Hablar de criterios ESG puede llevarnos con facilidad al terreno de los indicadores y las obligaciones de reporte. Todo ello es necesario y, en ocasiones, ayuda a que las organizaciones avancen. Ahora bien, cuando la sostenibilidad vive al margen de la razón de ser de la organización, la credibilidad se resiente.
La verdadera integración comienza con una pregunta sencilla y, a la vez, exigente: ¿qué propósito tiene la organización y cuáles son sus impactos más relevantes? La respuesta permite conectar los criterios ambientales, sociales y de buen gobierno con la actividad cotidiana y convertirlos en una auténtica palanca de transformación.
Tampoco hace falta reinventar la rueda. El primer paso consiste en escuchar e identificar los asuntos materiales de la organización. Esto implica conocer las expectativas de los grupos de interés y entender dónde se concentra la capacidad de generar valor o impacto. A partir de ahí, la sostenibilidad se traduce en objetivos concretos que se trabajan con los departamentos responsables de las decisiones del día a día.
En ese proceso aparece con frecuencia un descubrimiento importante: muchas prácticas ESG ya forman parte del negocio de manera natural, aunque todavía no se hayan denominado así o se midan de forma sistemática. Integrar la sostenibilidad también significa reconocer esas prácticas, ordenarlas y darles coherencia. Y, cuando todavía queda camino por recorrer, supone impulsar los cambios necesarios desde una visión compartida.
En un sector tan sensible como el de la reproducción asistida, la dimensión social ocupa un lugar central. Acompañar a las personas en su proyecto reproductivo y contribuir a que puedan formar una familia tiene un componente profundamente social. Ese propósito se materializa en la calidad asistencial, en una información clara y comprensible y en el respeto a la diversidad de modelos familiares. También está presente en el acompañamiento emocional y en una experiencia de paciente basada en la confianza.
El equipo humano es igualmente decisivo. La calidad clínica depende del conocimiento y la tecnología, pero cobra sentido gracias a profesionales comprometidos y capaces de trabajar de forma coordinada. Para conseguirlo, resulta fundamental escuchar a los equipos y facilitar su participación. Las iniciativas de compromiso de los empleados adquieren así una dimensión estratégica: favorecen el bienestar y la retención del talento, al tiempo que repercuten en una mejor atención. En un entorno de alta especialización y elevada carga emocional, cuidar a quienes cuidan forma parte de la responsabilidad social de cualquier organización sanitaria.
La gobernanza tiene también una relevancia particular. En salud reproductiva se toman decisiones que afectan a las expectativas vitales de las personas. Por ello, la ética clínica debe estar presente en los procesos de decisión y formar parte de la cultura profesional.
Lo mismo ocurre con la ciberseguridad y la protección de datos. La información clínica y reproductiva posee una sensibilidad especial. Protegerla con estándares rigurosos sostiene la relación de confianza con pacientes y familias.
Para que estos compromisos sean efectivos, deben llegar a los órganos de dirección. La sostenibilidad gana fuerza cuando cuenta con responsables claros, seguimiento periódico y objetivos vinculados a la gestión. En un escenario de mayor madurez, algunos objetivos ESG pueden incorporarse también a la retribución del equipo directivo. Este paso suele cambiar la forma en que la sostenibilidad se incorpora a las conversaciones de la dirección y a las decisiones del negocio.
La tecnología puede facilitar también esta evolución. Automatizar la recopilación de datos y utilizar herramientas digitales adecuadas permiten reducir el tiempo dedicado a tareas administrativas y centrar los esfuerzos en interpretar la información y tomar mejores decisiones. La digitalización aporta, además, la trazabilidad necesaria para convertir compromisos generales en objetivos medibles y verificables.
La dimensión ambiental, aunque quizá resulte menos visible en este ámbito específico, merece la misma atención. La gestión de los residuos sanitarios y el consumo energético forman parte de la operativa cotidiana. También la eficiencia de las instalaciones y el uso responsable de materiales. Su gestión alcanza una mayor eficacia cuando se integra en la operativa habitual, con planes específicos que ayuden a impulsar y consolidar los avances.
Participar en espacios de diálogo y aprendizaje colectivo ayuda a seguir avanzando. Iniciativas como el Grupo de Acción de Salud y Sostenibilidad de Forética permiten contrastar enfoques y compartir buenas prácticas con otras organizaciones. Ese intercambio eleva el nivel de ambición y contribuye a abordar retos que afectan al conjunto del sector de la salud. En esa misma línea, ESG Spain representa una oportunidad de encuentro a escala nacional para compartir experiencias y reflexionar sobre los desafíos a los que se enfrentan hoy las organizaciones.
Por último, en el ámbito de la salud reproductiva, integrar los criterios ESG significa alinear el propósito con la gestión y la rendición de cuentas. Se trata de reconocer los impactos de la actividad, ordenarlos y gobernarlos mejor. Así, la sostenibilidad deja de ser una etiqueta y se convierte en una forma de cumplir la misión de la organización, tomando cada decisión con la vista puesta en el paciente y en su proyecto de formar una familia.
Esta tribuna forma parte del especial de Corresponsables con motivo de ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum, organizado por Forética.


