Fundación Multiópticas celebra dos décadas de trabajo para acercar la salud visual y auditiva a quienes encuentran más dificultades para acceder a ella. Un recorrido que Salomé Suárez, Directora de Corporativo y Personas y responsable de Fundación Multiópticas, resume en una palabra: «dignidad». «Durante estos 20 años hemos demostrado que la salud visual no es un lujo y que debe estar al alcance de todo el mundo», sostiene.
- Fundación Multiópticas cumple 20 años desde su nacimiento en 2006. Si tuvieras que resumir estas dos décadas, ¿cuál dirías que ha sido la gran aportación de la Fundación a la sociedad?
- Al mirar atrás, ¿hubo algún momento, proyecto o alianza que marcara un antes y un después en la evolución de la Fundación?
- La Fundación nació para acercar atención óptica y material visual a personas y comunidades desfavorecidas. ¿Cómo ha cambiado vuestra forma de responder a esas necesidades?
- ¿Qué habéis aprendido durante estos años sobre la relación entre salud visual, inclusión social, educación, empleabilidad y calidad de vida?
- Uno de los mensajes actuales de la Fundación es «proteger las miradas del futuro», con especial atención a la infancia y a la prevención de la miopía. ¿Por qué se ha convertido en una prioridad?
- ¿Qué consecuencias puede tener no detectar a tiempo un problema visual, especialmente entre niños y niñas que viven en contextos de vulnerabilidad?
- La Fundación realiza revisiones periódicas, impulsa la detección temprana y dona gafas y audífonos. ¿Cómo medís el impacto real de estas actuaciones más allá del número de beneficiarios?
- En proyectos como «Una Mirada Solidaria» colaboráis con entidades sociales y ópticos-optometristas voluntarios. ¿Qué papel desempeñan las alianzas para llegar a quienes más lo necesitan?
- ¿Cómo se articula el voluntariado dentro de Multiópticas y qué aporta internamente a la cultura de la organización?
- Después de 20 años de acción social, ¿cuáles son los principales desafíos en materia de salud visual y auditiva, especialmente para los colectivos vulnerables en España?
La organización ha evolucionado desde la donación de gafas para atender necesidades inmediatas hacia un modelo basado en la prevención, las alianzas y la atención a la infancia. «Pasamos de ser generosos a ser eficientes«, explica Suárez, quien alerta sobre el avance de la miopía infantil y las consecuencias educativas y sociales de no detectar a tiempo un problema visual. En esta entrevista con Corresponsables, también aborda la importancia del voluntariado, la salud auditiva, el envejecimiento de la población y la necesidad de preservar el trato humano: «Que alguien te escuche, te mire y mantenga una conversación contigo no puede sustituirlo nada».
Fundación Multiópticas cumple 20 años desde su nacimiento en 2006. Si tuvieras que resumir estas dos décadas, ¿cuál dirías que ha sido la gran aportación de la Fundación a la sociedad?
Después de reflexionar sobre estos 20 años, me quedaría con una palabra: dignidad. Hemos contribuido a devolver algo tan básico como ver bien a personas que se encuentran, principalmente, en situaciones de vulnerabilidad.
Quienes vemos bien no siempre somos conscientes de lo que supone no poder acceder a unas gafas o a una revisión visual. Para cualquiera de nosotros puede parecer algo muy sencillo, pero no lo es para una persona que debe priorizar necesidades como comer o disponer de un hogar. En esas circunstancias, muchas veces ni siquiera se plantea acudir a una revisión, aunque sepa que no ve correctamente.
Por eso, ver bien devuelve dignidad a las personas. Durante estos 20 años hemos demostrado que la salud visual no es un lujo y que debe estar al alcance de todo el mundo.
Al mirar atrás, ¿hubo algún momento, proyecto o alianza que marcara un antes y un después en la evolución de la Fundación?
No creo que existiera un único momento concreto. Lo que se produjo fue una reflexión interna y, jugando precisamente con la visión, un cambio de mirada.
Pasamos de preguntarnos qué podíamos hacer y responder que podíamos graduar y donar gafas, a plantearnos la necesidad de construir alianzas. Nos dimos cuenta de que solos no podíamos llegar. Somos especialistas en graduación, disponemos de buenos productos y conocemos muy bien la salud visual, pero no somos quienes mejor saben qué personas se encuentran en una situación de vulnerabilidad ni dónde están.
Para eso necesitábamos contar con entidades especializadas y con conocimiento del territorio, tanto en España como en el ámbito internacional. Pasamos de ser generosos a ser eficientes, y creo que ese cambio fue el que realmente marcó la diferencia en nuestra evolución.
La Fundación nació para acercar atención óptica y material visual a personas y comunidades desfavorecidas. ¿Cómo ha cambiado vuestra forma de responder a esas necesidades?
Hemos evolucionado desde una atención centrada en la urgencia, en apagar fuegos y donar gafas cuando el problema ya existía, hacia un modelo que también apuesta por la prevención. Donar unas gafas es necesario, pero supone actuar cuando la necesidad ya está presente. Nosotros queríamos llegar antes.
Por eso hemos puesto buena parte del foco en la infancia. Nuestro lema es que Fundación Multiópticas cuida las miradas del futuro, porque queremos proteger la salud visual de los más pequeños. Lógicamente, vamos a seguir ayudando a las personas que ya tienen un problema visual, pero también queremos dar un paso atrás para concienciar a la sociedad sobre la importancia de cuidar la vista.
Actualmente nos encontramos ante un gran desafío, como es el avance de la miopía infantil, de la que incluso se habla como una posible pandemia. Un problema de esta magnitud solo puede abordarse desde la prevención, la concienciación y las revisiones periódicas.
¿Qué habéis aprendido durante estos años sobre la relación entre salud visual, inclusión social, educación, empleabilidad y calidad de vida?
Hemos aprendido que todo está conectado. Un niño que no ve bien puede ser considerado despistado, inquieto o mal estudiante, cuando el problema se encuentra realmente en otro lugar.
Puede estar en clase intentando seguir una explicación o leer lo que aparece en la pizarra y no verlo correctamente. Eso provoca que le cueste mantener la atención, pero el propio niño no sabe a qué atribuirlo porque nadie le ha explicado la diferencia entre ver bien y no hacerlo. Tampoco ha tenido la oportunidad de acudir a una primera revisión visual que permita identificar el problema.
En la edad adulta sucede algo parecido. Una persona que no ve bien puede encontrar más dificultades para acceder a un empleo, mantener su autonomía o disfrutar de una buena calidad de vida, además de enfrentarse a un mayor riesgo de aislamiento. La salud visual tiene una relación directa con la educación, la empleabilidad y la inclusión social. Absolutamente todo está conectado.
Uno de los mensajes actuales de la Fundación es «proteger las miradas del futuro», con especial atención a la infancia y a la prevención de la miopía. ¿Por qué se ha convertido en una prioridad?
Hace 15 años no éramos plenamente conscientes del cambio que iba a producirse. Fundación Multiópticas mantiene una colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, que ha utilizado también nuestras ópticas para desarrollar investigaciones y analizar distintas situaciones relacionadas con la salud visual.
Al mismo tiempo, los datos generales sobre la miopía infantil son muy llamativos. Uno de cada tres niños es miope y se prevé que cerca del 50% de la población mundial tenga miopía en 2050. En España, actualmente afecta aproximadamente al 19% de los niños de entre cinco y siete años, y las estimaciones apuntan a que en 2030 podría alcanzar al 30% de los menores de esa franja de edad.
El problema no es únicamente la miopía en sí, sino las consecuencias que puede ocasionar posteriormente. Un niño con miopía puede presentar en el futuro un mayor riesgo de glaucoma, degeneración macular y otras patologías graves que pueden llegar a provocar ceguera.
Socialmente tampoco estamos suficientemente preparados. Muchas familias descubren que su hijo es miope cuando el problema ya ha avanzado y desconocen que actualmente existen tratamientos que, aunque no siempre evitan su aparición, sí pueden frenar su progresión. La solución no consiste únicamente en poner unas gafas: el primer paso debe ser la concienciación y la revisión visual temprana.
¿Qué consecuencias puede tener no detectar a tiempo un problema visual, especialmente entre niños y niñas que viven en contextos de vulnerabilidad?
En estos contextos, las consecuencias pueden ser todavía más graves. Una desigualdad que hoy parece pequeña, como no haber podido cuidar adecuadamente la salud visual, puede convertirse a largo plazo en una desigualdad mucho mayor.
No detectar un problema puede afectar al rendimiento escolar, a la capacidad del niño para seguir las clases, a su autoestima y, con el paso del tiempo, a sus oportunidades laborales y sociales. Además, el propio menor puede no ser consciente de que ve mal y asumir que sus dificultades forman parte de su manera de aprender.
Por eso, todo aquello que podamos detectar, frenar o cuidar con antelación es fundamental. La prevención ayuda a evitar que una dificultad visual termine condicionando el desarrollo educativo, social y personal de un niño.
La Fundación realiza revisiones periódicas, impulsa la detección temprana y dona gafas y audífonos. ¿Cómo medís el impacto real de estas actuaciones más allá del número de beneficiarios?
La parte cuantitativa es relativamente fácil de medir. Podemos contabilizar las revisiones realizadas, las gafas entregadas o los audífonos donados. En estos 20 años hemos superado las 100.000 gafas donadas y hemos recogido cerca de medio millón de gafas para su reciclaje. Son cifras que aparecen en nuestros planes de acción y en nuestras memorias.
Lo difícil de medir es todo aquello que no aparece en una cifra. ¿Cómo cuantificas el impacto que has generado en una persona atendida en Senegal? Para conocerlo es necesario hablar con la gente y escuchar las experiencias de los voluntarios que enviamos desde nuestras ópticas. Además de conocer cuántas personas han graduado o atendido, queremos que nos cuenten esos pequeños detalles que no aparecen en ningún dosier.
Cada acción tiene sus propias historias. Viajar a Senegal no es lo mismo que atender una necesidad en España, porque las prioridades y las circunstancias son distintas. Sin embargo, existe un elemento común: el agradecimiento de quien ha tenido, quizá por primera vez, la posibilidad de hacerse una revisión visual. Muchas de estas personas ni siquiera se lo habían planteado porque antes debían cubrir necesidades como la alimentación o la vivienda.
Ese impacto se conoce mediante la conversación, la escucha y la emoción. La gente no se suma a la Fundación por una cifra, sino por todo lo que hay detrás de esa cifra. Un voluntario no participa únicamente porque hayamos donado un determinado número de gafas, sino por las experiencias que otras personas le han contado, por lo vivido durante una acción y por la riqueza humana que uno se trae de vuelta.
En un mundo cada vez más marcado por la Inteligencia Artificial, creo que será más importante que nunca no perder ese contacto con la gente. Llegará un momento en el que una máquina pueda graduarte; de hecho, en cierta medida ya sucede. Pero la persona debe continuar detrás. Que alguien te escuche, te mire y mantenga una conversación contigo no puede sustituirlo nada.
La tecnología nos obligará a adaptarnos y tendremos que hacerlo cada vez más rápido. Antes, los cambios derivados de una revolución industrial se producían durante largos periodos; ahora, o te adaptas rápidamente o llegas tarde. Aun así, esa adaptación no debe hacernos perder el factor humano.
En proyectos como «Una Mirada Solidaria» colaboráis con entidades sociales y ópticos-optometristas voluntarios. ¿Qué papel desempeñan las alianzas para llegar a quienes más lo necesitan?
Las alianzas nos permiten llegar donde nunca podríamos hacerlo solos. Para asumirlo tuvimos que realizar un ejercicio de humildad. Sabemos que somos muy buenos en nuestro ámbito, que disponemos de buenos productos y que somos especialistas en graduación y en la atención de la salud visual y auditiva, pero nuestros recursos y conocimientos profesionales no son suficientes si no sabemos dónde se encuentran las necesidades.
Nosotros aportamos esos recursos, los productos y la estructura. Las entidades sociales, tanto nacionales como internacionales, aportan su conocimiento del terreno, identifican las necesidades y saben cómo llegar a las personas que requieren atención.
Como estamos muy centrados en la infancia, trabajamos con organizaciones como Fundación Soñar Despierto, Accem, Mensajeros de la Paz y Aldeas Infantiles SOS. Dentro de nuestra apuesta por proteger las miradas del futuro y sensibilizar sobre el uso de las pantallas, también impulsamos un concurso literario infantil y juvenil en colaboración con el Festival ABRAPALABRA, organizado por La Fábrica y Fundación Montemadrid.
Asimismo, colaboramos con Fundación Juegaterapia a través de sus Baby Pelones. Con la venta de estos muñecos mediante nuestra web y las ópticas Multiópticas, hemos contribuido a humanizar la sala de oftalmología pediátrica del Hospital Universitario La Paz. Se ha creado un espacio más bonito, amable y adaptado a los niños que acuden por un problema visual o deben someterse a una intervención. En esta unidad se atiende también a pacientes pediátricos con retinoblastoma, un cáncer ocular infantil.
En el ámbito internacional trabajamos con Ecodesarrollo Gaia, junto a la que viajamos a Senegal para realizar revisiones y atender la salud visual y auditiva de la población. Para nosotros, las alianzas son fundamentales. Solos no podemos hacerlo todo.
¿Cómo se articula el voluntariado dentro de Multiópticas y qué aporta internamente a la cultura de la organización?
El voluntariado forma parte del ADN de MO GLOBAL EYEWEAR. La compañía nació como cooperativa y mantuvo esa forma jurídica hasta 2024, cuando pasó de Multiópticas, S.Coop. a la denominación actual: MO GLOBAL EYEWEAR, S.L. Aun así, el espíritu cooperativista sigue muy presente en nuestra cultura. La Fundación nació dentro de ese marco en 2006 y ha heredado esa vocación de compromiso compartido.
Ese espíritu se traduce en que quienes impulsamos la Fundación lo hacemos de forma voluntaria, compaginándolo con nuestras responsabilidades en la compañía. Participan profesionales de distintas áreas: financiera, comunicación, corporativo, comercial y otras que integran esta labor en su día a día porque creen en el proyecto y quieren contribuir.
Y esa es precisamente una de nuestras fortalezas: quienes participamos en la Fundación somos realmente voluntarios. No se trata de una tarea impuesta, sino de un compromiso compartido que forma parte de nuestra cultura y que refuerza el sentido de pertenencia dentro de la organización.
Después de 20 años de acción social, ¿cuáles son los principales desafíos en materia de salud visual y auditiva, especialmente para los colectivos vulnerables en España?
Creo que actualmente tenemos tres grandes retos. Aunque desde la Fundación trabajamos especialmente con personas y entornos vulnerables, son desafíos que afectan al conjunto de la población y que también compartimos como compañía.
El primero es la prevención. Debemos concienciar mucho más sobre la importancia de revisar la vista, tanto si creemos que tenemos un problema como si no hemos detectado ninguna dificultad. Cuando una persona nota claramente que necesita una solución, en ocasiones el problema ya ha avanzado. En el caso de la miopía infantil, realizar revisiones periódicas aunque no exista una señal evidente puede resultar decisivo.
El segundo reto es la salud auditiva, que muchas veces consideramos el hermano pequeño de la salud visual. La sociedad identifica inmediatamente a Multiópticas con la visión, aunque también trabajamos en el cuidado de la audición. Tradicionalmente, los problemas auditivos se han relacionado con edades avanzadas, pero deberíamos empezar a incorporar revisiones mucho antes.
La tecnología ha cambiado nuestros hábitos. En las oficinas vemos a muchas personas que trabajan permanentemente con auriculares, ya sea para participar en videollamadas, aislarse del ruido o escuchar música y pódcast. Pasamos muchas horas expuestos al sonido directamente en el oído y eso también puede perjudicar nuestra salud auditiva.
El tercer gran desafío es el envejecimiento de la población. España avanza hacia una sociedad cada vez más envejecida y debemos anticiparnos, adaptar la atención y poner soluciones antes de que aparezcan problemas más graves.
Estos tres retos afectan a toda la sociedad, con independencia de sus recursos económicos, pero cuando los trasladamos a personas en situación de vulnerabilidad, su impacto se multiplica. Por eso, la prevención, la atención temprana y la accesibilidad deben ocupar un lugar central durante los próximos años.
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