Mi decisión de colaborar con la Fundación Pasqual Maragall a través del testamento se fue gestando poco a poco y tiene un significado especial en mi vida. En esta decisión se entrelazan vivencias personales y familiares que me han marcado mucho, junto con la profunda confianza que desde siempre me ha inspirado esta Fundación.
En 2007, cuando Pasqual Maragall anunció que tenía Alzheimer, sentí una enorme tristeza. Mi pareja vivía en Barcelona, y de tanto viajar allí, me había enamorado también de la ciudad. Admiraba a Maragall por cómo consiguió transformarla y por su forma de hacer las cosas. Representaba una forma de hacer política que hoy se echa mucho de menos.
Cuando decidió crear una fundación para impulsar la investigación del Alzheimer, me pareció una iniciativa extraordinaria. Quizás su última gran decisión.
Por aquellos mismos años, mi madre desarrolló una enfermedad neurodegenerativa y falleció en 2013. En su caso fue Parkinson. Y fue curioso y muy bonito cómo eso nos acercó. Pude cuidarla, acompañarla y estar muy pendiente de todo lo que necesitaba. Estoy orgulloso porque pude despedirme de ella con mucho cariño, después de una etapa en la que tuvimos la oportunidad de reencontrarnos y hablar de muchas cosas que nos volvieron a acercar.
Desde entonces estoy muy sensibilizado sobre la salud cerebral, especialmente la de los mayores, y sobre el papel de quienes cuidan. Así es que cuando llegó el momento de hacer mi testamento, no lo dudé: quería que la Fundación Pasqual Maragall formara parte de él.
Ese momento llegó cuando me casé. Mi pareja y yo quisimos hacer testamento por una cuestión de seguridad jurídica. Nos nombramos mutuamente herederos, y, si ambos faltábamos, quisimos que nuestro patrimonio se destinara a la Fundación, porque sabemos que en el futuro será necesario seguir invirtiendo para poder investigar y encontrar soluciones para el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Cada recurso cuenta. Hasta el último céntimo puede contribuir a avanzar.
Fue como cerrar un círculo, donde todo cobraba sentido…recuerdo que al salir de la notaría respiré hondo. Estaba muy a gusto, con una enorme tranquilidad.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Alzheimer


