Durante años, la sostenibilidad se percibió como una obligación vinculada al cumplimiento normativo o a la gestión de riesgos. Hoy la realidad es muy diferente. Las empresas que lideran la transformación de sus sectores han entendido que la sostenibilidad no es un coste, sino una palanca de competitividad, innovación y crecimiento a largo plazo.
En sectores como la restauración, donde la cadena de suministro tiene un papel determinante, la sostenibilidad debe abordarse de forma integral. No se trata únicamente de gestionar residuos o reducir materiales. Se trata de repensar cómo producimos, cómo nos abastecemos, cómo diseñamos nuestros envases y cómo colaboramos con agricultores, proveedores y otros actores de la cadena de valor para generar un impacto positivo compartido.
McDonald’s considera que una cadena de suministro sostenible es clave para garantizar la resiliencia del negocio y el acceso a los recursos necesarios para seguir sirviendo a las comunidades en el largo plazo.
En McDonald’s creemos que la sostenibilidad debe formar parte de la estrategia empresarial y estar integrada en la toma de decisiones. Nuestro propósito es alimentar y apoyar a las comunidades en las que operamos, generando valor económico, social y medioambiental de forma equilibrada y sostenida en el tiempo. Porque la sostenibilidad no es un área separada del negocio: es una condición para que el crecimiento sea posible y duradero.
La experiencia nos demuestra que crecimiento y sostenibilidad son conceptos inseparables. Cuanto más eficientes somos en el uso de los recursos, más robusta es nuestra operación. Cuanto más fortalecemos nuestra cadena de suministro, mayor capacidad tenemos para responder a los desafíos futuros. Y cuanto más confiable es una compañía para sus grupos de interés, mayor es su licencia para operar y seguir creciendo.
La cadena de suministro es uno de los ámbitos donde esta visión se materializa con más claridad. A nivel global, McDonald’s trabaja para impulsar sistemas alimentarios más sostenibles mediante el abastecimiento responsable de materias primas, la protección de recursos naturales y la reducción de residuos a lo largo de toda la cadena de valor.
En España, este compromiso se traduce en decisiones concretas. Apostamos por una cadena de suministro estrechamente vinculada al tejido productivo local, contribuyendo al desarrollo económico de nuestro entorno y fomentando relaciones de largo plazo con nuestros proveedores. Esta apuesta no solo aporta valor a las comunidades donde operamos, sino que también fortalece la resiliencia, la trazabilidad y la calidad de nuestra cadena de suministro.
La economía circular es probablemente uno de los mejores ejemplos de la evolución que ha experimentado el concepto de sostenibilidad en los últimos años. En un contexto marcado por la presión sobre los recursos naturales, la necesidad de acelerar la transición climática y unas expectativas sociales cada vez más exigentes, avanzar hacia modelos más circulares ya no es una opción. Es una condición necesaria para construir negocios más resilientes y preparados para el futuro.
La circularidad también está presente en la forma en que gestionamos materiales y recursos. En los últimos años hemos avanzado en la transición hacia envases procedentes de fuentes renovables, recicladas o certificadas y hemos impulsado iniciativas orientadas a reducir residuos y optimizar el uso de materiales. Son avances que responden tanto a las expectativas de la sociedad como a la necesidad de construir operaciones más eficientes y preparadas para un entorno regulatorio en constante evolución.
Pero la economía circular no se limita a los materiales. También implica avanzar en eficiencia energética, innovación, gestión responsable de los recursos y mejora continua de los procesos. La sostenibilidad genera valor cuando se convierte en un motor de transformación capaz de impulsar soluciones más inteligentes y eficientes para el negocio.
En un momento en el que Europa está redefiniendo muchas de las reglas que marcarán el futuro de la competitividad empresarial, las compañías tenemos la oportunidad y la responsabilidad de liderar esta transformación. No solo porque sea lo correcto, sino porque es también la decisión más inteligente desde el punto de vista empresarial.
La economía circular no es únicamente una herramienta para reducir impactos ambientales. Es una oportunidad para innovar, fortalecer la competitividad, impulsar la confianza y generar crecimiento sostenible. Y ahí reside su verdadero valor: demostrar que es posible crear prosperidad económica mientras protegemos los recursos que harán posible el bienestar y el desarrollo de las próximas generaciones.
Sin embargo, el mayor desafío es probablemente cultural. La transición hacia una economía más circular requiere colaboración. Ninguna organización puede lograrla sola. En este sentido, espacios de colaboración empresarial como Forética son clave para compartir aprendizajes, conectar a las empresas con otros actores e impulsar cambios a escala. La sostenibilidad se construye desde las alianzas y la corresponsabilidad.
Esta tribuna forma parte del especial de Corresponsables con motivo de ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum, organizado por Forética.


