Las infraestructuras de transporte desempeñan un papel esencial en la movilidad de personas y mercancías, pero también se encuentran entre los activos más expuestos a los efectos del cambio climático. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), fenómenos como las inundaciones y las tormentas concentran una parte significativa de las pérdidas económicas asociadas a los eventos climáticos extremos en Europa, poniendo a prueba la resiliencia de carreteras, ferrocarriles y otras infraestructuras críticas.
- Entrevista a Ana Solá, Directora de Cinesi
- ¿Qué tipo de riesgos concretos enfrentan hoy las infraestructuras de transporte y qué impacto económico tiene no anticiparlos desde la fase de planificación?
- ¿Qué metodologías o herramientas utilizan para integrar escenarios climáticos futuros en el diseño de infraestructuras?
- En el proyecto de la Via Verda de Collegats, ¿qué aprendizajes clave destacarían sobre cómo adaptar infraestructuras a zonas inundables sin incrementar significativamente los costes?
- ¿Qué papel deben jugar las administraciones públicas y el sector privado para acelerar la incorporación de criterios de resiliencia climática en las infraestructuras?
- ¿Qué mensaje trasladarían a empresas y administraciones que aún no están integrando la resiliencia climática como un eje estratégico en sus proyectos?
Durante décadas, estas infraestructuras se diseñaron tomando como referencia las condiciones climáticas del pasado. Sin embargo, el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos exige un cambio de paradigma: incorporar escenarios climáticos futuros en la planificación, el diseño y la gestión de los proyectos para garantizar su seguridad, funcionalidad y sostenibilidad a largo plazo.
En este contexto, entrevistamos a Ana Solá, Directora de Cinesi, para conocer cómo las organizaciones están integrando la adaptación climática en sus estrategias, qué retos plantea este nuevo enfoque y qué oportunidades ofrece para construir infraestructuras más resilientes y preparadas para el futuro.
Entrevista a Ana Solá, Directora de Cinesi
¿Qué tipo de riesgos concretos enfrentan hoy las infraestructuras de transporte y qué impacto económico tiene no anticiparlos desde la fase de planificación?
En España, este debate ha cobrado relevancia en los últimos años tras diversos episodios de temporales que han afectado a carreteras, redes ferroviarias y otras infraestructuras estratégicas. Se estima que las inundaciones registradas en 2024 en Valencia provocaron daños por un valor aproximado de 10.700 millones de euros, sin contar las pérdidas humanas ni los daños personales.
¿Qué metodologías o herramientas utilizan para integrar escenarios climáticos futuros en el diseño de infraestructuras?
En este contexto, distintas administraciones y organismos públicos están impulsando estudios específicos para analizar la vulnerabilidad de las redes de transporte frente al cambio climático.
La integración de inteligencia artificial permitirá anticipar incidencias, mejorar los procesos internos y ofrecer un mejor servicio. Asimismo, los gemelos digitales se están consolidando como una herramienta clave para simular escenarios complejos y reforzar la resiliencia de los sistemas de movilidad.
En el proyecto de la Via Verda de Collegats, ¿qué aprendizajes clave destacarían sobre cómo adaptar infraestructuras a zonas inundables sin incrementar significativamente los costes?
Se ha descartado el uso de estructuras como pasarelas o voladizos. Además, el perfil transversal se ha diseñado para favorecer el drenaje hacia el río Noguera Pallaresa.
Adicionalmente, se han incorporado elementos que facilitan la evacuación del agua: las barreras New Jersey cuentan con huecos transversales en su base y, en las zonas con mayor probabilidad de inundación, se han dejado espacios de pocos decímetros para favorecer el desagüe.
¿Qué papel deben jugar las administraciones públicas y el sector privado para acelerar la incorporación de criterios de resiliencia climática en las infraestructuras?
Es fundamental que administraciones públicas y sector privado trabajen de forma coordinada para integrar la resiliencia climática desde la planificación hasta la operación de las infraestructuras.
Más allá de la descarbonización, uno de los retos clave es garantizar la continuidad del servicio ante eventos extremos. En este sentido, cobra especial importancia avanzar hacia sistemas energéticos más robustos y autosuficientes, incorporando generación distribuida, almacenamiento y soluciones que permitan mantener la operatividad del transporte incluso en situaciones de fallo de red, como apagones.
Asimismo, las administraciones deben impulsar marcos regulatorios claros y estables que incentiven la inversión en resiliencia, mientras que el sector privado debe aportar innovación y capacidad de ejecución. La colaboración público-privada será clave para acelerar la adaptación de las infraestructuras a un entorno cada vez más incierto.
Todo ello debe abordarse desde un equilibrio entre flexibilidad para adaptarse a nuevos riesgos y visión a largo plazo, que garantice coherencia en las estrategias de movilidad y sostenibilidad.
¿Qué mensaje trasladarían a empresas y administraciones que aún no están integrando la resiliencia climática como un eje estratégico en sus proyectos?
Integrar la resiliencia climática en el diseño de infraestructuras no siempre implica grandes inversiones adicionales. En muchos casos, se trata simplemente de analizar el territorio y adaptar las soluciones para que funcionen también en escenarios climáticos más exigentes.
Anticiparse no solo reduce riesgos, sino que también evita costes mucho mayores en el futuro y mejora la fiabilidad de los servicios. La resiliencia ya no es una opción, sino una condición necesaria para garantizar infraestructuras seguras, eficientes y preparadas para el futuro.
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