La Climate Week NYC 2026 cerró este martes 22 de septiembre la segunda y última jornada de The Hub Live con una conversación mucho más pegada a la ejecución que a la formulación de nuevos compromisos. Electrificación, redes, inteligencia artificial, competitividad, salud, movilidad, industria y alimentación compartieron una misma pregunta: cómo acelerar una transición que ya está en marcha y repartir sus beneficios en un escenario económico y geopolítico cada vez más complejo.
- La AIE sitúa al mundo ante la “era de la electricidad”
- Competitividad, financiación y una transición que también se mide en salud
- La IA se enfrenta a su propia factura energética y ambiental
- Transporte e industria miran al Sur Global
- Alimentación, trazabilidad y agricultura regenerativa
- De las conversaciones a nuevos proyectos y herramientas
- Una Climate Week cada vez más centrada en la implementación
El mensaje que dejó el cierre resumió bien el tono del día. La transición energética avanza y la discusión empieza a desplazarse hacia quién será capaz de moverse más rápido y quién se beneficiará de ese cambio. Durante la jornada se combinaron grandes objetivos internacionales con ejemplos concretos de inversión, regulación y transformación empresarial, desde nuevos modelos para los centros de datos hasta materiales industriales con menor huella de carbono.
La AIE sitúa al mundo ante la “era de la electricidad”
La mañana arrancó con uno de los mensajes de mayor calado de esta edición. Fatih Birol, Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), situó la electrificación como uno de los grandes vectores económicos y energéticos de la próxima década y advirtió de que el ritmo actual todavía debe acelerarse.
Coincidiendo con Climate Week NYC, la AIE publicó un informe especial solicitado por Türkiye y Australia para alimentar las conversaciones de la COP31. El análisis concluye que, con las tecnologías disponibles actualmente, la electricidad podría cubrir de forma coste-eficiente alrededor del 33% del consumo final mundial de energía en 2035, frente al 23% actual. El resultado dejaría al alcance el objetivo internacional del 35% que se está discutiendo de cara a la próxima cumbre climática de Antalya.
La dimensión económica es importante. En un escenario de electrificación acelerada, los países importadores de combustibles podrían reducir su factura energética en más de 400.000 millones de dólares en 2035, mientras que el consumo mundial de petróleo sería 18 millones de barriles diarios inferior al que se produciría sin ese impulso. Transporte, edificios e industria concentran buena parte del potencial.
El propio debate, sin embargo, dejó abierta una cuestión que probablemente acompañará a la COP31. El compromiso del 35% presentado por su Presidencia no exige expresamente que toda la nueva electricidad proceda de fuentes limpias. Expertos y organizaciones climáticas han pedido mayor claridad para garantizar que electrificar implique también descarbonizar el sistema eléctrico, mientras la AIE insiste en que ampliar generación, redes y flexibilidad será imprescindible para evitar nuevos cuellos de botella.
Competitividad, financiación y una transición que también se mide en salud
La economía ocupó buena parte del escenario desde primera hora. Paschal Donohoe, Chief Knowledge Officer del Banco Mundial, defendió que la conversación sobre transición energética conecta con más públicos cuando se habla de empleo, seguridad y asequibilidad, mientras que Ambroise Fayolle, Vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones, volvió a poner sobre la mesa el coste creciente de retrasar las inversiones necesarias.
Desde el sector privado, Liz Chatwin, Vicepresidenta Global de Sostenibilidad de AstraZeneca, explicó que la compañía está destinando más de 1.000 millones de dólares a su estrategia de cero emisiones netas, cuenta ya con un 94% de electricidad renovable y ha ampliado el trabajo a su cadena de suministro, con más de 80 proveedores que disponen de objetivos climáticos basados en la ciencia.
Pero uno de los momentos más contundentes llegó desde Tuvalu. Su Ministro de Interior, Cambio Climático y Medioambiente, Maina Vakafua Talia, recordó que para los pequeños Estados insulares los tiempos de la transición tienen una dimensión completamente diferente. “Para nosotros es una cuestión de vida o muerte”, afirmó ante los asistentes.
La salud fue precisamente otro de los grandes argumentos del martes. Representantes de Wellcome Trust, Trust for America’s Health y otras organizaciones abordaron el aumento de las enfermedades vinculadas al calor, el impacto del humo de los incendios o las dificultades de escuelas e infraestructuras sanitarias para adaptarse a temperaturas extremas. Charlotte Watts, Directora Ejecutiva de Soluciones de Wellcome Trust, lo resumió de forma directa: “La crisis climática es también una crisis de salud”.
La IA se enfrenta a su propia factura energética y ambiental
Si la electrificación fue uno de los grandes ejes del día, la inteligencia artificial apareció como una de sus principales paradojas. El desarrollo acelerado de centros de datos promete nuevas herramientas para optimizar redes, edificios e industria, pero eleva al mismo tiempo la demanda de electricidad, agua, suelo e infraestructuras.
The AI Forum reunió a responsables públicos y empresariales para analizar cómo construir esa capacidad sin trasladar sus costes a los territorios donde se instala. Gerhard Salge, CTO de Hitachi Energy, diferenció entre los centros de datos convencionales y las nuevas instalaciones vinculadas a IA, cuyas variaciones de consumo introducen mayores exigencias para las redes eléctricas. Desde BCG se reclamaron estándares comunes para medir emisiones, agua, ruido e impacto de las obras, mientras Londres trabaja ya para integrar criterios específicos para estas infraestructuras dentro de su planificación urbana.
La Alcaldesa de Phoenix, Kate Gallego, llevó el debate al terreno local. Su ciudad combina una fuerte concentración de centros de datos con estrés hídrico y temperaturas extremas y ha comenzado a endurecer las condiciones para su implantación. Su mensaje fue uno de los más claros de la jornada: “Las ciudades están abiertas a los negocios, pero no están en venta”.
Gallego reclamó una relación más transparente entre empresas y comunidades, una cuestión que apareció repetidamente durante el martes. Los proyectos necesitan explicar de dónde procederán su electricidad y su agua, qué presión generarán sobre las infraestructuras y qué beneficios dejarán en los territorios que los acogen.
También se abordó el potencial de la propia tecnología para mejorar la eficiencia. Holly Paeper, Presidenta de Commercial HVAC Americas de Trane Technologies, recordó que alrededor del 30% de la energía utilizada en los edificios estadounidenses no realiza un trabajo útil y apuntó que la aplicación de inteligencia artificial a sistemas ya instalados puede recuperar una parte significativa de ese consumo.
Transporte e industria miran al Sur Global
La electrificación del transporte llevó la conversación hacia economías emergentes donde el cambio empieza a producirse a velocidades distintas de las habituales en Europa o Estados Unidos.
Durante una de las sesiones se destacó el caso de Etiopía, que prohibió hace dos años la importación de vehículos de combustión y cuenta ya con unos 150.000 vehículos eléctricos; el de Kenia, donde uno de cada cuatro ciclomotores vendidos es eléctrico; o el de Uzbekistán, donde los autobuses eléctricos se están incorporando por centenares y los vehículos eléctricos se aproximan a una quinta parte del mercado.
Alejandro Rodríguez, Sustainability Portfolio Manager para la región de las Américas de Siemens, destacó asimismo los avances de México en transporte público eléctrico y puso el foco en un factor menos visible que la propia tecnología: “El siguiente paso es la transparencia de los datos. Las decisiones informadas son las que dan certeza a las personas”.
La industria pesada protagonizó otra de las discusiones del día. Acero y cemento aparecieron como dos sectores donde el reto ya no pasa únicamente por desarrollar nuevas tecnologías, sino por generar suficiente demanda para que las soluciones bajas en carbono puedan escalar. En el caso de SKF, por ejemplo, alrededor del 70% de las emisiones de su cadena de suministro procede del acero.
La jornada acogió además el lanzamiento global de Blend Better Cement, una iniciativa destinada a acelerar el uso de cementos mezclados, capaces de reducir sustancialmente las emisiones asociadas al clínker. Cemento y hormigón representan alrededor del 8% de las emisiones globales de CO₂ y la iniciativa busca actuar sobre estándares, contratación pública y demanda empresarial para acelerar soluciones que ya pueden desplegarse comercialmente.
Alimentación, trazabilidad y agricultura regenerativa
La tarde amplió el foco hacia los sistemas alimentarios, responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. El Food Forum reunió a empresas, especialistas y organizaciones internacionales para abordar agricultura regenerativa, financiación, trazabilidad, desperdicio y hábitos de consumo.
Uno de los puntos más repetidos fue la dificultad de financiar la transición en origen. Pasar de sistemas convencionales a prácticas regenerativas puede requerir varios años durante los cuales los productores soportan costes adicionales sin recibir todavía la prima económica asociada a los nuevos modelos.
Purnima Menon, Directora de Estrategia y Alianzas del International Food Policy Research Institute, resumió la conexión entre producción y consumo con una frase sencilla: “Comer es un acto agrícola”. Desde Nestlé, Yan Wyss situó la trazabilidad como punto de partida para comprender los impactos reales de una cadena global de suministro, mientras otros participantes reclamaron que la regeneración ambiental vaya acompañada también de mejoras económicas y sociales para los productores.
De las conversaciones a nuevos proyectos y herramientas
El martes dejó también varios anuncios concretos. Lagos presentó una cartera de más de 300 proyectos preparados para recibir inversión, valorados conjuntamente entre 25.000 y 50.000 millones de dólares, mientras cinco gobiernos respaldaron la nueva campaña internacional para acelerar los cementos de menor huella de carbono.
En salud, Climate Week destacó CARESA, una herramienta gratuita impulsada por AstraZeneca para modelizar la huella ambiental de los itinerarios asistenciales y ayudar a analizar cómo distintas decisiones sanitarias afectan tanto a resultados clínicos como a emisiones. La compañía estima que alrededor del 40% de las emisiones del sector sanitario están relacionadas con los propios recorridos de atención al paciente.
La dimensión política y regulatoria también tuvo presencia. El Fiscal General de California, Rob Bonta, anunció en Nueva York una nueva demanda contra la Administración federal por el acuerdo para cancelar una concesión de eólica marina frente a la costa del Estado. El caso volvió a evidenciar la tensión existente en Estados Unidos entre las políticas climáticas de determinados Estados y la estrategia energética federal.
En paralelo a The Hub Live, el martes comenzó también el UN Global Compact Leaders Summit 2026, dos jornadas centradas en crecimiento sostenible y resiliencia empresarial. Liderazgo e integridad, clima y naturaleza, derechos humanos, finanzas sostenibles, cadenas de suministro y acción colectiva forman parte de una agenda que vuelve a colocar al sector privado en el centro de la implementación de la Agenda 2030.
Una Climate Week cada vez más centrada en la implementación
El segundo día de Climate Week NYC dejó una imagen bastante definida de hacia dónde se está desplazando la conversación climática. Electrificar más ya no basta por sí solo: hay que decidir con qué energía, con qué redes, con qué financiación y con qué efectos sobre las comunidades. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica, los materiales o los sistemas alimentarios.
Al cerrar The Hub Live, Climate Group resumió la jornada alrededor de una elección entre velocidades y modelos de transición. La Climate Week continuará hasta el domingo 27 con centenares de encuentros repartidos por Nueva York, pero sus dos jornadas centrales han dejado ya una cuestión sobre la mesa: cómo convertir unas tecnologías cada vez más maduras y unos objetivos ampliamente conocidos en inversiones, infraestructuras y cambios visibles en la economía real.


