La esperanza de vida está aumentando en todo el mundo y, especialmente, en países como España, donde actualmente supera los 86 años en las mujeres y los 80 en los hombres. Este hecho, sin duda positivo, abre también la puerta a una nueva realidad social: una población más envejecida que presenta un mayor riesgo de desarrollar determinadas enfermedades crónicas o de larga duración.
Aunque la enfermedad que más frecuentemente se relaciona con el envejecimiento es el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas tienen cada vez una mayor presencia. Entre ellas, el Alzheimer es la más relevante. A pesar de los grandes avances que se han producido en los últimos años en su diagnóstico, sigue siendo una enfermedad con pocas opciones terapéuticas.
Con el objetivo de abrir nuevas vías para comprender el Alzheimer y avanzar en su investigación, el centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), ha impulsado recientemente el Grupo de Investigación en Biología de la Neurodegeneración y el Envejecimiento, una nueva apuesta científica centrada en estudiar la enfermedad desde la perspectiva del envejecimiento.
Una de las hipótesis que está cobrando más fuerza en los últimos años es que los cambios biológicos que provoca el envejecimiento en el cerebro son los que aceleran la aparición y la progresión de la enfermedad. Por tanto, si conseguimos intervenir de algún modo sobre esta degeneración de los tejidos causada por la edad, deberíamos ser capaces de frenar la enfermedad.
Desde el grupo de investigación que lidero, hemos empezado identificando una serie de cambios en el cerebro, tanto genéticos como epigenéticos y proteómicos. Esto nos ha permitido definir una serie de marcadores para estudiar y cuantificar el envejecimiento cerebral. A partir de ahí, hemos diseñado nuevos tratamientos para frenarlo y ya los hemos probado en modelos animales. Hemos conseguido demostrar que el envejecimiento cerebral patológico y el deterioro cognitivo que lo acompaña pueden ralentizarse mediante diferentes estrategias.
Nuestro objetivo es ahora trasladar estos resultados obtenidos en modelos animales a las personas. Ya estamos estudiando los marcadores del envejecimiento cerebral en personas voluntarias y hemos comenzado a evaluar el efecto que determinados cambios en los estilos de vida pueden tener sobre la salud cerebral para desarrollar también nuevos tratamientos farmacológicos capaces de frenar los síntomas del Alzheimer.
Pero avanzar hacia un futuro sin Alzheimer requiere mucho más que el trabajo de un único equipo de investigación. La colaboración con el resto de grupos científicos del BBRC nos permite abordar la enfermedad desde perspectivas complementarias, compartir conocimiento y acelerar el desarrollo de nuevas soluciones. Del mismo modo, las alianzas con otros centros de investigación, hospitales, empresas e instituciones comprometidas con la ciencia son fundamentales para impulsar proyectos de largo recorrido y transformar los avances científicos en beneficios reales para las personas. Porque solo trabajando juntos podremos responder a uno de los mayores retos sanitarios y sociales de nuestro tiempo.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Alzheimer


