Llevamos 25 años dedicándonos a algo aparentemente pequeño: los objetos que las empresas regalan a sus empleados, clientes y comunidades. Y en ese tiempo hemos aprendido que esos objetos, mirados con criterio, dicen más de una organización que cualquier plan de sostenibilidad publicado.
El ODS 12 no se cumple solo en la cadena industrial. Se cumple, también, en cada bolígrafo, cada botella, cada libreta que una empresa decide poner en manos de otra persona. La pregunta ya no es «cuánto cuesta», sino «qué materiales, qué durabilidad, qué huella y qué mensaje deja en quien lo recibe».
En 2018, menos del 15% de las empresas con las que trabajamos exigía certificación de materiales en cada pedido. En 2026 lo hace aproximadamente uno de cada dos. Esa aceleración es la métrica más honesta de cómo la responsabilidad ha dejado de ser un anexo en la memoria anual para convertirse en criterio operativo de compra.
Un consumo verdaderamente responsable empieza mucho antes del reciclaje. Empieza en la decisión de qué producir y qué regalar. En ese antes, se juega buena parte del ODS 12.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


