Hay un momento en la evolución de cualquier organización en el que la sostenibilidad deja de ser un departamento para convertirse en una forma de hacer las cosas. No sucede de un día para otro, ni responde a una decisión aislada. Es más bien el resultado de muchas conversaciones, de preguntas incómodas y, sobre todo, de la voluntad de hacer las cosas de manera diferente y transversal.
En DONTE GROUP, ese momento ha ido tomando forma en el último año.
Recuerdo bien una pregunta que empezó a repetirse en distintos foros internos: ¿realmente sabemos qué impacto generamos? No desde la intuición o el propósito (que siempre han estado claros), sino desde la evidencia. Porque democratizar la salud bucodental ha sido siempre nuestra razón de ser, pero necesitábamos demostrar, con datos, hasta qué punto lo estábamos consiguiendo.
Ese fue el punto de partida.
En 2025 decidimos medir nuestro impacto de forma rigurosa. No como un ejercicio de reporting, sino como una herramienta de gestión. Construimos un modelo basado en 48 indicadores que analizaban desde el acceso a la salud hasta la generación de empleo o la contribución al entorno.
Y entonces llegaron los datos. Datos que, más allá de validar lo que intuíamos, cambiaron la conversación dentro de la compañía.
Entendimos, por ejemplo, que uno de cada cuatro pacientes había podido acceder a tratamiento gracias a medidas de apoyo económico asumidas por el propio Grupo. Que estábamos presentes en la mayoría de los municipios con menor renta, donde el acceso a la salud bucodental es más limitado. Que nuestros pacientes no solo acudían más al dentista, sino que eso estaba contribuyendo a mejorar su salud general. O que nuestra actividad generaba miles de empleos, muchos de ellos en contextos donde más se necesitan.
Pero lo más importante no fue el dato en sí. Fue lo que provocó. Porque, a partir de ese momento, la sostenibilidad dejó de ser una conversación periférica para convertirse en un criterio más dentro de la toma de decisiones. Empezamos a hablar de impacto en comités de negocio, en planes de expansión, en iniciativas comerciales. Empezamos a integrar.
Y, casi de forma natural, surgió la siguiente pregunta: si ya sabemos medir nuestro impacto, ¿cómo podemos utilizarlo para mejorar el negocio?
Ese fue el segundo gran paso.
Decidimos sentarnos con las áreas, escuchar, entender sus retos reales. La conversación ya no iba de sostenibilidad en abstracto, sino de cuestiones muy concretas: cómo atraer y fidelizar talento, cómo avanzar en digitalización, cómo innovar en nuestros servicios o cómo crecer de forma eficiente.
Y ahí es donde ocurre algo interesante. Cuando la sostenibilidad está integrada en la cultura, deja de percibirse como una exigencia externa y empieza a actuar como una palanca interna. Una palanca que ayuda a resolver problemas, a anticipar riesgos y a identificar oportunidades.
Porque la realidad es esta: ni reputación, ni normativa. La sostenibilidad es negocio. Y solo cuando se entiende así empieza a desplegar todo su potencial.
El análisis que realizamos (combinando esa mirada interna con las expectativas externas de nuestros grupos de interés), nos permitió trazar una hoja de ruta clara. No una estrategia paralela, sino un conjunto de líneas de acción que conectan directamente con las prioridades del negocio y que comenzarán a desplegarse a partir de este 2026.
Uno de los cambios más significativos ha sido también, incorporar objetivos ESG vinculados a la retribución. No como un gesto simbólico, sino como una forma de alinear realmente la organización.
Si algo estamos aprendiendo en este camino es que la sostenibilidad no transforma las organizaciones desde fuera. Lo hace desde dentro, cuando forma parte de la cultura, cuando se integra en las decisiones y cuando se conecta con el propósito de forma tangible.
Y entonces ocurre algo que, probablemente, sea lo más relevante: deja de percibirse como un coste o una obligación, y empieza a entenderse como lo que realmente es. Una manera de hacer mejor las cosas. Una manera de generar valor. Una manera de construir empresas más sólidas, más competitivas y preparadas para el futuro que nos espera.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Cultura corporativa y Sostenibilidad: Integrando la Sostenibilidad en el ADN empresarial


