Quedan menos de cuatro años para llegar a 2030 y el balance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos obliga a parar y mirar dónde estamos.
El informe mundial de 2026 dibuja un escenario complejo. Solo una parte de las metas avanza al ritmo necesario y, mientras algunos indicadores han mejorado de forma importante desde 2015, otros muestran señales claras de retroceso. La crisis climática, las desigualdades, los conflictos y la falta de financiación están poniendo a prueba muchos de los avances conseguidos durante la última década.
El autobús que ya no pasa
Hay momentos en los que esta realidad deja de ser una cuestión de indicadores y se convierte en una pregunta mucho más incómoda: ¿qué significa realmente no dejar a nadie atrás?
Desde lejos, todo parece más sencillo. Hablamos de desigualdad, envejecimiento, cambio climático o acceso a los servicios y, cuando los ponemos en una lista de objetivos y metas, casi parecen problemas ordenados, medibles, manejables. Pero la vida rara vez funciona así. En los territorios, esas mismas cifras se convierten en el autobús que deja de pasar, la tienda que baja la persiana, la persona mayor que empieza a sentirse sola, el barrio que no tiene un lugar donde encontrarse o el calor que cada verano hace un poco más difícil vivir.
Y es ahí, cuando las cifras tienen rostro, cuando los derechos dejan de parecer una cuestión abstracta. Lo estamos viendo estos días: personas que llegan, niños y niñas que necesitan protección, familias que buscan una oportunidad y una ciudad que tiene que responder a una realidad que desborda cualquier previsión. Pero también algo más incómodo: lo fácil que resulta convertir todo eso en cifras, flujos o problemas de gestión y olvidar que, antes que nada, estamos hablando de personas.
Porque un derecho no debería hacerse más pequeño cuando una persona cruza una frontera. Ni la dignidad debería depender de la capacidad de un territorio para acoger, proteger y cuidar. No dejar a nadie atrás significa precisamente eso: no decidir quién merece ser visto como persona y quién acaba reducido a una cifra.
Y si los problemas se viven en los territorios, de poco sirve diseñar la solución perfecta desde un despacho si luego no encaja con la vida de quienes tienen que llevarla a cabo. Ahí es donde cobran sentido las soluciones locales para retos globales: escuchar a quienes conocen el territorio, identificar lo que ya funciona, descubrir qué recursos y capacidades existen y, a partir de ahí, construir respuestas que tengan sentido para las personas que viven allí.
Transformación desde las propias comunidades
Esta es precisamente la mirada desde la que nace Activando ODS, un proyecto impulsado por Farmamundi y financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, consumo y Agenda 2030, que busca entender los territorios no solo como el lugar donde se manifiestan los grandes retos, sino como espacios desde los que también pueden construirse respuestas. Comunidades capaces de identificar desigualdades, reconocer derechos, activar recursos y generar redes para que nadie quede fuera. Y cuando miramos lo que está ocurriendo en los distintos territorios, esa diversidad se hace visible y adopta formas muy diferentes.
En Asturias, Pulso Social empezó preguntando a los barrios qué estaba pasando. La consulta permitió detectar barreras para acceder a la salud, pero también poner en valor las redes vecinales, profesionales y comunitarias que ya estaban dando respuestas.
En Sabugueira, Galicia, el Plan AS MARÍAS trabaja sobre cuidados, relaciones entre generaciones, autocuidado y mejora del entorno rural. En 2026, el alumnado ha dado un paso más con Sabugueira Viva, un podcast comunitario que recupera historias y conecta a jóvenes, mayores, asociaciones e instituciones para hablar de cuidados, migraciones, participación y sostenibilidad.
En La Macarena, Sevilla, MIMA está tejiendo una red de cuidados que conecta a vecinos, asociaciones, comercios, centros de salud y otros agentes del barrio. El objetivo es reconocer y activar los recursos que ya existen: desde caminatas y encuentros vecinales hasta cuentos, espacios compartidos y otros activos de salud.
En el Rincón de Ademuz, Valencia, PACA, un proceso iniciado en 2023 ha evolucionado desde el diagnóstico y el mapeo de activos hasta el Vademécum Psicosocial, herramientas que permiten conectar recursos comunitarios con personas que pueden necesitarlos.
En Salamanca, DICES crea espacios de diálogo entre jóvenes, personas adultas y mayores para compartir conocimientos sobre salud. La iniciativa nació de un proceso participativo y ha dado lugar a talleres y actividades sobre nutrición, bienestar emocional, salud sexual o farmacología.
Y en Aragón, Hacer fácil lo sano parte de un diagnóstico participativo para identificar los activos, recursos y herramientas que ya existen en el territorio y pueden contribuir a la salud comunitaria. El objetivo es ponerlos en valor y compartir buenas prácticas para que puedan aprovecharse tanto en entornos rurales como urbanos.
Escuchar, conectar, cuidar…
Seis territorios, seis maneras de responder a retos que, en realidad, compartimos. Escuchar, conectar, cuidar, recuperar, participar o poner en valor lo que ya existe pueden parecer acciones pequeñas, pero es precisamente ahí donde los ODS dejan de ser objetivos escritos sobre el papel y empiezan a convertirse en cambios que tienen lugar en barrios, pueblos y comunidades.
El escenario mundial de 2026 nos recuerda que no podemos dar por hecho los avances conseguidos. Pero también que todavía hay margen para actuar.
Porque quizá llegar a 2030 no consista únicamente en sumar metas cumplidas. También en llegar con comunidades que se conocen mejor, que han aprendido a trabajar juntas, que reconocen sus propios recursos y que tienen más herramientas para afrontar los retos que vendrán.
Eso también es avanzar. Aunque no siempre quepa en una gráfica.
Los grandes retos seguirán siendo globales, pero el cambio tendrá que seguir encontrando lugares donde empezar. Y quizá también personas a las que escuchar antes de decidir qué necesitan.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


