Grupo Electra Caldense, compañía energética con más de un siglo de trayectoria, ha convertido la transición energética y la proximidad al territorio en dos de los ejes centrales de su estrategia de crecimiento. El grupo, presente en distribución, comercialización y producción eléctrica, lleva décadas impulsando proyectos vinculados a energías renovables y trabaja actualmente en ámbitos como el autoconsumo colectivo, las comunidades energéticas y la movilidad eléctrica.
- ¿Qué labor desarrollan en Electra Caldense y cómo están integrando la sostenibilidad dentro de su estrategia de negocio?
- ¿Qué papel juega la generación renovable en el crecimiento de la compañía?
- ¿Cómo valoran la evolución de los modelos de autoconsumo colectivo y comunidades energéticas?
- ¿Y qué soluciones estáis encontrando? ¿Cómo lo hacéis?
- ¿Cuáles son hoy los principales retos para impulsar un modelo energético más participativo y descentralizado?
- ¿En qué punto se encuentra el desarrollo de la movilidad eléctrica y qué barreras siguen existiendo?
- ¿Cómo influye la proximidad al territorio en la forma de entender la transición energética?
- ¿Qué cambios consideran necesarios para acelerar la transición energética y facilitar la inversión en el sector?
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En un contexto marcado por la transformación del modelo energético, la electrificación y los retos regulatorios del sector, la compañía defiende una transición basada no solo en la generación renovable, sino también en la democratización de la energía, la adaptación de las redes eléctricas y el impulso del almacenamiento energético.
En esta entrevista, Oriol Xalabarder, consejero delegado de Grupo Electra Caldense, analiza los principales desafíos para acelerar la transición energética, el papel de la regulación, las barreras que todavía frenan el desarrollo de la movilidad eléctrica y la importancia de acercar el sistema energético a la ciudadanía para convertirla en parte activa del cambio.
¿Qué labor desarrollan en Electra Caldense y cómo están integrando la sostenibilidad dentro de su estrategia de negocio?
Dentro de nuestra estrategia de negocio, la transición energética y, por tanto, la sostenibilidad, son uno de los principales vectores.
Pero no es una estrategia reciente. En Grupo Electra Caldense ya desde los años 80 empezamos a impulsar proyectos vinculados a las energías renovables. De hecho, somos fundadores de APPA, la Asociación de Empresas de Energías Renovables de España, y desde entonces desarrollamos iniciativas relacionadas sobre todo con producción renovable.
Ahora ya no es solo producción de renovables, que sigue siendo una parte muy importante, especialmente en fotovoltaica, donde aproximadamente el 70% de nuestra inversión está destinada a este ámbito, sino también otros proyectos como Elecsum, que tiene dos vertientes: una relacionada con autoconsumo compartido, muy vinculada a la democratización y el empoderamiento del cliente, y otra enfocada en movilidad eléctrica y puntos de recarga.
¿Qué papel juega la generación renovable en el crecimiento de la compañía?
La generación renovable tiene un peso muy importante porque es una actividad intensiva en capital. Gran parte de la inversión se realiza en el momento inicial.
Actualmente, más del 70% del plan de inversión previsto para el futuro está vinculado a renovables.
También tenemos otras actividades intensivas en capital, como la distribución eléctrica, y eso nos da una visión muy transversal del sector porque operamos en distribución, comercialización y producción.
Pero claramente el crecimiento vinculado a renovables es una parte muy importante de nuestra estrategia.
¿Cómo valoran la evolución de los modelos de autoconsumo colectivo y comunidades energéticas?
Si me lo hubieras preguntado antes de Semana Santa, tendría una valoración menos positiva. Después de Semana Santa y de la ampliación a cinco kilómetros y cinco megavatios, creo que hemos llegado a un punto donde la regulación ya es bastante buena.
Es verdad que todavía habría que incorporar otras renovables, como la hidráulica u otros mecanismos de producción, dentro de estos radios, pero creo que ya estamos en un buen punto.
Nosotros desarrollamos mucha actividad vinculada al autoconsumo colectivo. Actualmente estamos gestionando casi dos megavatios de producción y más de 1.500 CUPS (Código Universal del Punto de Suministro) conectados.
Actuamos como gestor de autoconsumo incluso antes de que existiera la regulación específica y llevamos ya cuatro o cinco años trabajando en ello.
Lo que más cuesta es explicarlo a la gente. Siempre digo que el sector energético, y especialmente el eléctrico, ha vivido durante muchos años de espaldas a la sociedad: llegaba la factura, se pagaba y ya está. Y llevamos así cien años.
Ahora cambiar esa relación es complicado. A nivel industrial se entiende mejor, pero a nivel doméstico y pequeño comercio sigue costando mucho hacer comprender que ellos también pueden ser actores del sistema energético.
¿Y qué soluciones estáis encontrando? ¿Cómo lo hacéis?
Al final se trata de explicar y explicar una y otra vez cómo funciona el mecanismo.
La gente muchas veces no entiende el autoconsumo colectivo: cómo funciona, aunque la instalación esté lejos, quién descuenta la energía, cómo interviene la distribuidora, el comercializador o el gestor del autoconsumo.
Por eso hacemos muchas campañas, a menudo de la mano de administraciones públicas, como la Diputación de Barcelona, la Diputación de Badajoz o el ICAEN (Instituto Catalán de Energía) en Cataluña. Organizamos charlas y acciones divulgativas sobre autoconsumo y comunidades energéticas.
Siempre explico que el autoconsumo colectivo es un concepto técnico y legal, mientras que las comunidades energéticas son una forma de organización. Pueden convivir, pero no son exactamente lo mismo. Y las comunidades energéticas son muy interesantes, aunque también puede haber otros modelos distintos.
¿Cuáles son hoy los principales retos para impulsar un modelo energético más participativo y descentralizado?
Uno de los principales problemas ha sido toda la parte administrativa vinculada al intercambio de información y las liquidaciones.
Con el Real Decreto 244/2019 se implantó el autoconsumo colectivo, pero todo el proceso administrativo y el intercambio de ficheros entre actores ha tardado muchísimo en desarrollarse.
Y no creo que toda la responsabilidad sea únicamente de las distribuidoras. Nosotros llevamos años trabajando activamente desde ASEME (Asociación de Empresas Eléctricas) en ello.
A veces se dice que las distribuidoras se oponen, y no siempre es así. Muchas veces se alcanzaban acuerdos con la CNMC y luego aparecían discrepancias regulatorias con el Ministerio, lo que retrasaba los procesos durante meses o incluso años.
Eso ha generado que muchas personas crean que el autoconsumo colectivo no funciona porque no consiguen desbloquear determinados trámites administrativos.
Nosotros, al ser una distribuidora pequeña, tenemos más flexibilidad para tomar decisiones dentro de la regulación y llevamos más de cinco años trabajando con modelos complejos de autoconsumo colectivo, incluso con usuarios que tienen autoconsumo individual y colectivo simultáneamente.
No hacemos nada fuera de la regulación, simplemente tenemos más facilidad para gestionar los flujos de información.
Y creo que ese sigue siendo uno de los principales escollos actualmente.
¿En qué punto se encuentra el desarrollo de la movilidad eléctrica y qué barreras siguen existiendo?
La movilidad eléctrica está en un punto de inflexión. Gestionamos casi un centenar de puntos de recarga y estamos viendo un incremento progresivo y sostenido en su utilización.
Pero todavía hay que convencer a los inversores de que esto no es una carrera corta. No se puede esperar una utilización del 20% de un punto de recarga desde el inicio.
Ahora habrá ocupaciones del 1%, 2% o 3%, pero irán creciendo progresivamente hasta alcanzar niveles del 30% que hagan sostenibles los modelos de negocio.
Ese es uno de los grandes debates: qué llega primero, el coche eléctrico o la infraestructura.
Y otro reto importante es cambiar la mentalidad sobre cómo se utiliza un vehículo eléctrico. No se puede replicar el modelo de repostaje de un vehículo de combustión. Yo calculé una vez que para igualar esos tiempos necesitaríamos cargadores de cuatro megavatios, y eso es una barbaridad.
Antes parábamos para repostar; ahora repostaremos mientras estamos parados haciendo otras actividades. Y eso, aunque parezca que nos hace perder tiempo, es justo lo contrario. Mientras hacemos otras tareas, el vehículo se está cargando. Por ejemplo, en un centro comercial, mientras compras, estás cargando el coche. Ese es el cambio de mentalidad que todavía debemos hacer.
¿Cómo influye la proximidad al territorio en la forma de entender la transición energética?
La proximidad al territorio nos da una visión muy vinculada a la democratización de la energía. Siempre hablamos de renovables, pero también debemos hablar de democratización energética.
Nosotros no desarrollamos grandes parques porque creemos en modelos más pequeños y próximos al territorio, donde sea la población cercana la que se beneficie directamente de esas instalaciones.
Esa visión nace precisamente de nuestra proximidad al cliente y al territorio.
¿Qué cambios consideran necesarios para acelerar la transición energética y facilitar la inversión en el sector?
El principal reto está en la gestión del sistema eléctrico estatal. La incorporación masiva de renovables no ha ido acompañada de una adaptación suficiente de la red eléctrica ni de los sistemas de gestión.
El problema no son las renovables, sino que la red no se ha adaptado suficientemente rápido a este nuevo modelo energético, mucho más complejo tecnológicamente.
Ahora tenemos mucha más fotovoltaica, mucha más eólica y mucha más electrónica de potencia conectada a la red, y eso implica una gestión completamente distinta a la de hace diez años.
Necesitamos más almacenamiento, una mejor gestión del voltaje y adaptar la regulación a esta nueva realidad. Se han puesto muchos esfuerzos en generación renovable, pero menos en gestión de red y almacenamiento.
Por ejemplo, el almacenamiento sigue tratándose regulatoriamente como producción y demanda al mismo tiempo, cuando realmente gestiona energía. Eso dificulta muchísimo su desarrollo.
Además, muchas normas actuales fueron diseñadas en contextos tecnológicos y económicos completamente diferentes, y no se han adaptado suficientemente rápido. Si no reforzamos la gestión y la infraestructura, corremos el riesgo de que toda la transición energética tenga problemas de sostenibilidad técnica y económica.
Siempre pongo el ejemplo de los castells: no puedes construir los pisos superiores si no has reforzado bien la base.
Y creo que durante años hemos puesto mucho foco en la generación renovable y menos en la gestión del sistema.
Lo que ocurrió con el apagón no demuestra que las renovables sean el problema, sino que el sistema no estaba suficientemente preparado para gestionar esta nueva realidad energética.
Ahora el Ministerio empieza a poner medidas sobre la mesa, especialmente vinculadas al almacenamiento, pero probablemente llegamos tarde.Y esto puede afectar incluso a la financiación futura de proyectos renovables si no se corrigen esos desequilibrios.
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