Hablar de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en un informe corporativo no implica necesariamente haberlos incorporado a la estrategia ni poder demostrar qué resultados está generando esa apuesta. Distinguir entre la presencia de los ODS en el discurso empresarial y su integración efectiva en la gestión es precisamente el punto de partida de una investigación que pone el foco sobre las principales compañías cotizadas de España y Portugal.
El trabajo, publicado en la European Journal of Sustainable Development, lleva por título Connecting Sustainable Development and Corporate Sustainability through a 2030 Agenda Disclosure Index: Evidence from the Top-listed Iberian Companies y está firmado por Eugenia Suárez-Serrano, Profesora Asociada del Departamento de Administración de Empresas de la Universidad de Oviedo; Pilar L. González-Torre, Catedrática del mismo departamento; y Enrique Covián-Regales, vinculado al Gobierno del Principado de Asturias. Sus líneas de investigación abarcan la Sostenibilidad corporativa y el desarrollo sostenible, la logística inversa, el medio rural y la medición de la incertidumbre.
Los investigadores plantean una herramienta propia, el 2030 Agenda Disclosure Index (DI2030A), con la que tratan de superar una limitación habitual de este tipo de análisis: evaluar únicamente si una empresa menciona o no los ODS. Su propuesta busca determinar cómo se materializa esa vinculación, desde actuaciones básicamente simbólicas hasta niveles más sustantivos de integración en la actividad empresarial.
Los resultados dibujan una evolución positiva, aunque todavía insuficiente. La puntuación media de las cotizadas analizadas alcanzó 2,13 puntos sobre 4 en 2022, frente a 1,99 en 2020. Según la propia escala diseñada por los autores, este resultado sigue situado en un nivel considerado «mediocre», con especial margen de mejora en la relación con los grupos de interés y en el seguimiento de los compromisos adquiridos.
Medir el paso de la declaración a la integración
La investigación parte de las compañías integrantes del IBEX 35 español y del PSI 20 portugués. Finalmente se obtuvo información de las 35 compañías del índice español y de 19 portuguesas, lo que conforma una muestra de 54 grandes cotizadas ibéricas. Los investigadores analizaron los informes de Sostenibilidad o Responsabilidad Social correspondientes a 2020 y 2022 disponibles en las páginas corporativas, recopilando la información entre enero y marzo de 2024.
El índice no se limita a contabilizar referencias a la Agenda 2030. Los autores construyen un modelo alrededor de tres grandes dimensiones: equilibrio, valor y rendición de cuentas, que posteriormente se concretan en cinco elementos: compromiso con las dimensiones ESG, compromiso con los ODS, participación de los grupos de interés, seguimiento mediante indicadores y accesibilidad de los informes.
Cada elemento recibe una puntuación de 0 a 4, desde la inexistencia de información hasta un grado elevado de integración. Así, por ejemplo, mencionar los ODS representa un nivel inferior a identificar las actividades empresariales vinculadas con ellos, mientras que el máximo nivel exige que los Objetivos estén integrados en las propias operaciones de la compañía. En relación con los grupos de interés, la escala avanza desde su mera identificación hasta la creación de alianzas con ellos para contribuir al cumplimiento de los ODS.
El mismo criterio se aplica al seguimiento. No recibe la misma valoración una empresa que simplemente presenta indicadores que otra que analiza su evolución, establece objetivos anuales o plurianuales y comunica el grado de cumplimiento alcanzado. De esta forma, el modelo busca introducir una distinción que resulta especialmente relevante en el debate sobre la Sostenibilidad corporativa: el tránsito desde la comunicación simbólica hasta una aportación más sustantiva.
La metodología también trata de reducir la subjetividad de la evaluación. La información fue recopilada manualmente a partir de fuentes corporativas públicas y codificada mediante la escala establecida. El proceso fue revisado entre investigadores y el tercer autor intervino cuando se produjeron discrepancias en la valoración.
Más compromiso con los ODS que diálogo con los grupos de interés
La fotografía de 2022 muestra diferencias importantes entre las distintas dimensiones. El apartado mejor situado fue el equilibrio entre las dimensiones de la Sostenibilidad, con 2,42 puntos, mientras que la rendición de cuentas obtuvo 2,12 y la dimensión relacionada con la creación de valor y los stakeholders quedó en 1,87.
Al entrar en los cinco componentes concretos, el compromiso con los ODS obtuvo la mayor valoración, con 2,44 puntos, seguido por el compromiso ESG, con 2,39, y la accesibilidad de los informes, con 2,23. En cambio, el seguimiento se situó en 2 puntos y la participación de los grupos de interés volvió a quedar en 1,87, el resultado más bajo del conjunto.
La comparación temporal aporta, sin embargo, señales de avance. Entre 2020 y 2022, el índice global pasó de 1,99 a 2,13 puntos. El compromiso con los ODS aumentó de 2,18 a 2,44; la participación de los stakeholders, de 1,43 a 1,87; y el seguimiento, de 1,88 a 2. La accesibilidad de los informes siguió el recorrido contrario y pasó de 2,47 a 2,23. Los autores interpretan el conjunto como una evolución hacia un mayor compromiso empresarial, aunque todavía dentro de unos resultados medios alejados de los niveles más sustantivos de la escala.
Es precisamente esta distancia entre declaración y ejecución una de las cuestiones que más interesan a los investigadores. El artículo conecta sus resultados con la literatura que viene alertando sobre la posible separación entre la retórica corporativa, las actuaciones reales y la relación efectiva con los grupos de interés. El índice pretende aportar una forma más detallada de observar ese espacio y de identificar posibles comportamientos asociados al greenwashing.
También aparecen diferencias entre España y Portugal. Las empresas españolas alcanzaron una puntuación global media de 2,28, frente a 1,87 de las portuguesas. Las compañías del IBEX 35 obtuvieron igualmente mejores resultados significativos en dimensiones como el equilibrio y la rendición de cuentas. Aun así, los autores subrayan que en los dos países conviven empresas con resultados elevados y bajos y que tanto unas como otras tienen recorrido por delante en la colaboración con sus stakeholders.
El sector y el tamaño también ofrecen información. La investigación encuentra una mayor presencia de los ODS en la comunicación de compañías de sectores con mayores impactos sobre la Sostenibilidad, como industria y construcción, mientras que las grandes empresas muestran una mayor propensión a divulgar su compromiso con los Objetivos que las de menor tamaño. Los autores lo relacionan, entre otros factores, con una mayor exposición a las demandas de los grupos de interés y con los propios impactos derivados de su actividad.
Qué tienen en común las empresas más avanzadas
Uno de los elementos diferenciales del estudio está en buscar qué factores empresariales aparecen vinculados con mejores resultados. Para ello, los autores analizan variables como el país, tamaño y sector; la pertenencia al Dow Jones Sustainability Index (DJSI); la adhesión al Pacto Mundial de las Naciones Unidas (UN Global Compact); la utilización de los estándares GRI; la existencia de códigos éticos y comités de Sostenibilidad; o determinadas características del consejo de administración.
Entre todos ellos, la adhesión al UN Global Compact es el factor con un mayor número de relaciones estadísticamente significativas, seguido por país, tamaño y utilización de GRI. También aparecen vinculaciones con sector, pertenencia al DJSI, existencia de un comité de Sostenibilidad, códigos éticos y tamaño del consejo de administración.
En cambio, el análisis no encontró diferencias estadísticamente significativas asociadas a la elaboración de un informe integrado ni a la presencia de mujeres o consejeros independientes en los consejos dentro de esta muestra. El resultado no implica que estas variables carezcan de relevancia para la Sostenibilidad corporativa, sino que el trabajo no detecta una relación significativa entre ellas y los indicadores concretos utilizados en el DI2030A.
Los investigadores fueron un paso más allá y dividieron las 54 compañías en dos grupos a partir de la puntuación media del índice. 29 empresas integraron el grupo considerado más comprometido con el desarrollo sostenible y 25 el de menor compromiso. El primero obtuvo una media de 2,47 puntos frente a 1,75 del segundo.
El perfil estadístico de las compañías situadas en el grupo superior resulta especialmente revelador. El 75,9% eran españolas, el 97% grandes empresas, el 55,2% pertenecía al DJSI, el 88,7% estaba adherido al UN Global Compact y el 58,6% disponía de un comité de Sostenibilidad. En el grupo con menor puntuación, estos dos últimos porcentajes descendían al 52% y al 32%, respectivamente, mientras que solo un 20% pertenecía al DJSI.
Los resultados no permiten, por sí solos, establecer que estos elementos sean la causa de un mejor desempeño, pero sí muestran una asociación entre determinadas estructuras, marcos de referencia y prácticas organizativas y una integración más sustantiva de la Agenda 2030.
Una herramienta para empresas, stakeholders y reguladores
Para Suárez-Serrano, González-Torre y Covián-Regales, una de las principales aportaciones de la investigación es precisamente haber desarrollado por primera vez un índice específico de divulgación de la Agenda 2030 como aproximación a la contribución empresarial al desarrollo sostenible, construido además a partir de información corporativa pública original y no de bases de datos secundarias estandarizadas.
Eso permite que el modelo sea compatible con diferentes estándares y que pueda emplearse también como herramienta de autoevaluación y posicionamiento empresarial. En lugar de reducir la relación con los ODS a una variable binaria —se informa o no se informa—, la escala permite observar diferentes grados de madurez y detectar dónde está el salto entre una aproximación simbólica y otra integrada en las operaciones, el seguimiento y la relación con los grupos de interés.
La investigación encuentra asimismo relaciones positivas entre determinados componentes del índice y la adhesión a marcos como UN Global Compact y GRI o la pertenencia al DJSI, además de factores internos como los comités de Sostenibilidad y el tamaño de los consejos. Los códigos éticos también aparecen como una variable relacionada con determinados resultados del modelo, aunque su comportamiento no es uniforme en todos los indicadores.
El marco puede resultar igualmente útil para ONG, sociedad civil y otros stakeholders interesados en diferenciar una integración efectiva de la Sostenibilidad de planteamientos fundamentalmente reputacionales o de greenwashing. Para los responsables públicos, los investigadores consideran que los resultados obtenidos refuerzan la importancia de marcos regulatorios capaces de elevar la calidad, comparabilidad y rendición de cuentas de la información corporativa en Sostenibilidad.
Los propios autores advierten, en cualquier caso, de las limitaciones del trabajo. La muestra se concentra en las compañías del IBEX 35 y PSI 20, por lo que plantean como futuras líneas de investigación extender el índice al conjunto de cotizadas españolas y portuguesas, replicarlo en otros países y mercados y analizar longitudinalmente cómo los cambios regulatorios transforman el comportamiento de las empresas. También proponen incorporar nuevas variables de país y gobierno corporativo y complementar la metodología con estudios de caso y entrevistas en profundidad a directivos.
La investigación, financiada con apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), deja así una conclusión especialmente pertinente para el debate empresarial actual: la presencia de los ODS en los informes ha avanzado, pero la verdadera diferencia aparece cuando ese compromiso puede seguirse, medirse y conectarse con las decisiones empresariales y con quienes reciben sus impactos.


