Desde sus comienzos Emancipatic se marcó un propósito muy concreto: promover una sociedad más inclusiva para las personas mayores, vulnerables, dependientes y/o con discapacidad a través del acceso a la tecnología.
En estas líneas voy a reflexionar sobre la inclusión financiera de las personas mayores y su fuerte raigambre en lo digital.
Para empezar, podemos decir que la inclusión financiera es una situación en la que las personas puedan acceder y utilizar de manera efectiva servicios financieros adecuados, seguros y comprensibles acordes a sus necesidades. Y esto incluye tener una cuenta bancaria, una tarjeta, poder ingresar o retirar dinero en efectivo, recibir una nómina o pensión y un largo etc..
Si nos enfocamos en el colectivo de personas mayores de 65 años, esto debe entenderse desde una perspectiva más amplia, ya que es necesario que la persona pueda utilizar los servicios financieros de forma efectiva, comprensible y segura; y todo ello utilizando los canales que mejor se adapten a sus circunstancias en cada momento.
En España, este asunto adquiere una importancia creciente por dos razones. Por un lado, la población está envejeciendo, ya que actualmente algo más del 20% de la población española es mayor de 65 años, y se estima que en 2030 este porcentaje se situará entre el 25 y el 30% (estadísticas demográficas del INE)
Por otro lado, el sector financiero lleva casi dos décadas sufriendo una transformación acelerada con una reducción alarmante de puntos de acceso derivando hacia canales digitales una gran parte de sus servicios.
El Banco de España considera que el acceso a efectivo de la población es una cuestión relevante en la inclusión financiera, y de hecho habla en sus informes de un índice de vulnerabilidad en el acceso a efectivo; el dato de 1.300.000 personas sin este acceso básico en el municipio en el que residen (B.España 2021), pone de manifiesto otra realidad oculta aunque pueda parecer obvia: son las personas mayores las que pueblan mayoritariamente esos municipios con ausencia de estos puntos de acceso a servicios financieros básicos.
Y también tenemos que hablar de educación financiera, y en concreto de otro dato muy significativo que tiene que ver con la encuesta de Competencias financieras del propio Banco de España (2023); en la misma se constata una diferencia de 5 puntos porcentuales entre la media de la población en general (53%) y la de mayores de 65 años (48%).
Por otro lado, la población española está desigualmente digitalizada. Según el INE en su encuesta de uso de las TIC (2025) hasta los 55 años casi no existe brecha digital; entre los 55 y los 74 años la brecha es incipiente de un 17% de la población, pero esta se agranda y mucho cuando contemplamos a la población mayor de 85 años cuya brecha es del 79%. Y esto nos lleva a poner de manifiesto lo que varios estudios ya han constatado, y es la gran heterogeneidad del colectivo llamado mayores de 65 años: la edad, la salud, los ingresos, el lugar de residencia, la experiencia digital y la red de apoyo influyen mucho en el comportamiento y en las necesidades del colectivo.
A las tres dimensiones clave de la Inclusión Financiera cuyo consenso es reconocido y que son acceso, uso y con seguridad, en el caso de los mayores tendríamos que incorporar una dimensión fundamental, que es la autonomía.
Y esto nos lleva a poner de manifiesto datos ocultos que están afectando y mucho a la vida de los mayores.
En primer lugar, el número indeterminado de mayores que, ante su falta de competencias digitales, delegan en descendientes y otros familiares el uso de sus claves bancarias y que pierden el control de su dinero y su patrimonio. A todos los efectos, estas personas están bancarizadas y digitalizadas, pero en la realidad han perdido su autonomía financiera.
Y en segundo lugar la brecha de género que en estas edades y con el asunto de las finanzas y la digitalización, agranda aún más la falta de autonomía que algunas mujeres ya sufrían durante sus vidas en pareja, y que tras enviudar o separarse pasan a depender de sus descendientes.
Por todo ello, la inclusión financiera de las personas mayores debería medirse no solo por la existencia de una cuenta o de servicios disponibles, sino también por la capacidad real de comprenderlos, utilizarlos con seguridad y conservar el control sobre el propio dinero y patrimonio. Esto requiere combinar educación financiera y digital con servicios accesibles, atención humana y alternativas para quienes no pueden o no desean operar exclusivamente por canales digitales.
Desde Emancipatic trabajamos cada día para contribuir a que esa inclusión se traduzca en más autonomía, seguridad y capacidad de decisión.
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