En una entrevista exclusiva para Corresponsables, Inma Cima, responsable de Fastned, reflexiona sobre el momento crucial para la electromovilidad, destacando la necesidad de avanzar en la infraestructura de recarga rápida y en la integración de energías renovables para lograr una transición energética real. Además, subraya cómo las nuevas deducciones fiscales pueden acelerar el cambio hacia un transporte más limpio y cómo España puede convertirse en líder en electromovilidad, impulsando tanto la sostenibilidad como la competitividad industrial.
- Nos encontramos en un complejo contexto para la combustión, que sufre un incremento de precios sin precedentes. ¿Es momento de apostar de verdad por la electromovilidad?
- El Gobierno acaba de aprobar nuevas deducciones de IRPF para quienes compren vehículos eléctricos. ¿Cómo cree Fastned que estas ayudas pueden acelerar la movilidad eléctrica?
- ¿Por qué considera Fastned que sin una red sólida de recarga rápida es imposible avanzar hacia una transición energética real y cumplir con los ODS?
- Cómo imagina Fastned la transición de las electrolineras a micro hubs energéticos? ¿Qué papel juega la energía 100% renovable en todo eso?
- ¿Cuáles son hoy las principales barreras regulatorias que frenan el despliegue de la infraestructura de recarga en España y qué cambios serían imprescindibles para evitar que nos quedemos atrás frente a Europa?
- Si Fastned logra desplegar la red de recarga rápida que exige la normativa europea, ¿cómo cambiaría la experiencia de viajar de forma sostenible por España en 2030 para los conductores de vehículos eléctricos?
Nos encontramos en un complejo contexto para la combustión, que sufre un incremento de precios sin precedentes. ¿Es momento de apostar de verdad por la electromovilidad?
Apostar por la electromovilidad debería ser una decisión independiente de la situación geopolítica actual y formar parte de la estrategia del país. Apostar por la electromovilidad significa apostar por la innovación, la tecnología y el futuro, teniendo en cuenta que el objetivo último es el de descarbonizar el transporte porque es una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y de emisiones de CO2 representando un 24% de los gases de efecto invernadero.
España tiene todos los ingredientes para ser un líder en electromovilidad y no depender de terceros para su éxito: tiene sol y viento para producir energías renovables y es el segundo mercado de producción de coches a nivel europeo, representando un 10% del PIB nacional.
Sin duda, este contexto es otro ingrediente más para demostrar que si apostamos por la electromovilidad, también podríamos ser independientes como país. De esta forma, la electromovilidad ya no es solo una opción ambiental, sino también una decisión en línea con los objetivos de la Unión Europea en materia de autonomía estratégica y competitividad industrial.
Frente a la volatilidad de los combustibles fósiles, la electricidad, especialmente la 100% renovable, ofrece estabilidad de precios y previsibilidad, y mejora nuestra soberanía energética, algo clave en un escenario geopolítico incierto como el actual. Apostar de verdad por la electromovilidad es apostar por la resiliencia económica, la competitividad y el cumplimiento de los objetivos climáticos.
El Gobierno acaba de aprobar nuevas deducciones de IRPF para quienes compren vehículos eléctricos. ¿Cómo cree Fastned que estas ayudas pueden acelerar la movilidad eléctrica?
La deducción fiscal del 15% en el IRPF por la compra de un vehículo electrificado es una buena noticia, pues pretende reducir la barrera económica de entrada al vehículo eléctrico y generar confianza en el conductor.
Desde nuestro punto de vista, para acelerar de verdad la movilidad eléctrica, estas deducciones deberían centrarse únicamente en los vehículos 100% eléctricos, ya que son los que realmente aceleran la descarbonización del transporte.
¿Por qué considera Fastned que sin una red sólida de recarga rápida es imposible avanzar hacia una transición energética real y cumplir con los ODS?
Sentido común: para que la gente se compre un coche eléctrico, debe tener la seguridad de poder circular libremente. Y hoy en día sí que puedes circular con un coche eléctrico por España, pero necesitas planificar tu ruta si haces trayectos largos.
En España actualmente hay más de 53.000 puntos de recarga, aunque solo el 8% son de 150 kW o superior. En paralelo, nos encontramos con más coches que salen al mercado con potencias de carga de 200, 300 o incluso 400 kW. Con estos datos, está claro que debemos seguir apostando por desplegar infraestructura de carga de alta potencia para dar servicio a todos estos coches y a los que vendrán en los próximos años.
Una transición energética real exige que las personas puedan desplazarse sin planificación extrema, esperas prolongadas o incertidumbre. Las electrolineras de recarga ultrarrápida son una infraestructura crítica: permiten viajes largos, sostienen el turismo sostenible, refuerzan la cohesión territorial y hacen posible reducir las emisiones en uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Sin ellas, la electrificación se queda en promesa y no en la realidad.
Cómo imagina Fastned la transición de las electrolineras a micro hubs energéticos? ¿Qué papel juega la energía 100% renovable en todo eso?
En Fastned concebimos las electrolineras como micro hubs energéticos del futuro, integrados en el sistema eléctrico y conectados a la producción renovable. No son meros puntos de recarga, sino espacios que integran la generación limpia, el almacenamiento, la digitalización y los servicios para el usuario.
La energía 100% renovable es la base de este modelo: garantiza que la movilidad eléctrica reduzca emisiones de forma real y refuerza la soberanía energética de países como España, líderes en renovables.
¿Cuáles son hoy las principales barreras regulatorias que frenan el despliegue de la infraestructura de recarga en España y qué cambios serían imprescindibles para evitar que nos quedemos atrás frente a Europa?
El despliegue de estaciones de recarga ultrarrápida continúa condicionado por un conjunto de barreras regulatorias estructurales que afectan a ámbitos diversos y son competencia de distintas administraciones. En la práctica, ralentizan significativamente la inversión y la ejecución de proyectos.
La principal barrera es la complejidad y lentitud de los trámites administrativos. Actualmente, poner en marcha una estación de recarga ultrarrápida en España requiere entre 36 y 48 meses, frente a los 12–14 meses en países como Francia o Bélgica. Esta situación diferencial se explica a través de tres cuellos de botella clave:
- Problemas con la conexión a la red eléctrica: continúa siendo el punto más crítico, con falta de visibilidad sobre la capacidad disponible, pese a la obligación de publicar mapas de capacidad.
- Permisos municipales: en el nivel municipal continuamos encontrando que no se aplica el régimen de declaración responsable, dispuesto en el artículo 48.5 de la Ley del Sector Eléctrico, de obligado cumplimiento.
- Inseguridad jurídica en materia de urbanismo: este punto deriva de la falta de un reconocimiento específico de la industria de la recarga a través de la creación de un CNAE propio, lo que no ayuda a la seguridad jurídica de los ayuntamientos cuando asignan un suelo u otro a los proyectos de electrolineras.
A esto se suman otras barreras relevantes: disparidad de criterios en las Comunidades Autónomas a la hora de aplicar las exenciones de autorizaciones administrativas en el proceso de legalización de las infraestructuras, licitaciones públicas que limitan la entrada de operadores especializados al agrupar servicios como la provisión de combustible, la restauración y la recarga de forma unificada (bundling) y una planificación insuficiente de la red eléctrica, donde el 83,4% de los nodos no admite más demanda.
Si Fastned logra desplegar la red de recarga rápida que exige la normativa europea, ¿cómo cambiaría la experiencia de viajar de forma sostenible por España en 2030 para los conductores de vehículos eléctricos?
Viajar en vehículo eléctrico por España en 2030 sería tan sencillo y natural como repostar hoy en una autopista, pero sin ruido ni emisiones. Los conductores podrían recorrer el país con paradas cortas y fiables, integradas en los grandes corredores y zonas turísticas, reforzando el atractivo del territorio y la competitividad económica. En ese escenario, la movilidad eléctrica dejaría de percibirse como una alternativa para convertirse en la opción preferente, accesible y normalizada para millones de personas.
Y, por encima de todo, gozaríamos de una industria automovilística exitosa, innovadora y pionera, y de una independencia energética que nos haría fuertes frente a cualquier conflicto geopolítico.
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