En el verano de 2025, Albet i Noya, bodega familiar del Penedès pionera en viticultura ecológica desde 1978, pasó a formar parte de la comunidad B Corp. Para nosotros, esta certificación no fue un punto de partida, sino la evolución natural de una manera de trabajar construida durante más de 45 años: elaborar vinos de calidad cuidando la tierra, las personas y el territorio.
Ese camino empezó cuando Josep Maria Albet i Noya apostó por una viticultura sin pesticidas, herbicidas ni fertilizantes químicos en un momento en que casi nadie entendía que la agricultura pudiera funcionar sin ellos. Aquella decisión, entonces minoritaria y a menudo cuestionada, nacía de una convicción profunda: la calidad del vino no podía separarse de la salud de la tierra.
Con el tiempo, lo que parecía una rareza fue ganando reconocimiento hasta convertirse en un camino compartido port toda la Denominación de Origen Penedès. Hoy, la agricultura ecológica ya no se percibe como una excepción, sino como una opción lógica, necesaria y responsable para cuidar el suelo, la biodiversidad, las personas que trabajan la viña y el futuro del vino.
El viñedo del futuro
Pero ser pioneros solo tiene sentido si seguimos abriendo camino. Por eso, ante el nuevo escenario climático y social, en Albet i Noya continuamos investigando y trabajando para una viticultura más resiliente, mejor adaptada al cambio climático, más respetuosa con el medio ambiente y más amable con quienes cultivan la tierra y con quienes disfrutan del vino.
Si nuestro pasado está ligado al pionerismo ecológico, nuestro futuro está vinculado a la investigación en variedades resistentes. A través del proyecto VRIAC, impulsamos la investigación de variedades resistentes y autóctonas adaptadas al cambio climático. El objetivo es conseguir viñedos que mantengan la identidad del territorio, pero que sean más resistentes al mildiu y al oídio, y mejor preparados para afrontar sequía, estrés hídrico y episodios de meteorología extrema.
Las variedades resistentes abren la puerta a una viticultura con menos tratamientos, menos paso de tractor, menos compactación del suelo, menos emisiones y mejores condiciones para las personas que trabajan en el campo. Para Albet i Noya, este es el sentido más profundo de la sostenibilidad: no conformarnos con mejorar el modelo actual, sino atrevernos a imaginar y construir el viñedo del futuro.
La certificación más allá del vino
Durante más de cuatro décadas, hemos trabajado nuestros viñedos ecológicos en las Montañas de Ordal, en el Penedès, entendiendo que la viña no es solo una plantación productiva, sino parte de un ecosistema vivo. Los suelos, las cubiertas vegetales, los márgenes de piedra seca, los bosques, la biodiversidad y el agua forman parte de una misma realidad. Cuidar la viña significa también cuidar el paisaje que la hace posible.
Esta visión nos ha llevado a tomar decisiones concretas: reducir consumos, aprovechar el agua de lluvia, apostar por energías renovables, calcular la huella de carbono, reducir el peso de las botellas, avanzar en la reutilización del vidrio y trabajar con proveedores locales y empresas con valor social. Son acciones diversas, pero todas responden a una misma idea: la sostenibilidad no puede ser solo un relato; debe ser una práctica cotidiana.
En este sentido, B Corp nos ha ayudado a avanzar con más estructura y exigencia: a sistematizar procesos, hacernos preguntas incómodas y medir mejor nuestro impacto. Porque el impacto de una bodega no se mide únicamente por el vino que elabora, sino también por cómo se gobierna, cómo trata a las personas, cómo se relaciona con la comunidad y cómo reduce su huella ambiental. Pero la responsabilidad viene de más lejos: de una forma de entender la tierra que empezó en 1978 y que hoy continúa mirando hacia adelante, con una pregunta de fondo: ¿qué vino queremos dejar al mundo que vendrá?
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – B Corp: Empresas con propósito


