Una de las cosas que estamos aprendiendo en BBVA es que la sostenibilidad se juega, muchas veces, en conversaciones muy concretas. En la conversación de un gestor con una pyme que quiere reducir su factura energética. En el diálogo con una empresa que necesita adaptar su modelo productivo. En el acompañamiento a una gran corporación que está definiendo su plan de transición. O en la orientación a un cliente particular que busca soluciones más eficientes para su vivienda o su movilidad.
Ahí es donde la estrategia se convierte en realidad.
En BBVA queremos acompañar a nuestros clientes en su transición hacia un futuro más sostenible. Pero para hacerlo de verdad no basta con tener productos, objetivos o marcos de actuación. Necesitamos entender bien qué le ocurre a cada cliente, en qué sector opera, qué retos regulatorios afronta, qué tecnologías pueden ayudarle y qué oportunidades tiene por delante.
Esta forma de trabajar conecta directamente con nuestra ambición de poner al cliente en el centro con una mirada más radical. La sostenibilidad nos ayuda precisamente a eso: a conocer mejor a nuestros clientes y a mantener con ellos conversaciones más profundas, más estratégicas y más orientadas al largo plazo.
Durante mucho tiempo, la sostenibilidad pudo percibirse como una obligación o como una cuestión principalmente regulatoria. Hoy sabemos que es mucho más que eso. Es una oportunidad para mejorar la competitividad de nuestros clientes, generar ahorros, abrir nuevos mercados, modernizar procesos productivos y movilizar inversión hacia tecnologías y soluciones que van a marcar el futuro de muchos sectores.
También sabemos que no todos los clientes parten del mismo punto. Algunos avanzan más rápido; otros tienen una transición más compleja. Por eso es tan relevante el enfoque de financiación de la transición: acompañar a quienes necesitan transformar gradualmente su actividad, reducir emisiones, mejorar procesos y construir planes creíbles. Nuestro papel no es simplificar esa realidad, sino ayudar a gestionarla con conocimiento, rigor y visión de negocio.
Y ese papel recae, en gran medida, en nuestros equipos. En los banqueros de banca corporativa y de inversión (CIB), en los gestores de empresas y pymes, en los equipos especialistas y también en quienes atienden a clientes particulares. Son ellos quienes convierten la estrategia en conversaciones, las conversaciones en oportunidades y las oportunidades en soluciones.
Por eso estamos poniendo tanto foco en la formación. La sostenibilidad exige conocimiento actualizado y muy aplicado: regulación, productos, financiación sostenible, tecnologías limpias, riesgos, taxonomías, criterios de clasificación, herramientas de análisis y una lectura sectorial fina. Cada sector tiene su propia realidad y cada cliente necesita una respuesta adaptada.
Desde BBVA estamos desarrollando soluciones formativas para que nuestros profesionales puedan abordar esas conversaciones con confianza y criterio. No se trata de formar por formar. Se trata de dotar a los equipos de las capacidades necesarias para generar negocio sostenible, acompañar mejor a los clientes y contribuir a los objetivos estratégicos del Grupo.
Esta ambición es relevante. BBVA se ha fijado el objetivo de canalizar 700.000 millones de euros en negocio sostenible entre 2025 y 2029. Alcanzarlo dependerá de nuestra capacidad para combinar estrategia, conocimiento experto, cercanía comercial y ejecución.
En este contexto, los Sustainability Global Awards tienen todo el sentido. Nacen para reconocer a los profesionales que ya están liderando este cambio: equipos que han sabido acercarse a sus clientes con una mirada distinta, identificar oportunidades, construir soluciones y demostrar que la sostenibilidad puede ser una palanca real de crecimiento.
Estos premios no solo celebran logros. También envían un mensaje claro a toda la organización: la sostenibilidad es parte de nuestra forma de hacer banca. Es una capacidad comercial, una ventaja competitiva y una manera de estar más cerca de nuestros clientes.
Lo que reconocemos con estos premios es, en el fondo, una actitud: la de quienes aprenden, preguntan, conectan capacidades, trabajan en equipo y ayudan a sus clientes a avanzar. Esa es la cultura que necesitamos para que la sostenibilidad deje de ser una aspiración y se convierta en impacto real. Porque acompañar la transición no empieza en una presentación ni en un producto. Empieza cuando un profesional de BBVA es capaz de sentarse con un cliente, entender su reto y ayudarle a encontrar el camino.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables y en el Caso Práctico de BBVA en el Anuario Corresponsables 2026.


