Soy socia de la Fundación Pasqual Maragall desde hace más de 10 años. Se cruzaron en mi camino una mañana, tras una reunión de trabajo, y no lo dudé ni un instante.
Mi padre, una persona sana, fuerte, que nunca había estado enfermo, sufría esta terrible enfermedad, aún hoy tan desconocida. No quiero imaginar lo que debió significar para él ver cómo su mente y su cuerpo se iban apagando, cómo “desaprendía” cosas tan básicas como comer, beber, caminar o vestirse, y cómo acababa olvidando incluso a las personas por las que había dado todo en la vida: sus seres más queridos.
No hay que obviar el impacto emocional en la vida diaria de los familiares,especialmente la de quienes cuidan. Estos últimos, a veces grandes olvidados, también necesitan apoyo, orientación y cuidados.
Lo vi en mi madre. Vi como sufría y, al mismo tiempo, cómo era capaz de mantener la sonrisa ante su marido, como se desvivía por él y trataba de arrancarle a su vez una sonrisa. Con el tiempo bastaba una mirada; al final, ni siquiera había respuesta. Aun así, ella seguía creyendo que, en algún rincón de su mente, él todavía la reconocía y sentía que estaba allí.
Yo lo viví en la distancia. Mi situación personal y profesional no me permitía estar en el día a día. Aunque pude ayudar para que tuvieran los mejores cuidados, no estuve con ellos tanto como me habría gustado.
Una vez finalizada mi etapa profesional, ahora dispongo de más tiempo y quiero poder aportar mi granito de arena a la Fundación Pasqual Maragall de una forma más activa. Ser Socia Embajadora me ha dado esa oportunidad, conocer el alcance de su labor, ayudar a divulgar con rigor y compartir mi testimonio. Todo suma y espero que esta pequeña labor redunde en ello y para otras personas en el futuro sea “más fácil” de lo que fue para mi padre.
Hoy, en 2026, conocemos la cara oculta de la Luna. Sin embargo, respecto al Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas todavía nos queda mucho camino por recorrer desde el punto de vista científico
Los humanos llegaremos a la Luna, a Marte, donde nos propongamos, porque cada vez estamos más preparados tanto tecnológica como físicamente y además, sigue creciendo nuestra esperanza de vida.
Como sociedad, todavía no estamos preparados para afrontar este reto. Tampoco lo están muchas familias ni los sistemas sanitarios y de atención a las personas mayores. Por eso es tan importante dar visibilidad al Alzheimer y a su impacto. Para conseguirlo, es fundamental el compromiso de las instituciones, los medios de comunicación y de todas las personas que, con sus aportaciones, hacen posible que la Fundación Pasqual Maragall siga investigando, divulgando y apoyando a las personas afectadas y sus familias.
Sólo la ciencia, la tecnología y la investigación nos permitirán prevenir mejor la enfermedad, diagnosticarla de forma precoz, ralentizar su avance y, algún día, lograr la cura. Solo así podremos acercarnos al futuro sin Alzheimer que todos soñamos.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Alzheimer


