Hay ideas que, con el paso del tiempo, dejan de ser una declaración de intenciones para convertirse en hoja de ruta. Hace once años, Naciones Unidas aprobaba los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con una ambición clara, construir un mundo más justo, inclusivo y sostenible antes de 2030. Once años después, en un contexto marcado por la incertidumbre, los conflictos, la desigualdad y los retos medioambientales, aquella apuesta sigue siendo necesaria. Y quizá, más que nunca.
Los grandes desafíos de nuestro tiempo no entienden de fronteras ni de sectores. Tampoco pueden abordarse desde un único ámbito. Hacen falta instituciones, empresas, organizaciones sociales y ciudadanos dispuestos a trabajar juntos y, sobre todo, a convertir compromisos en acciones concretas. A aprender continuamente, a avanzar adaptándose continuamente a escenarios cambiantes. Porque el mundo de hoy no es el de hace once años ni será el mismo de 2030. Porque trabajar por un futuro más sostenible no consiste únicamente en reducir una determinada cifra o adoptar compromisos a largo plazo. Significa preguntarnos qué impacto diario tienen nuestras decisiones sobre las personas, las comunidades y el entorno que compartimos.
En Nationale-Nederlanden creemos que ahí es precisamente donde las empresas tenemos una gran responsabilidad. Nuestro propósito parte de una realidad muy sencilla, cada día ayudamos a personas y empresas cuidar de su futuro financiero y asegurar su protección. Por eso, la sostenibilidad no puede ser algo diferenciado de nuestra actividad, tiene que ser parte de nuestra esencia.
Esta visión se articula en torno a una estrategia de sostenibilidad que busca generar valor a largo plazo para nuestros grupos de interés, apoyando el bienestar financiero, físico y mental de las personas y de las comunidades en las que estamos presentes, al mismo tiempo que trabajamos para reducir nuestro impacto medioambiental. En España, en concreto, esta estrategia se estructura en cinco ámbitos productos y servicios, inversión comunitaria, inversiones, impacto medioambiental y diversidad e inclusión.
Pero insisto, una estrategia solo tiene sentido cuando se traduce en decisiones concretas. Por ejemplo, toda nuestra cartera de soluciones está alineada con los criterios marcados por la directiva SFDR. Puede sonar complejo, pero es tan sencillo como entender que nuestras decisiones económicas tienen dimensión sociales y medioambientales.
Tampoco podemos olvidar que la sostenibilidad empieza por las personas. Nuestro compromiso con los derechos humanos se extiende a empleados, clientes, proveedores, socios comerciales y otros grupos de interés. Y trabajamos con ellos para garantizar la igualdad de oportunidades, diversidad, inclusión, remuneración; la protección de datos o la tolerancia cero frente al acoso. Porque difícilmente podremos hablar de un futuro sostenible si no somos capaces de construir entornos más seguros, diversos e igualitarios en el presente.
Y, por supuesto, está nuestra relación con las comunidades. En España, esto se concreta en iniciativas que abarcan desde el bienestar financiero y las oportunidades para jóvenes hasta la salud, la lucha contra la soledad, la inclusión de personas con discapacidad o el acceso a una vivienda digna.
Unos proyectos que adquieren una dimensión especial cuando se construyen junto a quienes conocen de primera mano los problemas que queremos ayudar a resolver. La colaboración con Fundación Junior Achievement, Aldeas Infantiles SOS, Unoentrecienmil, Adopta un Abuelo, Fundación Eurofirms, Fundación Alapar, Banco de Alimentos de Madrid o tuTechô, entre otras organizaciones, demuestra que el impacto es mayor cuando se suman capacidades, conocimiento y compromiso.
También hay una dimensión medioambiental que no podemos dejar de lado. La transición hacia modelos más sostenibles exige revisar cómo operamos, cómo invertimos y cómo entendemos nuestra relación con el planeta. En este ámbito, trabajamos sobre cuestiones como la reducción de emisiones y la integración de criterios de sostenibilidad en sus operaciones, productos, servicios e inversiones.
Todo ello nos recuerda algo importante en este undécimo aniversario de los ODS, que un compromiso no vale nada si solo se queda sobre el papel. La sostenibilidad necesita ambición, pero también transparencia, colaboración y capacidad para medir el impacto de lo que hacemos. Necesita de empresas que sean claras y honestas sobre sus avances y también sobre los retos que todavía tienen por delante.
En Nationale-Nederlanden queremos contribuir desde nuestro ámbito de actuación, conscientes de que no podemos afrontar solos los grandes desafíos de nuestro tiempo. Y lo hacemos junto a instituciones, organizaciones sociales, empresas, empleados, clientes y comunidades. Porque si algo nos han enseñado estos once años de los ODS es que construir un mundo más justo y sostenible no es responsabilidad de unos pocos. Y, en tiempos convulsos, apostar por ella no solo sigue siendo necesario, también es una forma de mirar hacia delante con valentía.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


