Nunca se ha hablado tanto de Sostenibilidad… Y, sin embargo, pocas veces ha sido tan difícil saber si realmente está presente en una empresa o institución. Porque la Sostenibilidad no se determina en los foros, los informes ni las redes sociales, sino en ese lugar menos visible: donde una empresa decide, cada día, qué prioriza cuando nadie está mirando.
Es en ese terreno más silencioso donde se construye (o no) la cultura corporativa, donde la Sostenibilidad puede arraigar o quedarse en la superficie. Porque la cultura no es tanto lo que una organización declara, sino aquello que se repite en su forma de actuar; cómo se toman decisiones, qué se prioriza cuando hay tensión y qué se deja de lado.
Desde nuestra experiencia en la ONG Entreculturas acompañando desde hace más de 20 años alianzas con gran impacto entre empresas, administraciones y organizaciones sociales, vemos que la Sostenibilidad empieza a ser real cuando deja de ser un marco y empieza a atravesar decisiones concretas. Decisiones que no siempre son visibles ni sencillas: cómo se definen los colectivos o las causas que se apoyan, qué peso se da a procesos educativos que requieren continuidad (especialmente en contextos de exclusión) frente a la presión por resultados inmediatos, cómo se incorpora de verdad a jóvenes en situación de vulnerabilidad en itinerarios de formación y empleo, o hasta dónde se está dispuesto a sostener un proyecto en el tiempo.
Ahí es donde la Sostenibilidad deja de ser un discurso y empieza a tomar forma. No tanto en complejas definiciones, sino en pequeños gestos acumulados: en una reunión en la que se decide mantener una línea de trabajo aunque sea más compleja, en la flexibilidad para adaptar un proyecto a contextos cambiantes, en la escucha real a las organizaciones sociales que están en contacto con la realidad de los proyectos.
En ese proceso, lo que vemos es que las relaciones marcan la diferencia. La Sostenibilidad se construye en el vínculo con otros: con organizaciones sociales, con comunidades, con realidades que muchas veces quedan lejos del día a día de la empresa. Y es en esas relaciones, sostenidas en el tiempo, donde se da el aprendizaje, el cuestionamiento y, en ocasiones, el cambio de prácticas que difícilmente se produciría solo desde dentro.
Avanzar de esta manera ayuda a mitigar un riesgo creciente: el de construir modelos de Sostenibilidad cada vez más completos desde lo técnico, pero progresivamente desconectados de aquello que les da sentido. Los marcos, indicadores, estándares son muy necesarios. Pero pueden acabar derivando en una Sostenibilidad que cumple, mide y reporta… sin llegar a transformar.
Por eso, integrar la Sostenibilidad en la cultura corporativa es un ejercicio de diseño, pero necesariamente también de coherencia. Tiene que ver con cómo una empresa se relaciona, con lo que decide en lo cotidiano y con el lugar que otorga a las personas en su forma de estar en el mundo.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Cultura corporativa y Sostenibilidad: Integrando la Sostenibilidad en el ADN empresarial


