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El medicamento es el fruto de un largo viaje que culmina en la mejora de la salud de las personas, pero también constituye un bien social que contribuye al desarrollo económico. La investigación farmacológica es una parte esencial de la innovación y el desarrollo científico actuales y sobre ella se asienta una parte importante de nuestro progreso colectivo. Así lo han puesto de manifiesto los participantes en la presentación del proyecto Visión, una iniciativa desarrollada por Johnson & Johnson, en colaboración con Healthy Numbers para ofrecer distintas perspectivas sobre el valor social del medicamento.
En esta colección de nueve ‘Cuadernos sobre Valor Social del Medicamento’, cada uno de ellos escrito por un autor destacado en la materia, se abordan las contribuciones de los medicamentos desde las perspectivas de la salud, la sanidad, la Sostenibilidad, la innovación, la ética, la equidad, el bienestar y el país.
«La colección se llama Visión porque esa es exactamente su ambición: ofrecer una mirada de conjunto sobre lo que el medicamento contribuye a la vida en común. Hemos reunido a ocho autores expertos, uno por cada dimensión —salud, sanidad, innovación, sostenibilidad, ética, equidad, bienestar y país—, y hemos pensado los cuadernos para muy diversas audiencias. El propósito es ofrecer elementos para una reflexión informada sobre lo que el medicamento aporta a la sociedad», ha subrayado Santiago Cervera, Socio Director de Healthy Numbers.
A lo largo de la historia, las distintas civilizaciones han aplicado el conocimiento disponible para intentar mejorar la salud de las personas y de las comunidades, evolucionando hacia un conocimiento científico más complejo con el objetivo de alcanzar mejores resultados, mayor efectividad y mayor seguridad para las personas que los reciben. Así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que entre 2000 y 2019 la esperanza de vida global ha aumentado 6,5 años gracias a las mejoras en la salud pública, las vacunas y los medicamentos.
En este sentido, la evolución de los medicamentos que se van poniendo a disposición de la sociedad va ligada al principio de solidaridad e igualdad social, ya que permite contribuir a cubrir las necesidades de salud y a la cohesión social. Así, las mejoras generalizadas en la prevención y el tratamiento de enfermedades en Europa han logrado que la brecha de desigualdad absoluta en la mortalidad entre grupos socioeconómicos se haya reducido en un 35% en las últimas décadas.
“Lo verdaderamente revolucionario ha sido la capacidad de los tratamientos para permitir la continuidad de los proyectos vitales. Lo que para nuestros abuelos podía ser un diagnóstico devastador que truncase sus vidas laborales y sociales, hoy en ocasiones es considerado una enfermedad manejable y el paciente puede aspirar a mantener su autonomía y productividad durante décadas”, ha explicado Begoña Barragán, Presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) y autora del cuaderno dedicado al Bienestar.
Sin embargo, tal como ha recordado Barragán, “los avances farmacológicos no operan en el vacío, su efectividad depende de sistemas sanitarios bien estructurados, profesionales comprometidos, redes de apoyo familiares y comunitarias y políticas públicas que garanticen el acceso equitativo a los tratamientos. Cuando una persona puede continuar su vida social, familiar y laboral, no se trata solo de un éxito terapéutico, sino de la preservación de un nodo vital en la red social y económica que nos sostiene a todos”.
La innovación en el corazón del desarrollo de nuevos medicamentos
La investigación es inseparable de los avances logrados en el campo de la medicina y es el impulso que hace posible una época histórica marcada por la ciencia y la tecnología como la que disfrutamos actualmente. Tan solo en 2023, 70 nuevos medicamentos fueron aprobados por las autoridades regulatorias europea, británica o estadounidense, más de la mitad de ellos para enfermedades raras o formas intratables de cáncer.
“El proceso para el desarrollo de un medicamento es tremendamente complejo y abarca desde la observación, el desarrollo de teorías y la experimentación, hasta la investigación preclínica y clínica y las revisiones, entre otros procesos. Tras todo este recorrido, que puede durar años e incluso décadas, el resultado no siempre llega al mercado, lo que nos habla de la gran incertidumbre y potente inversión económica que se precisa para que un nuevo tratamiento llegue a los pacientes”, ha señalado Luis Quevedo, biotecnólogo, divulgador científico y autor del cuaderno dedicado a la Innovación.
En 2021 la industria farmacéutica invirtió a nivel mundial un total de 276.000 millones de dólares en I+D para descubrir y desarrollar nuevos tratamientos, lo que supone un 30% de sus ingresos. Así, la innovación en medicamentos es una forma de afrontar las necesidades no cubiertas en salud y tratar de ganar un futuro mejor para la sociedad. De hecho, los estudios muestran que cada 10€ de incremento en el gasto per cápita anual en salud se relaciona con un aumento de 6,5 días en la esperanza de vida en perfecta salud.
“Otro de los valores más claros de la innovación en medicamentos es su efecto sobre la economía. Por una parte, se genera empleo, riqueza y nuevas oportunidades para el desarrollo empresarial y, por otro, los nuevos fármacos producen un efecto compensatorio en el gasto sanitario al sustituir o reducir el consumo de servicios médicos como visitas médicas u hospitalizaciones”, ha enfatizado Luis Quevedo.
Por su parte, David Beas, Director de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de Johnson & Johnson Innovative Medicine España, ha destacado que el medicamento combina su valor terapéutico, económico y social. “Alarga la vida, reduce el sufrimiento y facilita la participación en la sociedad, pero reta a los sistemas de salud a garantizar su accesibilidad y equidad, para que su valor se extienda como un derecho de ciudadanía”.
“Nuestro objetivo con esta colección es no solo informar, sino también invitar a reflexionar sobre cómo los medicamentos y la industria farmacéutica contribuyen al progreso de la humanidad”, concluye David Beas.
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