde el respeto profundo hacia las personas, reconociendo no solo las dificultades que afrontan, sino también su capacidad de transformación, su dignidad y su fortaleza.
La Fundación Vicente Ferrer ha trabajado siempre desde esa mirada. Una comunicación basada en la transparencia, el rigor y la claridad; una comunicación que pone el foco en lo esencial, que evita el ruido y que intenta generar confianza mostrando tanto los desafíos como los resultados y las transformaciones reales que se producen sobre el terreno.
También creemos que la comunicación debe ayudar a construir puentes y no a profundizar divisiones. Vivimos en un contexto marcado por la polarización, la saturación informativa y la desconfianza, y precisamente por eso es más importante que nunca comunicar desde la honestidad, la profundidad y la voluntad de contribuir de forma positiva al debate público.
En el fondo, la movilización social nace cuando las personas sienten que pueden formar parte de algo que tiene sentido. Y ahí la comunicación tiene una enorme responsabilidad: no solo informar, sino también inspirar, conectar y generar esperanza real en la posibilidad de construir un mundo más humano, más justo y más sostenible.
El sector privado tiene un rol creciente en el desarrollo sostenible. ¿Cómo pueden las empresas contribuir de forma efectiva a proyectos como los que impulsa la Fundación?
Las empresas tienen hoy un papel fundamental en la construcción de un modelo de desarrollo más sostenible, más humano y con mayor capacidad de transformación social. Los grandes desafíos actuales -desigualdad, pobreza, cambio climático o acceso a derechos básicos- son demasiado complejos para que puedan ser abordados únicamente desde el tercer sector o desde las administraciones públicas. Requieren alianzas sólidas y una implicación activa del conjunto de la sociedad, incluido el tejido empresarial.
En los últimos años estamos viendo una evolución muy positiva en este sentido. Cada vez más empresas tienen muy claro que la Sostenibilidad y el impacto social ya no son elementos periféricos, sino parte esencial de su propósito, de su cultura corporativa y de su manera de generar valor.
Ese cambio está impulsando modelos económicos más orientados al impacto, donde la rentabilidad convive con la creación de valor social y medioambiental. Y ahí las empresas pueden desempeñar un papel decisivo.
Pueden hacerlo, por supuesto, financiando proyectos capaces de transformar vidas y generar oportunidades reales en ámbitos como la educación, la salud, la inclusión o el desarrollo comunitario. Pero también pueden contribuir aportando conocimiento, innovación, capacidad de gestión, tecnología o visión estratégica para ayudar a escalar soluciones sostenibles en el tiempo.
Además, las empresas tienen una enorme capacidad de movilización social. Pueden implicar a trabajadores, clientes y comunidades en iniciativas solidarias, impulsar programas de voluntariado corporativo y contribuir a generar una cultura empresarial más comprometida con el bien común.
En la Fundación Vicente Ferrer entendemos las alianzas con empresas desde esa lógica de colaboración real y de construcción conjunta. No buscamos únicamente patrocinadores, sino empresas comprometidas con la generación de impacto positivo y con la voluntad de formar parte activa de procesos de transformación social sostenibles y duraderos.
Precisamente, la Gala Esentia nace también con esa vocación: convertirse en un espacio de encuentro entre empresas, instituciones y sociedad civil para impulsar alianzas capaces de multiplicar el impacto social y medioambiental de manera rigurosa, transparente y sostenible en el tiempo.
Mirando al futuro, ¿cuáles son las prioridades estratégicas de la Fundación Vicente Ferrer en los próximos años y cómo esperan escalar su impacto?
En un contexto internacional cada vez más complejo y cambiante, la Fundación Vicente Ferrer afronta el futuro con un compromiso firme con el rigor, la transparencia y la capacidad de generar un impacto social y medioambiental sostenible.
Nuestra prioridad estratégica sigue siendo poner en el centro a las personas y a las comunidades en situación de vulnerabilidad, trabajando junto a ellas desde una mirada profundamente humana y basada en el respeto, la dignidad y la confianza en su capacidad de transformación.
También mantenemos un compromiso claro con una comunicación constructiva, rigurosa y responsable, capaz de aportar contexto, generar confianza y contribuir a una sociedad menos polarizada y más orientada a la colaboración y al bien común.
La forma de hacerlo pasa por adaptar y consolidar el modelo de intervención que la Fundación ha desarrollado durante décadas en la India en otros territorios donde ya estamos presentes, como Nepal, Sri Lanka, Mozambique, Filipinas o Palestina.
Nuestro objetivo es seguir impulsando modelos de desarrollo integral capaces de generar transformaciones sostenibles en ámbitos esenciales como la educación, la salud, la inclusión, el desarrollo comunitario o el cuidado de la Tierra.
Somos plenamente conscientes de que no podemos hacerlo solos. Por eso creemos firmemente en la necesidad de construir alianzas estratégicas para hacer el bien, implicando a empresas, instituciones, organizaciones y al conjunto de la sociedad civil en proyectos compartidos de transformación social.
Es precisamente a través de esa colaboración entre actores diversos como podremos escalar el impacto de nuestros proyectos, ampliar oportunidades para más personas y contribuir a construir un futuro más humano, más justo y sostenible.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables.


