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MasOrange ha presentado hoy en el Orange Digital Center de Madrid su segundo Informe de Medición del Impacto Social y Medioambiental, un documento que traduce a valor económico la contribución de la compañía a la economía, la sociedad y el entorno. La cifra central del ejercicio es contundente: 19.870 millones de euros de impacto positivo en 2025, casi un 6% más que el año anterior y una magnitud equivalente al 1,2% del PIB español.
La presentación, bajo el eje “Cómo crear valor sostenible midiendo el impacto”, situó el foco en una cuestión cada vez más relevante para las empresas: pasar de contar lo que hacen a medir qué transforman. Para MasOrange, este ejercicio busca integrar los atributos ESG en las decisiones de negocio y orientar mejor sus inversiones, proyectos y prioridades.
Luz Usamentiaga, Directora General de Regulación, Asuntos Públicos y Sostenibilidad de MasOrange, abrió el encuentro reivindicando la utilidad de medir el impacto para poner en valor la contribución empresarial. “Animémonos a medir lo que hacemos para poner en valor el impacto que generamos”, señaló durante la bienvenida. La directiva destacó que la actividad de la compañía impacta en el país “innovando e invirtiendo” tanto en su negocio como más allá de él, y defendió el papel de las empresas en la generación de oportunidades.
El informe estima que MasOrange retorna a la sociedad más de 2,6 veces los ingresos generados por su actividad. Además, vincula la actividad de la compañía con la creación de 39.432 empleos y recoge que 125.000 personas se han formado en competencias digitales gracias a la compañía y a sus fundaciones.
Seis líneas para medir el impacto de MasOrange
Patricia Acosta Soler, Head of ESG de MasOrange, explicó que el informe nace de una pregunta práctica: medir, sí, pero para qué. Según detalló, el objetivo es comprender cómo los servicios de la compañía transforman la vida de las personas y cómo esa información puede ayudar a tomar decisiones de negocio “más informadas y sólidas”.
La metodología parte de la escucha a los grupos de interés —clientes, proveedores, empleados, accionistas y sociedad civil— y de un análisis de materialidad que permite identificar riesgos y oportunidades. A partir de ahí, MasOrange transforma datos de actividad en indicadores de impacto, con el apoyo de Management Solutions y la participación de equipos internos de distintas áreas.
El informe estructura el impacto en seis grandes ejes: conectividad segura y experiencia de cliente, igualdad digital, gobernanza y ética empresarial, cultura y talento, energía y cambio climático, y economía circular. Acosta resumió el enfoque con una idea: pasar “de medir lo que hacemos a medir lo que transformamos”.

La mayor contribución procede del eje de conectividad segura y experiencia de cliente, con 10.109 millones de euros anuales. En este ámbito se incluyen avances como el crecimiento de la cobertura 5G, que pasó de casi el 90% en 2024 al 93% en 2025, la mejora del NPS en las marcas de MasOrange, el desarrollo de soluciones para digitalización empresarial y movilidad inteligente, y la protección de la infancia en el entorno digital a través de iniciativas como TúYo.
El segundo bloque de mayor impacto es la igualdad digital, con más de 6.200 millones de euros. Aquí se sitúan la cobertura rural 4G del 96,6%, la extensión de fibra mediante el plan PEBA, la formación en competencias digitales y la actividad de la Fundación Orange y la Fundación Euskaltel.
Los ejes de gobernanza y ética empresarial y cultura y talento suman un impacto de 3.394 millones de euros. Por su parte, energía y cambio climático y economía circular registran un impacto neto positivo superior a 109 millones de euros, ligado a la hoja de ruta de descarbonización de la compañía para 2040, la eficiencia energética, la gestión responsable de residuos, el ecodiseño, la reparación y la reutilización de equipos.
Medir para decidir mejor
Durante la presentación, MasOrange insistió en que la medición del impacto no se plantea como un ejercicio reputacional aislado, sino como una herramienta de gestión. El informe permite revisar qué acciones generan más valor, dónde conviene reforzar recursos y cómo conectar la estrategia ESG con las decisiones ordinarias de negocio.
Acosta explicó que este año la compañía ha dado “un salto” al extender este enfoque al conjunto de la organización mediante un nuevo programa interno. “Ser más grandes es hacer más”, apuntó, en referencia al efecto multiplicador de la actividad de MasOrange tras su integración.
La medición se ha realizado con metodologías de referencia como la International Foundation for Valuing Impacts (IFVI) y la Impact Weighted Accounts Initiative (IWAI), desarrollada por la Universidad de Harvard, lo que refuerza el rigor del análisis y su utilidad para integrar el impacto en la toma de decisiones.
Empresas que ya están midiendo su impacto
El encuentro incluyó también una mesa redonda moderada por Daniel Morales, Director de ESG, Sostenibilidad y Fundaciones de MasOrange, centrada en cómo crear valor sostenible a partir de la medición del impacto. Participaron Ana Isabel Abril, de Redeia; Ester Casado, de ING España y Portugal; y Dunnia Merino, de Corporación Hijos de Rivera – Estrella Galicia.
Desde Redeia, Ana Isabel Abril recordó que la medición de impacto sigue siendo un terreno en construcción y que compartir aprendizajes resulta clave. La compañía empezó a trabajar en esta línea en 2016 y en 2022 amplió el enfoque hacia una medición más integral de su actividad. Abril subrayó la importancia de monetizar el impacto, incorporar la cadena de valor y evitar atribuirse más de lo que corresponde. Como ejemplo, señaló que en 2024 Redeia calculó que, por cada euro de beneficio, aportaba 17 euros a la comunidad, aunque advirtió de que la ausencia de estándares dificulta la comparabilidad.
Ester Casas explicó que ING trabaja la medición de impacto desde una visión integrada y con metodologías propias como Terra, orientada a medir, gestionar y reducir impactos en sectores intensivos en emisiones. En España, la entidad ha profundizado en métricas vinculadas a necesidades sociales y ambientales concretas, como la financiación de la transición energética o el acceso a la vivienda. Casas puso el acento en la colaboración público-privada y en un reto compartido: avanzar en la medición del impacto social sin caer en el riesgo de impactwashing.
Dunnia Merino trasladó la experiencia de Corporación Hijos de Rivera, una compañía que este año celebra su 120 aniversario y que ha desarrollado un área específica de impacto positivo. La empresa trabaja con cinco ejes de impacto, un comité interno de seguimiento y mediciones adaptadas a sus proyectos. Merino defendió una aproximación “sencilla y flexible” para que la medición ayude a mejorar sin paralizar la acción: medir mejor, pero sin dejar de hacer.
El debate dejó una conclusión clara: medir impacto exige método, datos y prudencia, pero también una cultura empresarial capaz de utilizar esa información para decidir mejor. La tecnología, como apuntó MasOrange durante la jornada, solo adquiere verdadero sentido cuando se conecta con el “para qué” de su uso.
El informe completo de MasOrange puede consultarse aquí: https://masorange.es/wp-content/uploads/2026/06/Informe-ESG-Impacto-Positivo-MasOrange-2025.pdf
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