Cuando a Nuria Martí le diagnosticaron cáncer, su vida cambió de un día para otro. Como ocurre en la mayoría de los casos, toda su atención se centró en lo urgente: el tratamiento, la recuperación, salir adelante.
“Cuando te lo dicen, solo piensas en el cáncer. En quitarte eso y solucionarlo”, recuerda.
Hasta ese momento, ella y su pareja llevaban tiempo intentando tener un hijo, sin éxito. Pero en medio del diagnóstico, la maternidad dejó de ser una prioridad. Ni siquiera se planteó que la enfermedad pudiera afectar a su fertilidad.
Fue su ginecóloga quien introdujo esa reflexión.
“La ginecóloga me recomendó ir a preservación y empezar a planteármelo”.
Ese paso, que en ese momento no parecía central, terminó siendo decisivo.
En 2014, Nuria preservó sus óvulos gracias a un programa de apoyo a pacientes oncológicos. Años después, cuando la enfermedad ya formaba parte del pasado, pudo retomar ese proyecto de vida que había quedado en pausa.
En 2017 inició el proceso que le permitiría ser madre. En 2018 nació su primer hijo, Gonzalo. Y en 2020, su segundo hijo, Leo.
Hoy, su historia no es solo la suya. Su hermana también pasó por un proceso oncológico y siguió el mismo camino. Ambas han podido formar sus familias.
Pero más allá del resultado, hay algo que Nuria destaca especialmente: el impacto que tiene poder pensar en el futuro en medio de la enfermedad.
“La maternidad es el primer objetivo positivo para cuando termine la parte mala”.
En un proceso donde todo gira en torno a la incertidumbre, disponer de una opción que conecta con la vida después del cáncer cambia la forma de afrontarlo.
“Quien no lo pasa no le da la importancia que tiene. Pero cuando lo vives, lo entiendes”.
Su testimonio refleja una realidad que a menudo pasa desapercibida: la preservación de la fertilidad no es solo una cuestión médica. Es una decisión que tiene un impacto emocional, vital y a largo plazo.
Porque cuando todo se detiene, poder mantener abierta una posibilidad de futuro marca la diferencia.
Y en ese contexto, acompañar a los pacientes no es solo tratar la enfermedad, sino también ayudarles a no renunciar a lo que viene después.


