Vivimos una etapa marcada por una incertidumbre extraordinaria. Incertidumbre geopolítica, tecnológica, regulatoria y económica. Y en ese contexto, empresas, mercados y ciudadanos necesitan algo que hoy tiene un valor creciente: certezas. No certezas absolutas, que probablemente no existen, sino marcos suficientemente sólidos como para poder tomar decisiones, invertir y planificar con confianza. Esa fue una de las ideas que, para mí, mejor conectó dos conversaciones consecutivas en ESG Spain 2026: una con Carlos San Basilio, presidente de la CNMV, sobre el papel de los mercados financieros como soporte de una economía sostenible, y otra con Severiano Solana, de CaixaBank, sobre cómo gobernar la sostenibilidad para crear valor. Dos perspectivas diferentes —una desde la supervisión de los mercados y la protección del inversor, otra desde el sector financiero—, pero una conclusión común: cuando falta confianza, aumenta la incertidumbre, se encarecen las decisiones y se frena la capacidad de invertir.
La conversación con San Basilio partía de un diagnóstico evidente: los mercados se enfrentan a shocks de sostenibilidad cada vez más frecuentes y, al mismo tiempo, a los riesgos y oportunidades que traen las nuevas tecnologías, desde las criptomonedas hasta la inteligencia artificial. Pero el mensaje de fondo fue otro. El mercado de las finanzas sostenibles ha alcanzado una fase de madurez. La cuestión ya no es crecer a cualquier precio, sino construir un marco capaz de sostener una nueva etapa de crecimiento. Y ahí la regulación importa mucho. Necesitamos una regulación más simple, más eficiente y más aplicable. Simplificar no significa desregular ni rebajar la ambición. Significa conseguir que las reglas funcionen mejor y generen la certidumbre necesaria para que las empresas y los inversores puedan tomar decisiones.
La conversación con Severiano Solana trasladaba esa misma exigencia de madurez al terreno empresarial. El discurso de la sostenibilidad ha cambiado mucho en los últimos años. Venimos de una primera etapa más idealista, incluso en ocasiones más moralista, construida fundamentalmente sobre la convicción de que había determinadas cosas que las empresas debían hacer. Esa etapa fue importante. Pero hoy ya no es suficiente. La sostenibilidad tiene que demostrar que funciona también desde el punto de vista económico. Esto ya no va solo de convicción, va de negocio. Y ahí está uno de los cambios más interesantes: la sostenibilidad se está convirtiendo en una fuente clara de valor para el sector financiero, capaz de hacer crecer el crédito al mismo tiempo que genera impactos positivos tangibles en ámbitos como la descarbonización de la movilidad o la transformación de los activos inmobiliarios.
Lo que conecta ambas conversaciones es precisamente esa idea de madurez compartida. Un mercado que mejora su marco regulatorio y una industria financiera que empieza a argumentar la sostenibilidad en términos de negocio no son fenómenos separados. Se necesitan mutuamente. Una regulación más sencilla y predecible da a las entidades mayor capacidad para invertir y financiar con criterio empresarial. Y una industria financiera capaz de demostrar retorno económico refuerza, a su vez, la legitimidad y la eficacia de ese marco. Esa es probablemente una de las grandes transiciones que estamos viviendo: pasar de una etapa dominada por los compromisos, la expansión normativa y la convicción a otra en la que la sostenibilidad tiene que demostrar utilidad, eficiencia y capacidad real para crear valor.
Ese es, para mí, uno de los principales mensajes que deja esta edición de ESG Spain. En un momento en el que parte de la agenda de sostenibilidad está siendo cuestionada y sometida a una mayor exigencia política y económica, la respuesta no puede ser volver atrás, sino hacerlo mejor. Construir confianza requiere instituciones sólidas, mercados eficientes y empresas capaces de integrar la sostenibilidad en sus decisiones de negocio. Ni el supervisor ni el sector financiero pueden hacerlo en solitario. Hacen falta espacios donde reguladores, empresas e inversores compartan un mismo lenguaje y una misma exigencia de rigor. Ese es, precisamente, el papel que ESG Spain y Forética llevan catorce ediciones desempeñando, tender puentes para que la sostenibilidad deje de ser un ámbito separado y pase a formar parte de la manera en que asignamos capital, gestionamos riesgos y, en definitiva, creamos valor para la economía y para la sociedad.
Esta tribuna forma parte del especial de Corresponsables con motivo de ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum, organizado por Forética.


