En septiembre de 2015, los Estados miembros de Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un ambicioso compromiso para erradicar la pobreza, reducir las desigualdades y proteger el planeta. A medida que nos acercamos a 2030, crece la necesidad de identificar modelos y prácticas capaces de traducir esos compromisos globales en transformaciones reales y duraderas… pero también nos enfrenta a una realidad incómoda: los avances siguen siendo insuficientes y necesitamos acelerar la transformación de nuestros modelos económicos y sociales.
En este camino, el Comercio Justo y los ODS forman una alianza natural. Ambos comparten la convicción de que el desarrollo sostenible solo es posible cuando el progreso económico se construye respetando los derechos humanos y los límites del planeta. Ambos apuestan por poner a las personas en el centro de las decisiones económicas y por fortalecer la cooperación como herramienta para el cambio.
Esta conexión fue analizada de manera detallada en el cuaderno Comercio Justo y Objetivos de Desarrollo Sostenible, elaborado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo en 2018. El documento refleja cómo los principios fundamentales del Comercio Justo dialogan directamente con el espíritu de la Agenda 2030 y contribuyen de forma transversal a numerosos ODS: cuando las organizaciones productoras reciben precios más justos y estables, se fortalece su capacidad para superar situaciones de pobreza y vulnerabilidad; cuando se promueve la participación y el liderazgo de las mujeres, se generan avances en igualdad de género y autonomía económica; cuando se impulsan condiciones laborales dignas y relaciones comerciales basadas en la transparencia y el diálogo, se favorece un desarrollo económico más inclusivo… y cuando se fomenta una producción respetuosa con el medio ambiente y un consumo más consciente, se contribuye a la protección de los ecosistemas y a la acción frente al cambio climático.
Pero quizá la aportación más relevante del Comercio Justo a la Agenda 2030 sea demostrar que los desafíos globales están interconectados. La pobreza no puede abordarse sin hablar de desigualdad. La sostenibilidad ambiental no puede desligarse de los medios de vida de millones de personas. Y las soluciones duraderas requieren alianzas entre productores y productoras, organizaciones sociales, empresas, administraciones públicas y ciudadanía.
Por ello, Comercio Justo y ODS se refuerzan mutuamente. Los ODS ofrecen un marco común que orienta la acción colectiva hacia un horizonte compartido. El Comercio Justo aporta experiencias, herramientas y ejemplos concretos que ayudan a convertir ese horizonte en realidad.
A cuatro años de la meta de 2030, necesitamos acelerar el paso. Para ello, resulta imprescindible apostar por iniciativas que demuestren que es posible producir, comerciar y consumir de manera más justa y sostenible. El Comercio Justo no es la única respuesta a los desafíos globales, pero sí una de las herramientas concretas más valiosas para avanzar hacia el mundo que los ODS nos invitan a construir.
Desde Oxfam Intermón contribuimos a esta visión a través de nuestra apuesta por el Comercio Justo como herramienta de transformación social, económica y ambiental. Trabajamos junto a organizaciones productoras para fortalecer medios de vida sostenibles, promover la igualdad de género y apoyar prácticas de producción más respetuosas con el entorno. Al mismo tiempo, acercamos estos valores a las personas consumidoras, impulsando formas de consumo más responsables y coherentes con los principios de la Agenda 2030.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


