Tradicionalmente, cuando hablamos de sostenibilidad empresarial pensamos en emisiones, energía o recursos naturales. Son cuestiones fundamentales. Sin embargo, para una compañía de salud hay otra pregunta igual de importante: ¿qué podemos hacer para prevenir una enfermedad y que las personas vivan más y mejor?
Esa pregunta es el punto de partida de nuestra aproximación a la sostenibilidad social en Sanitas. Porque la salud no es algo que ocurra únicamente cuando una persona entra en una consulta o recibe un tratamiento. La salud se construye cada día y está influida por múltiples factores: nuestros hábitos, el entorno en el que vivimos, la calidad del aire que respiramos, los espacios verdes a los que tenemos acceso junto con las oportunidades que tenemos para mantenernos activos.
Por eso trabajamos desde una visión One Health, que reconoce que la salud de las personas y la salud del entorno están profundamente conectadas. No podemos aspirar a una sociedad más saludable si ignoramos el impacto que tienen nuestros entornos físicos y sociales sobre el bienestar. Y tampoco podemos hablar de sostenibilidad ambiental sin entender sus consecuencias sobre la salud.
Esta visión nos lleva a ampliar el papel tradicional de una compañía sanitaria. Nuestro compromiso no consiste únicamente en tratar enfermedades cuando aparecen, sino también en contribuir a prevenirlas. Porque tienen el mayor de los sentidos tanto para la sociedad como para la empresa si pensamos a largo plazo. La prevención es para nosotros probablemente la herramienta de impacto social más poderosa que tenemos a nuestro alcance.
Y promover estilos de vida saludables forma parte esencial de nuestra estrategia empresarial. Es nuestra responsabilidad y forma, a su vez, el eje de nuestra agenda social. Lo hacemos con nuestros clientes, pero también con la sociedad en general. Iniciativas como Healthy Cities parten de una idea sencilla: pequeñas acciones cotidianas, como caminar más o reducir el uso del vehículo privado, pueden generar beneficios simultáneos para la salud de las personas y para la salud del planeta. Cuando miles de personas se movilizan en torno a estos objetivos, comprobamos que sostenibilidad y bienestar dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en comportamientos reales.
La creación de entornos saludables es otro aspecto esencial de esta misma mirada social de la sostenibilidad. No se trata solo de reducir consumos o mejorar indicadores ambientales, sino de entender que los espacios en los que vivimos, trabajamos y nos movemos influyen directamente en nuestra salud, en nuestra autonomía y en nuestras oportunidades de bienestar. En los últimos años hemos trabajado para que nuestros edificios sean cada vez más eficientes, resilientes y respetuosos con la biodiversidad, pero también para trasladar esa reflexión más allá de nuestras instalaciones. La regeneración de espacios urbanos y los proyectos de reforestación son ejemplos de cómo una organización puede contribuir a crear ciudades más saludables, inclusivas y preparadas para cuidar mejor de las personas.
Esta misma lógica nos lleva a reflexionar sobre otra cuestión fundamental: el acceso a la salud.
La sostenibilidad social no puede considerarse completa si existen personas que siguen encontrando barreras para acceder a servicios esenciales. Por eso creemos que la inclusión debe integrarse en el diseño mismo de los productos y servicios. No como una adaptación posterior, sino como un criterio presente desde el principio.
Iniciativas como la póliza de salud Sanitas Inclusivo responden precisamente a esa filosofía. Nuestro objetivo es que más personas con discapacidad puedan acceder a servicios de salud adaptados a sus necesidades específicas. Del mismo modo, trabajamos para mejorar la accesibilidad de nuestros centros, nuestros canales digitales y la experiencia completa del paciente. Porque la calidad asistencial también se mide por la capacidad de garantizar que cada persona pueda acceder a ella en igualdad de condiciones.
Sin embargo, ninguna organización puede abordar estos retos por sí sola. La colaboración es una de las herramientas más valiosas para generar impacto y escalar soluciones. Lo vemos en espacios como ESG Spain, impulsado por Forética, que ayudan a situar la dimensión social de la sostenibilidad en la agenda empresarial con ambición, medición y rigor. Pero también en iniciativas propias como Healthy Cities, que actúa como plataforma para movilizar a empresas, partners y administraciones en torno a hábitos saludables y entornos urbanos más sostenibles. Asimismo, la Alianza por el Deporte Inclusivo que impulsa la Fundación Sanitas, une a instituciones y federaciones deportivas para promover una transformación social desde el deporte. Y amplia su trabajo nuestra Fundación conectando tanto a nuestro negocio como a ONG y entidades sociales, para apoyar tratamientos y la educación en la salud a colectivos vulnerables.
Todas estas iniciativas reflejan una misma convicción: para avanzar en sostenibilidad social necesitamos sumar capacidades, compartir conocimiento y trabajar con quienes aportan experiencia directa allí donde las necesidades son mayores.
Porque, al final, la sostenibilidad social no consiste únicamente en reducir impactos negativos. Consiste en generar condiciones para que más personas puedan vivir vidas más saludables y autónomas.
Y para una compañía de salud, difícilmente puede haber una contribución más relevante que esa.
Esta tribuna forma parte del especial de Corresponsables con motivo de ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum, organizado por Forética.


