Generali Investments señala que, tras dos años de entusiasmo casi generalizado, 2026 ha marcado un punto de inflexión en el debate sobre la inteligencia artificial. El foco ha dejado de estar únicamente en su potencial transformador para centrarse en una cuestión más fundamental: si es financieramente sostenible el auge de la inversión y si los cerca de 600.000 millones de USD que hiperescaladores y desarrolladores de modelos de frontera invierten cada año —y que podrían alcanzar los 3 billones de USD en 2030— terminarán generando una rentabilidad adecuada.
Al mismo tiempo, tres acontecimientos importantes sugieren que la IA está entrando en una nueva fase de su ciclo de inversión. El primero se refiere a cómo se están financiando estas inversiones. Durante años, los hiperescaladores pudieron financiar internamente su expansión, generando flujos de caja suficientes no solo para respaldar el gasto de capital, sino también para llevar a cabo importantes programas de recompra de acciones.
Hoy, sin embargo, la magnitud del capex relacionado con la IA ha cambiado radicalmente la ecuación. Solo los mayores actores han captado entre 160.000 y 170.000 millones de USD, según las estimaciones, en el mercado de bonos, mientras que el coste de asegurar su deuda —reflejado en los diferenciales de los credit default swaps (CDS)— se ha ampliado en algunos casos desde unos 50 hasta casi 200 puntos básicos.
Esto representa un cambio estructural. A medida que los mercados de capitales empiezan a examinar con mayor detenimiento el gasto en inversión, la asignación de capital se vuelve cada vez más disciplinada y menos discrecional.
El segundo acontecimiento se refiere a la evolución de la cadena de valor de la IA.La visión convencional considera los modelos de código abierto —especialmente los desarrollados en China— como una amenaza para las principales plataformas estadounidenses de IA. Sin embargo, un análisis más detallado apunta a una realidad más matizada.
Es probable que los modelos de frontera sigan siendo indispensables durante las fases de descubrimiento y validación de nuevos casos de uso, en las que el rendimiento y la fiabilidad importan más que el coste. Por el contrario, los modelos de código abierto se vuelven cada vez más atractivos una vez que las aplicaciones maduran y necesitan desplegarse a gran escala, momento en el que el coste por token pasa a ser el factor dominante.
En lugar de sustituirse unos a otros, es probable que estas tecnologías coexistan, desempeñando funciones complementarias en las diferentes etapas de la cadena de valor de la IA.
El tercer acontecimiento, y quizá el más llamativo, es la extraordinaria velocidad del propio ciclo.A diferencia de anteriores revoluciones industriales, que se desarrollaron a lo largo de décadas, el ciclo de la IA ya muestra signos de madurez apenas cuatro años después de su aparición, tanto en lo relativo a las tendencias del gasto de capital como al comportamiento del mercado.
Hasta ahora, la estrategia de inversión más exitosa ha consistido en centrarse en los cuellos de botella creados por la fase de crecimiento exponencial, como los semiconductores, la memoria y la infraestructura de computación, que en conjunto han representado aproximadamente dos tercios del aumento de la capitalización bursátil del sector tecnológico desde el rebote del mercado en marzo.
Sin embargo, a medida que madura el ciclo de inversión de capital, la atención de los inversores está desplazándose gradualmente desde quienes construyen la infraestructura de IA hacia quienes son capaces de extraer un valor económico duradero de su adopción.
¿Quiénes se perfilarán como los próximos ganadores?
La respuesta puede estar en sectores que rara vez se asocian con el ámbito tecnológico. Los bancos comerciales, por ejemplo, ya utilizan la IA para mejorar procesos como la evaluación crediticia, mientras que las compañías energéticas tradicionales están aplicando modelos avanzados de IA al análisis geológico para la exploración de petróleo y gas, mejorando drásticamente unas capacidades de procesamiento de datos que eran inimaginables hace apenas unos años.
Un indicador útil para supervisar la salud del ciclo de inversión sigue siendo la cartera comercial contratada de los hiperescaladores.
Cuando la demanda contratada crece más rápido que el gasto de capital —como ha señalado Microsoft, apuntando a aproximadamente dos años y medio de visibilidad sobre los ingresos— significa que la nueva capacidad de computación se está reservando, en la práctica, incluso antes de construirse.
Por tanto, una desaceleración del crecimiento de la cartera contratada en relación con el capex podría ofrecer una señal temprana de que el gasto en inversión empieza a moderarse.
Paradójicamente, una moderación del gasto de capital no tendría por qué ser negativa para todos. Aunque probablemente afectaría a los proveedores de infraestructura, podría resultar favorable para los propios hiperescaladores, que afrontan una presión creciente para equilibrar sus ambiciones de crecimiento con la generación de flujo de caja.
El software merece una consideración específica
Ha sido uno de los sectores más castigados por las ventas indiscriminadas provocadas por el temor a la disrupción tecnológica. Aunque una parte de la corrección refleja una presión real sobre los fundamentales, otra parece haber estado impulsada más por el posicionamiento del mercado que por un deterioro estructural.
La historia reciente de los bancos comerciales ofrece una perspectiva útil. Hace una década, se esperaba ampliamente que las fintech hicieran estructuralmente obsoleta a la banca tradicional. Hoy, los bancos europeos están registrando algunos de sus mejores niveles de rentabilidad y retorno para los accionistas en más de treinta años.
Esta experiencia sugiere que los inversores deberían actuar con cautela antes de descartar sectores enteros basándose únicamente en narrativas de mercado simplificadas.
En un ciclo de inversión que avanza más rápido que cualquier revolución industrial anterior, distinguir entre ganadores estructurales, perdedores temporales y auténticas oportunidades contrarian sigue siendo uno de los principales desafíos para los inversores activos.
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