Durante años, cuando hablábamos de sostenibilidad empresarial, la mirada se dirigía principalmente hacia dentro de las organizaciones. Medíamos nuestras emisiones, revisábamos nuestras políticas internas y buscábamos mejorar el bienestar de nuestros equipos. Todo ello sigue siendo necesario, pero hoy sabemos que no es suficiente.
El verdadero impacto de una empresa también se refleja en las relaciones que construye a su alrededor. En cómo colabora con proveedores, contratistas y profesionales; en cómo contribuye a fortalecer (o debilitar) el ecosistema del que forma parte. La cadena de valor ha dejado de ser únicamente una estructura operativa para convertirse en un espacio clave desde el que generar resiliencia, confianza y transformación.
En un contexto marcado por la incertidumbre y los cambios constantes, resulta difícil imaginar una empresa sólida apoyada sobre una cadena de suministro frágil. La sostenibilidad no puede entenderse de forma aislada; o es compartida o difícilmente será sostenible en el tiempo.
Un reto estructural en el sector de la edificación
En el sector de la edificación, esta reflexión adquiere una relevancia especial. Durante décadas, gran parte de la competitividad se ha construido trasladando presión a los últimos eslabones de la cadena, reduciendo márgenes y alargando plazos de pago para garantizar la viabilidad financiera de los proyectos.
No se trata de señalar responsabilidades individuales, sino de reconocer una dinámica estructural que muestra claros signos de agotamiento. Diferentes organizaciones del sector vienen alertando desde hace años sobre las consecuencias de la morosidad y la falta de equilibrio en la cadena de pagos. Entidades especializadas del sector como AMAEXCO* señalan que la morosidad y el ahogo en la cadena de obra no son solo una cuestión administrativa, sino un grave problema productivo. A esto se suman los datos recurrentes de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad (PMcM), que advierte cómo la falta de control en la cadena de pagos sigue asfixiando a pymes y autónomos. Según sus últimos informes*, los subcontratistas de la construcción cobran de media a 88 días, un plazo difícilmente asumible para muchas pequeñas empresas y profesionales autónomos.
Cuando la liquidez de las pymes se convierte en la principal fuente de financiación de los proyectos, el problema va más allá de una cuestión económica. Se resiente la capacidad de innovar, de atraer talento y de mantener la calidad necesaria para afrontar los retos del sector. En definitiva, se debilita el tejido empresarial que sostiene toda la actividad.
Generar impacto en cada eslabón
En Omplim entendemos que construir de forma sostenible implica también construir relaciones más justas y equilibradas. Por eso, a través de nuestro Índice de Sostenibilidad, incorporamos la cadena de valor como un ámbito prioritario de impacto, al mismo nivel que la descarbonización o la eficiencia de los edificios.
Creemos que el impacto ambiental de un proyecto pierde parte de su sentido si durante su desarrollo se generan impactos sociales negativos. Por ello trabajamos sobre tres compromisos concretos:
Contratación transparente y colaborativa
Nuestro principal socio en cada promoción es la constructora. Por eso apostamos por relaciones de largo plazo que nos permitan aprender conjuntamente y mejorar proyecto tras proyecto. Además, compartimos la selección de oficios y proveedores, incorporando criterios relacionados con valores, compromiso e impacto. Queremos que las decisiones no dependan únicamente del precio, sino también de la visión y la forma de trabajar de quienes participan en el proyecto.
Compromiso con los plazos de pago
La salud financiera de nuestros colaboradores es también la salud de nuestros proyectos. Pagar a tiempo es una de las formas más directas de generar impacto positivo en nuestro sector. Por ello, en Omplim trabajamos para que los pagos a proveedores se realicen en el menor plazo posible en los proyectos que gestionamos, aportando estabilidad y certidumbre a las empresas con las que colaboramos.
Impulso compartido a la innovación
Solicitamos a nuestros colaboradores que incorporen información de sus productos y soluciones para alimentar nuestro Índice de Sostenibilidad, pero entendemos este proceso como una oportunidad de aprendizaje mutuo. Gracias al trabajo conjunto, varios proveedores han comenzado a explorar nuevos materiales y sistemas constructivos más sostenibles, ampliando así su propia capacidad de generar impacto.
Transformar las dinámicas del sector no es sencillo. Requiere tiempo, voluntad y la capacidad de cuestionar prácticas que durante años se han considerado normales. Sin embargo, creemos que es un paso imprescindible para avanzar hacia una economía verdaderamente sostenible. La cadena de valor no debería ser un espacio donde trasladar riesgos o extraer valor a corto plazo, sino un lugar donde construir confianza, fortalecer capacidades y generar prosperidad compartida.
Porque el éxito de una empresa no depende únicamente de los resultados que obtiene, sino también del ecosistema que contribuye a crear. Y los cimientos de ese futuro, como los de cualquier edificio que aspire a perdurar, deben construirse sobre bases sólidas, equilibradas y justas.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – B Corp: Empresas con propósito


