Francisco, como embajador del EIC y fundador de Axon Partners Group, ¿cómo vinculas el crecimiento del ecosistema deeptech europeo con los principios de sostenibilidad y RSE?
Europa está construyendo el ecosistema deeptech con la lógica de la soberanía. La soberanía requiere poder tener independencia porque eso hace que la sociedad sea más libre, y por tanto ser más autosuficientes, más sostenibles. Así pues, detrás del discurso climático, existe un discurso de fondo que es incluso más importante, que es el de la libertad. Dado que la necesidad de sostenibilidad es estratégica, los presupuestos se orientan en esa dirección, y eso habilita oportunidades empresariales muy importantes. Por eso los mejores fundadores europeos es que ya no separan generación de valor económico de “impacto”. No es una cuestión reputacional, es estratégica: integrar criterios ESG desde fases tempranas hace las compañías más resilientes, mejora su relación con reguladores y las hace más atractivas para el capital institucional, y sobre todo orienta la oferta hacia donde la sociedad está dispuesta a dedicar recursos económicos.
- Francisco, como embajador del EIC y fundador de Axon Partners Group, ¿cómo vinculas el crecimiento del ecosistema deeptech europeo con los principios de sostenibilidad y RSE?
- En el marco de las prioridades del EIC para 2026, ¿cómo se está promoviendo la innovación responsable que integre los criterios ESG en las startups tecnológicas?
- A partir de los datos del EIC Impact Report 2025, ¿cómo consideras que la inversión en deeptech puede contribuir a los ODS, particularmente en cambio climático y accesibilidad tecnológica?
- Para las startups que buscan acceder a financiación europea a través del EIC, ¿qué papel juegan la sostenibilidad y el compromiso social?
- ¿Cómo contribuye el EIC Fund a fomentar la innovación con impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, y qué tipo de proyectos están más alineados con estos principios?
- Desde tu perspectiva, ¿cómo ha evolucionado la inversión en deeptech en Europa en términos de integración de criterios ESG, y qué retos aún enfrentan las startups?
- ¿Qué oportunidades específicas existen para las startups deeptech europeas enfocadas en soluciones sostenibles, inclusivas y accesibles en sectores como energía, movilidad y salud?
- Considerando las tendencias actuales, ¿qué papel juega el EIC en fomentar modelos de negocio más inclusivos y responsables desde el punto de vista social y ambiental?
- Con tu experiencia como emprendedor e inversor, ¿cómo ves la transición hacia modelos de negocio que no solo busquen rentabilidad sino también impacto positivo, y cómo el EIC puede ser motor de esa transformación?
- Finalmente, ¿cuáles son los principales desafíos para hacer crecer el ecosistema europeo de innovación de manera responsable, y qué acciones deben tomar el sector público y el privado?
El EIC juega un papel clave porque dentro de esta consideración de fondo, introduce mecanismos que permiten acelerar esta orientación económica, apostando por las fases tempranas en las que el riesgo es muy alto y la iniciativa privada tiene más dificultad en apostar. Además, introduce disciplina y sistematización en este proceso de reconversión. Esto, a largo plazo, genera mejores empresas.
En el marco de las prioridades del EIC para 2026, ¿cómo se está promoviendo la innovación responsable que integre los criterios ESG en las startups tecnológicas?
Se concreta en tres aspectos: la principal es la orientación de los desarrollos de tecnología, y por tanto los productos y servicios de las empresas. El EIC está cada vez restringiendo más el foco sobre iniciativas de verdad transformadoras, y esta consigna ha evolucionado mucho desde los comienzos del EIC. En los comienzos, uno podía ver iniciativas que, si bien tecnológicas, no pertenecían a verticales de verdad estratégicos desde el punto de vista del producto final. Esto ha ido cambiando y ahora está prácticamente al 100% orientado de esta manera. Solo se van a apoyar iniciativas estratégicas para Europa, cualquier otra iniciativa, si no tiene un impacto en la independencia y la soberanía, va a tener menos atención del EIC. Así pues, aunque los ODS y la implementación de políticas de impacto tradicionales puedan seguir siendo relevantes, el verdadero valor está en que el impacto forme parte del modelo de negocio, no del reporting.
A partir de los datos del EIC Impact Report 2025, ¿cómo consideras que la inversión en deeptech puede contribuir a los ODS, particularmente en cambio climático y accesibilidad tecnológica?
El Impact Report 2025 confirma algo que ya veíamos: concentración creciente de inversión en tecnologías relacionadas con la energía. El deeptech tiene una ventaja diferencial: genera soluciones difíciles de replicar. Eso protege el modelo de negocio y, al mismo tiempo, asegura que el impacto es real y duradero. El gran desafío es la accesibilidad. Son tecnologías con ciclos largos y costes elevados. Ahí el EIC cumple una función esencial: acortar ese ciclo y facilitar que estas soluciones lleguen antes al mercado. Y dentro de este entorno de impacto la independencia energética, que implica también su sostenibilidad, toman un cariz prioritario. También resultan prioritarias las iniciativas en IA, computación y ciberseguridad, que tienen un reflejo sobre los aspectos de defensa y están muy vinculadas también a la energía.
Para las startups que buscan acceder a financiación europea a través del EIC, ¿qué papel juegan la sostenibilidad y el compromiso social?
Le diría a cualquier fundador que deje de ver la sostenibilidad como un apartado del formulario. Los evaluadores lo detectan de inmediato. La pregunta clave es sencilla: ¿qué problema relevante deja de resolverse si tu empresa no existe? Si hay una respuesta clara, hay impacto. Si no la hay, hay que trabajar más el modelo. Dicho esto, hay que ser muy claro: el EIC financia empresas, no ONGs. Sin viabilidad impacto económico escalable no hay impacto real. Son aspectos inseparables.
¿Cómo contribuye el EIC Fund a fomentar la innovación con impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, y qué tipo de proyectos están más alineados con estos principios?
El EIC Fund es único en Europa: combina financiación pública con capacidad de influencia real en el capital de las empresas. No solo invierte, también valida. Su valor está en intervenir donde el mercado no llega: tecnologías con alto riesgo y horizontes largos, pero con potencial transformador enorme. El criterio que me parece más relevante es el de adicionalidad: el EIC debe financiar aquello que no ocurriría sin su intervención, o que llegaría demasiado tarde para ser útil.
Desde tu perspectiva, ¿cómo ha evolucionado la inversión en deeptech en Europa en términos de integración de criterios ESG, y qué retos aún enfrentan las startups?
La evolución ha sido muy significativa. Lo que hace unos años era opcional hoy es una necesidad social. Falta que se convierta en un aspecto relevante para inversores institucionales privados (bancos, fondos de pensiones, aseguradoras, fundaciones, etc). Pero hay tres retos que persisten: la falta de estandarización de métricas (cada inversor mide el impacto de forma diferente, lo que genera carga burocrática enorme para equipos pequeños), la necesidad de fortalecer la gobernanza desde fases tempranas, y un componente cultural que todavía cuesta cambiar y que afecta a la toma de decisiones de los que tienen la responsabilidad de invertir los recursos financieros de los ciudadanos, lo cual implica querer asumir más riesgo, apoyar iniciativas visionarias y disruptivas.
Esto último es quizás el problema más profundo: en muchos entornos financieros sigue existiendo la creencia de que ser ambicioso y ser responsable son objetivos en tensión. No lo son, el mercado americano nos demuestra una y otra vez que la mejor forma de generar rentabilidad es apostar por la tecnología, y de hecho el ciudadano americano genera más del doble de rentabilidad anual que el europeo, lo cual se traslada al ahorro generado, capacidad de inversión, pensiones sostenibles etc. Este es el cambio más importante que debemos procurar en Europa, una apuesta decidida por la tecnología, desde las instituciones privadas que manejan los recursos de los ciudadanos.
¿Qué oportunidades específicas existen para las startups deeptech europeas enfocadas en soluciones sostenibles, inclusivas y accesibles en sectores como energía, movilidad y salud?
Estamos ante una oportunidad histórica. Europa afronta simultáneamente tres grandes transiciones: energética, demográfica y digital. Y las tres requieren soluciones deeptech. En energía, el foco está en almacenamiento de largo ciclo, redes inteligentes e hidrógeno verde. En movilidad, en nuevas formas de transporte y gestión eficiente del tráfico. En salud, en la combinación de IA y acceso remoto a atención especializada. Son sectores donde Europa tiene ventaja competitiva real. Y donde el impacto y el retorno pueden ir perfectamente de la mano.
Considerando las tendencias actuales, ¿qué papel juega el EIC en fomentar modelos de negocio más inclusivos y responsables desde el punto de vista social y ambiental?
El EIC tiene un efecto tractor que va más allá de los fondos que distribuye. Marca estándares que el ecosistema adopta. Cuando una empresa pasa por el EIC, no solo recibe financiación: recibe una validación que facilita el acceso a capital privado posterior. Ese efecto palanca es enorme. Además, está contribuyendo a reducir las desigualdades dentro del propio ecosistema europeo, apoyando talento en entornos menos desarrollados que, muchas veces, tienen los problemas más urgentes que resolver.
Con tu experiencia como emprendedor e inversor, ¿cómo ves la transición hacia modelos de negocio que no solo busquen rentabilidad sino también impacto positivo, y cómo el EIC puede ser motor de esa transformación?
La transición ya no es una tendencia, es un cambio estructural. La impulsan tres factores: el talento (los mejores profesionales quieren trabajar en empresas con propósito), la regulación europea, que está haciendo que la irresponsabilidad tenga un coste financiero explícito, y una demanda de mercado cada vez más exigente en transparencia. El EIC puede acelerar este proceso porque combina rigor técnico con exigencia en impacto. No evalúa solo la intención, evalúa la capacidad real de ejecución. Eso es lo que lo diferencia.
Finalmente, ¿cuáles son los principales desafíos para hacer crecer el ecosistema europeo de innovación de manera responsable, y qué acciones deben tomar el sector público y el privado?
Hay tres desafíos que me parecen estructurales: fragmentación, capital paciente y narrativa. Europa sigue siendo un mercado fragmentado, lo que dificulta escalar. El capital todavía no está adaptado a los ciclos largos del deeptech, y eso hay que resolverlo con instrumentos de deuda paciente y más co-inversión público-privada. Y comunicamos muy mal nuestros éxitos. Ese último punto es importante. Si queremos atraer talento y capital global, tenemos que aprender a contar mejor lo que estamos construyendo aquí.
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