Cuando hablamos de sostenibilidad empresarial, solemos gravitar hacia lo ambiental. Y es necesario, estamos en emergencia climática. Pero hay la dimensión social, que sigue tratándose como accesoria y tiene mucho o todo que ver con la cultura de una organización.
Una pregunta que a menudo me hago para mí misma antes de empezar un proyecto con cualquier organización es: ¿qué distancia hay entre lo que esta organización dice y lo que realmente hace?
Esa distancia es, muchas veces donde se reconoce su sostenibilidad social.
Sostenibilidad social no es reputación
La sostenibilidad social no es un gran programa de RSC o vincularse a una causa, no es un programa de voluntariado que sobre todo no deje de tener unas buenas fotos.
Es la capacidad que tiene una organización para garantizar condiciones equitativas y justas para las personas que la componen (no solo plantilla, también cadena de valor y otros grupos de interés) Y eso, queramos o no, es cultura.
Una empresa que dice que valora la diversidad, pero concentra el poder en perfiles casi siempre homogéneos, no es socialmente sostenible. Una empresa que implementa medidas de conciliación solo para cumplir la normativa, pero cuya cultura informal penaliza a quien las usa, tampoco.
La sostenibilidad social rara vez aparece en la estrategia. Aparece en las decisiones del día a día, que se toman con criterios subjetivos, que seguramente sales de un departamento y sin consenso ni revisión.
Los valores no bastan
Todas las empresas tienen valores. Pero no todas los tienen en mente cuando tomar decisiones es difícil. Y ahí está la diferencia.
Los valores son el punto de partida y a la vez son camino, pero nunca son el destino. Aunque no sea lo más cómodo ni lo más fácil. Lo que determina si una organización es sostenible, no es lo que dice que le importa, sino, cómo se comporta. La coherencia entre lo que dice que quiere ser y lo que hace realmente para serlo.
Entiendo la cultura como lo que ocurre en una organización aunque no se quiera: comportamientos que se aceptan, actitudes que se toleran, dinámicas viejas o injustas que se mantienen.
Una empresa que tiene como único objetivo generar beneficios tiene un recorrido corto con la sostenibilidad social.
Cada vez más, el mercado, las normativas y la clientela tienen claro que todo no vale y que está bien que las empresas generen beneficios, pero también que tengan un propósito. Cuando el para qué de una organización incluye a las personas que la hacen posible, las decisiones cambian.
Como también cambian las prácticas: la atracción del talento, los procesos de selección, los criterios de promoción, cómo y quien participa en la toma de decisiones, qué espacios se destinan a la participación. Ahí es donde la sostenibilidad social o se integra en la cultura y el propósito o no cuenta para nada.
Una de las cosas que he aprendido acompañando a organizaciones muy distintas es que la sostenibilidad social se construye desde dentro hacia fuera. Y para eso es vital que la empresa conozca cuál es su punto de partida y también tener claro dónde no quiere ir.
Luego, poco a poco se define la ruta y a partir de ahí, es donde la sostenibilidad social encuentra en la Diversidad, la Equidad, la Justicia social y la Inclusión su estrategia más concreta.
DEI
La Diversidad, la Equidad y la Inclusión son una forma de concretar de forma práctica la sostenibilidad social dentro de las organizaciones. A menudo son la respuesta a preguntas concretas: ¿Qué sesgos afectan nuestras decisiones? ¿Qué condiciones estamos generando para que todas las personas puedan formarse, participar o promocionar en igualdad de condiciones? ¿qué nos callamos cuando vemos situaciones de discriminación?
Una organización que realmente incorpora criterios de DEI está trabajando su sostenibilidad social. Porque está cuestionando sus propias rutinas y sus sistemas, identifica barreras invisibles y toma decisiones con criterios que buscan la justicia. Las empresas que integran la DEI como parte de su estrategia, entienden que la sostenibilidad social no es solo una cuestión de reputación, ni un indicador más en el raport de ESG.
Una organización que no incorpora criterios de diversidad, equidad e inclusión en su cultura, no tiene necesariamente mala cultura, tiene una cultura que nadie ha cuestionado todavía. Y en la cultura, es el dónde vive la sostenibilidad social.
Sin cultura que la sostenga, cualquier iniciativa sostenibilidad e impacto social es pura cosmética. Y eso, tarde o temprano, tiene un coste: de talento, de coherencia, de relevancia.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Cultura corporativa y Sostenibilidad: Integrando la Sostenibilidad en el ADN empresarial


