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La empresa que quiera competir en el nuevo ciclo económico tendrá que aprender a leer los grandes problemas globales también como espacios de oportunidad. Energía, agua, vivienda, inteligencia artificial, longevidad, salud o preservación de recursos naturales dejaron de aparecer en Impact Day 2026 como simples desafíos externos para situarse en el centro de una conversación empresarial mucho más estratégica: cómo generar crecimiento resolviendo necesidades reales.
La cuarta edición del encuentro, celebrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando bajo el lema “La oportunidad del impacto en un nuevo orden mundial”, reunió a más de 180 líderes empresariales, altos directivos, académicos, inversores e instituciones. La cita, impulsada por el Observatorio de Impacto, iniciativa promovida por Transcendent, Ontier y Advantere School of Management, volvió a poner sobre la mesa el papel de la empresa en una economía marcada por tensiones geopolíticas, disrupción tecnológica y nuevas demandas sociales.
Corresponsables estuvo presente en el encuentro, recogiendo durante la jornada algunas de las principales claves, ideas y reflexiones compartidas por los ponentes en nuestras redes sociales. ¡Síguenos para no perderte nada!
La geopolítica entra en la cuenta de resultados
La apertura corrió a cargo de Charles Powell, Director del Real Instituto Elcano, quien situó el debate en un terreno especialmente concreto para las compañías: la geopolítica ya no es un asunto lejano ni reservado a gobiernos y diplomacias. Afecta a inversiones, cadenas de suministro, costes, recursos estratégicos y decisiones de crecimiento.
Su intervención ayudó a enmarcar el cambio de época que atraviesan las empresas. La fragmentación internacional, la transición energética, la competencia por materias primas, la inteligencia artificial y la redefinición de las cadenas globales dibujan un entorno más incierto, pero también un terreno fértil para quienes sepan anticiparse.
“La geopolítica ha dejado de ser una cuestión reservada a los Estados. Hoy condiciona las decisiones de inversión, las cadenas de suministro y la competitividad de las empresas. Y aunque estas transformaciones generan incertidumbre, también abren nuevas oportunidades para la innovación, el crecimiento y el liderazgo empresarial”, señaló Powell.
Esa fue una de las ideas que atravesó toda la jornada: la incertidumbre ya forma parte del tablero, pero no todas las organizaciones la van a gestionar igual. Algunas se limitarán a protegerse. Otras encontrarán en ese escenario nuevos mercados, nuevas alianzas y nuevas formas de crear valor.
Colin Mayer: beneficios que nacen de resolver problemas
Uno de los momentos centrales de Impact Day 2026 llegó con la intervención de Colin P. Mayer, Profesor Emérito de la Universidad de Oxford, una de las voces internacionales más influyentes en propósito empresarial y gobierno corporativo. Su planteamiento fue directo: la empresa del futuro no puede definirse únicamente por su capacidad de generar beneficios, sino por su capacidad de obtenerlos ofreciendo soluciones rentables a los problemas de las personas y del planeta.
“The purpose of a business is to produce profitable solutions for the problems of people and the planet”, afirmó Mayer.
Desde esa mirada, los grandes retos sociales y ambientales no deben entenderse solo como riesgos regulatorios, reputacionales o financieros. También pueden ser el origen de productos, servicios y modelos de negocio capaces de escalar, atraer talento y reforzar la confianza de clientes, inversores y comunidades.
Mayer puso el foco en ámbitos como la energía, el agua, la salud, la educación, la vivienda, la longevidad o la Sostenibilidad. Sectores y necesidades muy distintos, pero conectados por una misma lógica: allí donde hay problemas persistentes, también hay espacio para innovación empresarial con impacto.
Empresas que empiezan a medir el cambio
La jornada no se quedó en el plano conceptual. Las mesas de debate reunieron experiencias de compañías y organizaciones como CaixaBank, L’Oréal Groupe, Renfe, Ecoalf, DONTE Group, MicroBank e Impact Bridge, que compartieron aprendizajes en financiación sostenible, monetización del impacto, innovación empresarial y colaboración multiactor.
El mensaje fue especialmente insistente en una cuestión: el impacto empieza a perder fuerza cuando se queda en actividad, relato o compromiso. La conversación empresarial se está desplazando hacia los resultados, la medición y la capacidad de integrar esos datos en la toma de decisiones.
Esto exige otro tipo de alianzas. Empresas, administraciones públicas, inversores, universidades y organizaciones sociales tienen que trabajar con métricas más claras, objetivos compartidos y modelos de colaboración menos testimoniales. La próxima década, según se desprendió de las intervenciones, no premiará tanto a quienes hablen mejor de impacto como a quienes sepan demostrarlo con evidencias.
La empresa familiar, una aliada natural del largo plazo
Impact Day 2026 acogió también la presentación del estudio “La oportunidad del impacto en los tres pilares de la empresa familiar”, elaborado por el Observatorio de Impacto junto a Colin Mayer y Belén Villalonga, Profesora de NYU Stern School of Business.
El informe destaca el potencial de la empresa familiar para liderar modelos de impacto por su visión de largo plazo, su arraigo territorial y su relación directa con las comunidades donde opera. En este tipo de compañías, la conexión entre negocio, patrimonio, fundación y legado puede facilitar decisiones que no se limiten al retorno inmediato.
La tesis de fondo resulta especialmente relevante en un momento de presión sobre los modelos empresariales tradicionales. La vocación intergeneracional, cuando se traduce en estrategia y gobernanza, puede convertirse en una ventaja para afrontar retos económicos, sociales y ambientales con una mirada menos cortoplacista.
Impacto como ventaja competitiva
Durante la apertura, María Herrero, Cofundadora del Observatorio de Impacto y Socia de Transcendent, defendió que muchas de las grandes transformaciones actuales representan también algunas de las oportunidades empresariales más relevantes de este tiempo.
“El impacto está dejando de ser una cuestión reputacional para convertirse en una estrategia de creación de valor, una fuente de innovación y una oportunidad para construir empresas más resilientes, más competitivas y cercanas a las personas”, señaló.
En la misma línea, Pedro Rodero, Cofundador del Observatorio de Impacto y Presidente Ejecutivo de Ontier, vinculó la economía de impacto con la preparación real de las compañías ante los próximos desafíos. “Las compañías capaces de integrar rentabilidad y contribución social estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos del futuro y generar valor sostenible a largo plazo”, afirmó.
También Juan de la Guardia, Director General de Advantere School of Management, puso el acento en el talento. Para que la economía de impacto avance, sostuvo, harán falta perfiles capaces de gestionar empresas con equilibrio entre rentabilidad, criterio ético y justicia social. “Nuestra misión es formar a los futuros lideres de tal forma que generen riqueza en las empresas gestionándolas de forma adecuada y ética, para promover el impacto social y aportar en el bien común”.
La conclusión que dejó Impact Day 2026 fue clara: el impacto ya no ocupa un lugar decorativo en la agenda empresarial. En un mundo más fragmentado, tecnológico y exigente, puede convertirse en una de las formas más sólidas de competir. No por añadir una capa de discurso a la actividad económica, sino por identificar problemas relevantes, construir soluciones útiles y demostrar que la creación de valor económico, social y ambiental puede avanzar en la misma dirección.
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