En las zonas áridas de Kenia y, cada vez más, en sus zonas de alto potencial, una creencia silenciosa pero poderosa sigue influyendo en las prácticas agrícolas: una granja «limpia» se considera moderna. Los árboles en los campos de cultivo suelen verse como algo anticuado, improductivo o como una señal de que el agricultor no se ha adaptado al progreso.
Pero, ¿y si esa idea hace que los niños y niñas pasen más hambre?
El problema que se esconde a plena vista
Kenia es uno de los seis países comprometidos con la restauración de 10,6 millones de hectáreas de tierra degradada a través de la Iniciativa Africana para la Restauración del Paisaje Forestal. Sin embargo, la degradación del suelo sigue siendo un importante desafío nacional. Más del 80 % del país está clasificado como árido o semiárido, y la degradación en curso sigue debilitando la productividad agrícola y los sistemas hídricos.
En las comunidades agrícolas de las zonas áridas de Kenia, las lluvias impredecibles, la erosión del suelo y la disminución de su fertilidad no son solo problemas medioambientales. Conducen directamente a cosechas más escasas, menos comidas, precios más altos de los alimentos y una mayor vulnerabilidad para la infancia.
Cuando se talan árboles en busca de campos «ordenados», los impactos son inmediatos y evidentes. Los cultivos y el ganado se ven expuestos a condiciones climáticas extremas, mientras que los hogares tienen menos acceso a alimentos básicos, forraje, fruta y leña.
Los árboles actúan como amortiguadores naturales, reduciendo los efectos negativos de las crisis climáticas y ambientales en los sistemas agrícolas. La eliminación de árboles del paisaje conlleva un coste muy elevado. Para los niños y niñas, esto se traduce en dietas menos variadas, más horas dedicadas a la recogida de leña y una mayor exposición a las crisis climáticas.
El problema no es que a los agricultores no les importe. Es que las políticas, los programas de formación y los modelos de extensión suelen definir la «buena agricultura» de formas que dejan de lado a los árboles y subestiman los conocimientos indígenas.
Lo que funciona: Regeneración Natural Gestionada por los Agricultores
La Regeneración Natural Gestionada por los Agricultores (FMNR) es un método asequible y práctico que permite a los agricultores restaurar árboles y arbustos autóctonos utilizando los sistemas radiculares y los bancos de semillas existentes. En lugar de eliminar los rebrotes como si fueran malas hierbas, los agricultores podan y gestionan selectivamente los brotes para restaurar la cubierta arbórea, al tiempo que mantienen estable la producción de cultivos.
La FMNR ha restaurado millones de hectáreas en Níger y se ha adoptado en más de 40 países. Las investigaciones y los datos de campo demuestran sistemáticamente que la integración de los árboles en las explotaciones agrícolas mejora la fertilidad del suelo, aumenta la retención de humedad, reduce la erosión y aumenta la resiliencia ante la sequía.
En Kenia, los agricultores que practican la FMNR informan de una mayor disponibilidad de pastos, fuentes de ingresos diversificadas y rendimientos de los cultivos más estables. La restauración está fortaleciendo la agricultura en lugar de competir con ella.
A medida que aumenta la variabilidad climática, esta distinción cobra mayor importancia.
Por qué las tierras resilientes son importantes para la infancia. Un «campo limpio» puede parecer eficiente, pero un campo resiliente nutre a la infancia.
Cuando los árboles se regeneran en las explotaciones agrícolas:
- mejora la diversidad alimentaria gracias al acceso a frutas y frutos secos;
- aumenta la productividad ganadera, lo que mejora la nutrición de los hogares;
- las mujeres y las niñas dedican menos tiempo a recolectar leña; y
- los ingresos familiares se estabilizan, lo que protege la continuidad de la educación durante las crisis.
El papel de World Vision: de los campos a los sistemas
World Vision colabora con comunidades de toda Kenia para expandir la FMNR como parte de una estrategia más amplia de resiliencia y bienestar infantil. A través de la formación de agricultores, grupos de aprendizaje entre pares y alianzas con los gobiernos de los condados, miles de hogares están ahora regenerando árboles en sus granjas y tierras comunales.
Es esencial ir más allá de considerar la restauración únicamente a nivel de los campos agrícolas individuales y, en su lugar, verla como parte de un sistema más amplio. Esto implica reconocer cómo las prácticas de restauración de la tierra, como la FMNR, interactúan con la nutrición, la educación, los medios de vida, la participación de los jóvenes y los entornos políticos. Por lo tanto, una perspectiva sistémica da prioridad al bienestar infantil, demostrando cómo las mejoras en la gestión de la tierra repercuten en la seguridad alimentaria de los hogares, los ingresos, las oportunidades de aprendizaje y, en última instancia, en la salud y el desarrollo de los niños y niñas.
Las condiciones que hacen que la regeneración perdure:
- La regeneración natural gestionada por los agricultores debe considerarse algo más que la simple plantación de árboles. Se trata de una forma de cambio sistémico, arraigada en las comunidades, moldeada por las políticas y vital para que las familias puedan sobrevivir al estrés climático; no se trata únicamente de árboles.
- El éxito de la regeneración natural gestionada por los agricultores (FMNR) se basa en la confianza, no en las ayudas. Los agricultores adoptan la regeneración cuando las organizaciones se comprometen a largo plazo, establecen relaciones y apoyan a las comunidades más allá de los ciclos cortos de los proyectos. Las subvenciones no sostienen el cambio; las personas sí.
- La restauración es más eficaz cuando se da prioridad a los niños y niñas. Cuando la FMNR se combina con la nutrición, los medios de vida, los grupos de ahorro y la participación de los jóvenes, las explotaciones revitalizadas dan lugar a platos más llenos, ingresos más estables y hogares más fuertes.
- La acción comunitaria debe estar respaldada por las políticas. En Kenia, es esencial colaborar con socios gubernamentales para integrar la regeneración liderada por los agricultores en los marcos nacionales, de modo que las decisiones tomadas en las explotaciones individuales contribuyan al impacto nacional.
- La FMNR no es una labor ambiental secundaria. Se trata de que los niños y niñas coman, las familias salgan adelante y las comunidades rurales tengan un futuro en un clima cambiante.
La ciencia es clara; lo que frena a los agricultores es la brecha política. Las instituciones mundiales reconocen cada vez más la agrosilvicultura y la regeneración liderada por los agricultores como claves para la adaptación al clima y la seguridad alimentaria. La FAO y el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas hacen hincapié en la importancia de los modelos de restauración impulsados a nivel local que combinan la recuperación ecológica con los medios de vida.
La base científica y empírica ya no se pone en duda. El principal reto radica en la ampliación de la escala dentro de entornos políticos propicios.
A pesar de la alineación con los objetivos nacionales en materia de resiliencia climática y restauración de la tierra, las barreras políticas siguen obstaculizando la rápida adopción de la FMNR en países como Kenia.
- La propiedad de los árboles no está clara: los agricultores dudan a la hora de invertir en árboles;
- Lagunas en la capacidad de extensión: formación limitada en FMNR/agroforestería; y
- Presupuestos escasos: la restauración no está integrada en todos los sectores.
Ampliar la FMNR requiere concienciación de la comunidad, pero, lo que es más importante, necesita coherencia política. Si los marcos nacionales validan lo que los agricultores ya saben que funciona, la adopción se acelera. Si lo penalizan directa o indirectamente, el progreso se estanca.
Una invitación práctica
Mientras el mundo celebra el Día de la Tierra, debemos recordar que la restauración del planeta comienza por replantearnos los sistemas que influyen en nuestras decisiones diarias. Si queremos un cambio a nivel nacional en países como Kenia, debemos ampliar nuestra idea de «agricultura exitosa», desplazando el enfoque de la pulcritud a corto plazo hacia la resiliencia a largo plazo y creando políticas que la apoyen activamente.
Esto plantea una pregunta crucial para los actores del desarrollo, especialmente los responsables políticos: ¿Lo harán?
- ¿Desafiarán el statu quo y revisarán las políticas?
- ¿Recompensarán a los agricultores que contribuyen a los objetivos climáticos, de restauración de la tierra y de seguridad alimentaria mediante la regeneración de árboles?
- ¿Protegerán los derechos de los agricultores sobre los árboles?
- ¿Potenciarán los servicios de extensión para promover la FMNR y
- ¿Impulsarán la inversión intersectorial para que la restauración sea una prioridad nacional?
El futuro no se asegurará enfrentando la agricultura «moderna» a los sistemas indígenas. Por el contrario, dependerá de la integración de prácticas locales eficaces con la innovación científica, que históricamente han proporcionado alimentos y resiliencia a generaciones de niños y niñas.
La verdadera prueba es muy práctica, más que ideológica: ¿pueden estos métodos ampliarse, ser asequibles y sostenibles en medio de los retos diarios a los que se enfrentan los agricultores? Para millones de niños y niñas, la respuesta influirá en su salud, su crecimiento y sus oportunidades en la vida.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Medio Ambiente


