Consultar el teléfono móvil podría servir en el futuro para algo más que leer mensajes o realizar llamadas. Investigadores de Google han creado un sistema capaz de calcular la frecuencia cardíaca mientras la persona utiliza su smartphone, sin necesidad de llevar un reloj inteligente ni otro dispositivo específico.
La investigación, publicada el 1 de junio de 2026 en la revista científica Nature, presenta un método denominado monitorización pasiva de la frecuencia cardíaca, conocido como PHRM por sus siglas en inglés. La tecnología todavía se encuentra en fase experimental y no ha sido anunciada como una función de uso general para Android.
Ocho segundos para estimar el pulso
El sistema aprovecha momentos cotidianos, como el desbloqueo de la pantalla, para grabar temporalmente un vídeo de ocho segundos del rostro. A continuación, un modelo de aprendizaje profundo analiza las pequeñas variaciones de luz provocadas por la circulación de la sangre bajo la piel.
Esta técnica, conocida como fotopletismografía mediante vídeo, permite estimar tanto las pulsaciones puntuales como la frecuencia cardíaca diaria en reposo. El procesamiento ha sido diseñado para realizarse dentro del propio teléfono, evitando que las imágenes tengan que abandonar necesariamente el dispositivo.
Para desarrollar el sistema se utilizaron más de 192.000 vídeos de 485 participantes. Posteriormente, fue validado con más de 162.000 grabaciones correspondientes a 211 personas, tanto en condiciones controladas como durante el uso habitual del móvil.
En las pruebas de laboratorio, la diferencia media frente al electrocardiograma fue de aproximadamente cuatro latidos por minuto. En la estimación diaria de la frecuencia cardíaca en reposo, el margen medio fue de 3,62 latidos por minuto respecto al dispositivo portátil utilizado como referencia.
Una oportunidad para el envejecimiento saludable
El avance resulta especialmente relevante para el ámbito de actuación de la Fundación Edad&Vida, que desde el año 2000 trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y promover decisiones autónomas, independientes e informadas. Entre sus principales líneas de trabajo se encuentran el mantenimiento de una vida activa y saludable y el acceso a cuidados de calidad.
La posibilidad de controlar determinados indicadores mediante un dispositivo que muchas personas ya utilizan podría facilitar el seguimiento de la salud sin obligarlas a comprar, configurar o llevar permanentemente un nuevo aparato.
En el caso de las personas mayores o con patologías crónicas, la recopilación continuada de información podría ayudar en el futuro a detectar cambios y favorecer un seguimiento domiciliario más personalizado.
Esta orientación coincide con iniciativas anteriores de la Fundación Edad&Vida, como el proyecto Homecare, desarrollado junto con la Fundación Tecnología y Salud para fomentar el conocimiento y el acceso a tecnologías destinadas a la atención social y sanitaria en el hogar.
La entidad ha destacado el potencial del seguimiento remoto para mejorar la prevención, el control de enfermedades y el bienestar de las personas atendidas en sus domicilios.
Privacidad, accesibilidad y validación clínica
La innovación también plantea desafíos importantes. Al tratarse de una tecnología que activa la cámara frontal y analiza imágenes del rostro, cualquier aplicación futura deberá contar con el consentimiento informado de la persona usuaria y con garantías estrictas de seguridad y privacidad.
Los investigadores proponen que las grabaciones sean procesadas localmente en un entorno protegido y que la medición solo se produzca después de identificar correctamente al propietario del teléfono.
También reconocen que todavía es necesario estudiar su utilidad clínica en personas con afecciones como fibrilación auricular o insuficiencia cardíaca.
Aunque el sistema alcanzó los niveles de precisión establecidos en los distintos grupos de pigmentación de la piel, la proporción de vídeos que permitieron obtener una medición válida fue menor en las personas con tonos de piel más oscuros. La iluminación, el movimiento, la posición del teléfono y el consumo de batería son otros aspectos que deberán perfeccionarse.
Para la Fundación Edad&Vida, el interés de avances como este no reside únicamente en su novedad tecnológica, sino en su capacidad real para favorecer la autonomía, la prevención y unos cuidados accesibles.
Su posible incorporación deberá producirse con evidencia científica, protección de los datos personales y medidas que eviten que la brecha digital deje atrás precisamente a quienes más podrían beneficiarse.
El teléfono móvil podría llegar a convertirse en una herramienta cotidiana de apoyo al cuidado cardiovascular. Por ahora, sin embargo, la propuesta continúa siendo una investigación prometedora y no sustituye las revisiones médicas ni los dispositivos sanitarios validados.
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