A cuatro años de 2030, América Latina y el Caribe encara una etapa decisiva para transformar los compromisos de la Agenda 2030 en resultados concretos. Coincidiendo con el aniversario de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Corresponsables ha recogido la visión de profesionales y organizaciones de distintos ámbitos de la región para conocer qué está funcionando, qué desafíos continúan condicionando los avances y qué palancas pueden contribuir a acelerar la transformación.
El punto de partida sigue siendo exigente. Como ya recogió Corresponsables a partir del último balance de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), al ritmo actual solo el 19% de las metas de los ODS se alcanzaría en 2030. Otro 42% avanza en la dirección correcta, pero a una velocidad insuficiente, mientras que un 39% se encuentra estancado o en retroceso.
Entre los factores que condicionan esta evolución aparecen las limitaciones de financiación, el reducido margen fiscal, el endeudamiento, el bajo crecimiento y las dificultades institucionales. Sin embargo, las aportaciones recogidas para este especial apuntan también hacia una serie de soluciones compartidas: mejorar la colaboración entre actores, movilizar inversión, reforzar la confianza y trasladar las buenas prácticas a una escala mayor.
La colaboración, una condición para avanzar
Una de las ideas que atraviesa las distintas perspectivas consultadas es la necesidad de fortalecer la coordinación entre gobiernos, empresas, sociedad civil, academia y organismos internacionales.
Para Carolina Gutierrez, Directora de Sostenibilidad de la Asociación Colombiana de Minería, algunos de los retos pasan precisamente por la coordinación y la disponibilidad presupuestaria. Entre las posibles respuestas destaca la importancia de identificar experiencias que ya generan resultados, alinear a los organismos públicos y privados y reforzar la cooperación internacional.
Desde su organización señala, entre otras iniciativas, la promoción en Colombia del estándar Towards Sustainable Mining (TSM), que incorpora buenas prácticas relacionadas con cuestiones como el agua, la biodiversidad, el cambio climático, la economía circular, la educación o la equidad.
La importancia de construir alianzas también aparece en la reflexión de Silvina Vazón, Responsable de la Gestión RSRUS y miembro del Consejo de Administración de Río Uruguay Seguros (RUS). Su visión pone el acento en complementar la acción pública con una participación creciente del sector privado, la academia y la ciudadanía.
En RUS, explica, las prácticas de sostenibilidad se vinculan expresamente con los ODS tanto en su comunicación como en su Reporte de Sustentabilidad. Vazón incide además en la necesidad de “culturizar y educar sin descanso”, contribuyendo a que la sostenibilidad se incorpore progresivamente a la estrategia y a la gestión de las organizaciones.
Financiación e innovación para ampliar el impacto
La movilización de recursos constituye otra de las grandes palancas identificadas. La brecha financiera que afronta América Latina y el Caribe dificulta llevar numerosas iniciativas a la escala necesaria, por lo que las fórmulas de financiación innovadora adquieren una relevancia creciente.
Rosa Madera, fundadora de Empatthy, destaca en este sentido el potencial del denominado “capital paciente” y de mecanismos capaces de respaldar proyectos con una visión de impacto a medio y largo plazo.
Desde Empatthy se impulsa una red de fundaciones empresariales orientada a compartir capacidades y favorecer proyectos multisectoriales. La propuesta parte de una idea esencial: conectar mejor a empresas, fundaciones, administraciones y otros agentes para incrementar el alcance y la eficacia de las iniciativas.
Desde Argentina, Julián D’Angelo, Director del CENARSECS de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y Secretario Ejecutivo de RedUniRSE, incorpora al debate la importancia de reforzar la inversión en ciencia y tecnología, financiar proyectos vinculados con la transición energética e integrar los ODS de manera efectiva en los procesos de planificación.
Entre las actuaciones desarrolladas en su ámbito destacan la formación de formadores en responsabilidad social, la investigación académica y la difusión de buenas prácticas empresariales y universitarias. La generación y transferencia de conocimiento aparece así como otra herramienta fundamental para acelerar los cambios.
Conocimiento, transparencia y confianza
Los desafíos de la Agenda 2030 no se limitan únicamente a los recursos económicos. También resulta necesario extender el conocimiento sobre los ODS y facilitar que empresas, instituciones y ciudadanía puedan vincularlos con decisiones y actuaciones concretas.
Ricardo Montenegro, Director de Incidencia Pública y Cooperación Internacional de la Cámara de la Diversidad, pone el acento precisamente en la necesidad de mejorar su conocimiento y apropiación.
Desde su organización trabajan especialmente en ámbitos vinculados con los ODS 5, 8 y 17 mediante iniciativas relacionadas con la empleabilidad y el emprendimiento. Entre las posibles líneas de avance plantea comunicar mejor los progresos, conectar los objetivos con los distintos instrumentos de planificación y fomentar una participación cada vez mayor del sector empresarial y de la sociedad civil.
La dimensión institucional completa esta visión. Marina Irigoyen A., co-coordinadora del Grupo de Diálogo Minería y Desarrollo Sostenible (GDMDS), destaca el papel de la ética, la transparencia y la construcción de consensos.
Desde el GDMDS se promueven buenas prácticas y espacios multiactor destinados a fortalecer la responsabilidad social y el diálogo entre diferentes sectores. Irigoyen resume algunos de los elementos fundamentales para seguir avanzando en tres conceptos: “confianza, transparencia y priorización”, acompañados por inversiones responsables y participación ciudadana.
De las buenas prácticas a una transformación a mayor escala
En este sondeo elaborado en exclusiva por Corresponsables se dibujan varias prioridades comunes: movilizar financiación, mejorar la coordinación, fortalecer las instituciones, extender el conocimiento sobre los ODS y consolidar alianzas capaces de mantenerse en el tiempo.
En este contexto, el desafío no reside únicamente en formular nuevos compromisos, sino también en identificar las iniciativas que ya funcionan, compartir aprendizajes y crear las condiciones necesarias para replicarlas y escalarlas.
El ODS 17, dedicado a las alianzas para lograr los objetivos, aparece así como uno de los grandes ejes transversales de esta fase de la Agenda 2030. La magnitud de los retos económicos, sociales y ambientales de América Latina y el Caribe exige respuestas en las que administraciones, empresas, entidades sociales, universidades y ciudadanía encuentren espacios comunes de actuación.
A cuatro años del horizonte fijado por Naciones Unidas, la región continúa afrontando desafíos relevantes, pero dispone también de experiencias, conocimiento y organizaciones comprometidas con acelerar el desarrollo sostenible. Convertir ese capital en resultados requerirá pasar de iniciativas aisladas a ecosistemas de colaboración capaces de generar continuidad, inversión, confianza e impacto.
Las voces que han participado en este especial de Corresponsables coinciden, desde distintos ámbitos, en una idea esencial: la Agenda 2030 solo podrá acelerarse si la colaboración se convierte en acción y las buenas prácticas consiguen multiplicar su alcance.
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