Cuando pensamos en sostenibilidad empresarial, solemos hablar de emisiones, energía o residuos. Son cuestiones imprescindibles para afrontar la crisis climática, pero existe otra contribución igual de necesaria y mucho menos visible.
Si bien es cierto que cada vez son más las empresas que asumen compromisos ambientales dentro de sus estrategias de sostenibilidad, la crisis climática exige respuestas ambiciosas y urgentes desde todos los sectores. Por este motivo, cuando hablamos de sostenibilidad empresarial, hay una dimensión fundamental que a menudo queda en un segundo plano: la educación ambiental.
Y es que la transformación ecológica no depende únicamente de soluciones técnicas o avances tecnológicos. Depende también, y en gran medida, de cómo vivimos, consumimos, nos relacionamos con el entorno y entendemos nuestra responsabilidad colectiva. Y ahí, la educación juega un papel decisivo y las empresas también. Desde Entreculturas creemos que las empresas pueden contribuir al cuidado del planeta también desde ese otro lugar: acompañando procesos educativos que promuevan conciencia ecológica, hábitos sostenibles y compromiso social, especialmente entre niños, niñas y adolescentes.
Es cierto que puede ser una contribución menos visible que otras acciones ambientales, que probablemente sea más difícil medir su impacto en el corto plazo y que sus efectos difícilmente pueden medirse al cierre de un ejercicio económico. Sin embargo, muchas de las decisiones que tomarán las próximas generaciones en relación con el consumo, el uso de los recursos naturales o el cuidado de sus territorios estarán condicionadas por los aprendizajes que adquieran durante su etapa educativa. Porque apostar por la educación ambiental es apostar por cambios que maduran lentamente, pero cuyos efectos pueden perdurar durante décadas.
Hoy sabemos que la crisis climática no afecta a todas las personas por igual. Son las comunidades que enfrentan mayores desigualdades sociales, económicas o territoriales las que sufren con más intensidad sus consecuencias. Por eso, hablar de sostenibilidad también implica hablar de justicia social y de acceso a derechos. En ese contexto, la educación ambiental que pueden apoyar las empresas no consiste únicamente en enseñar a reciclar o ahorrar energía. Significa ayudar a comprender a las generaciones más jóvenes las causas estructurales que están detrás de la degradación ambiental, a la vez que se promueven formas más sostenibles y colectivas de habitar el mundo.
Desde Entreculturas trabajamos desde esta mirada de ecología integral, entendiendo que no es posible separar el cuidado de las personas del cuidado del planeta y que las desigualdades sociales y la crisis ambiental forman parte de una misma realidad y requieren respuestas conectadas. Por ello impulsamos, junto a empresas comprometidas, proyectos educativos que promueven una ciudadanía consciente y corresponsable tanto en España como en América Latina.
En España, iniciativas como la Red Verde de nuestra Red Solidaria de Jóvenes impulsan a los propios centros educativos a los que pertenecen a incorporar la sostenibilidad a la vida escolar. Para ello, no solamente promueven el reciclaje o la reducción de residuos, sino que también generan espacios donde niños, niñas y jóvenes reflexionen sobre los desafíos ambientales de nuestro tiempo y descubran que también pueden formar parte de las soluciones.
Otras de las experiencias más significativas en las que estamos involucrados son las Brigadas Ecológicas, donde grupos de estudiantes impulsan acciones vinculadas al cuidado del entorno dentro y fuera de sus centros educativos. Gracias a estas iniciativas, las y los jóvenes pasan de recibir información sobre sostenibilidad a convertirse en protagonistas de procesos de transformación en sus comunidades, ayudando a que la educación ambiental deje de ser únicamente un contenido teórico y se convierta en una práctica cotidiana.
Algo similar ocurre en distintos países de América Latina, donde trabajamos junto a Fe y Alegría para integrar la ecología integral en los procesos educativos. En Colombia, por ejemplo, comunidades educativas desarrollan proyectos vinculados a la agroecología y la recuperación de espacios naturales. En Perú, jóvenes y docentes participan en iniciativas relacionadas con el cuidado del agua y la protección de los territorios. Son experiencias diferentes, pero comparten una misma convicción: la sostenibilidad se aprende practicándola.
Detrás de iniciativas como estas hay también un trabajo continuado con equipos directivos, docentes y comunidades educativas para integrar la ecología integral en la vida de los centros. Porque el compromiso con el cuidado de la casa común no puede depender únicamente de acciones puntuales: necesita formar parte de la cultura educativa, de los proyectos pedagógicos y de la relación de las escuelas con su entorno.
En muchos de estos procesos encontramos empresas que han decidido implicarse desde una lógica de largo plazo. Empresas que entienden que la sostenibilidad no consiste únicamente en reducir impactos negativos, sino también en contribuir activamente a generar una cultura del cuidado hacia el medioambiente.
En un momento en el que la urgencia climática exige respuestas cada vez más ambiciosas, quizá convenga recordar que la sostenibilidad no se construye únicamente en los laboratorios, en las fábricas o en los consejos de administración. También se construye en las aulas, en las comunidades y en los espacios donde las nuevas generaciones aprenden a cuidar de las personas y del planeta.
Apostar por esa educación es una de las contribuciones más valiosas que empresas y organizaciones podemos hacer hoy, porque las tecnologías pueden ayudarnos a reducir nuestro impacto ambiental y las políticas públicas pueden acelerar los cambios necesarios, pero son las personas quienes harán posible una transformación duradera. Y esas personas se están formando hoy, y no podemos perder la oportunidad de ayudar a construir una ciudadanía capaz de cuidar, al mismo tiempo, de las personas y del planeta.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Medio Ambiente


