Cuando analizamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible aplicados al transporte, casi siempre pensamos en emisiones, electrificación o congestión urbana, dejando en un segundo plano a quién está detrás del volante. Pero no reflexionamos acerca de la brecha de género, una realidad extremadamente visible en el sector de la movilidad, ya que: en la mayoría de los países de América Latina, las mujeres representan una fracción mínima de quienes conducen vehículos de transporte, mientras son, al mismo tiempo, usuarias mayoritarias de la movilidad urbana.
Esta asimetría no es casual. La inseguridad sigue siendo el principal freno para que las mujeres se suban al volante como conductoras profesionales, pero también para que se muevan con libertad en determinados horarios o zonas como pasajeras. El resultado es una doble restricción: menos autonomía económica de un lado, y menos libertad de movimiento del otro. Si las ciudades sostenibles son, por definición, ciudades donde todas las personas pueden moverse en igualdad de condiciones, el ODS 5, que busca lograr la igualdad entre los géneros, no es un objetivo ajeno al transporte.
En Cabify llevamos años intentando entender esta brecha desde dentro de la propia plataforma, no solo como un problema social abstracto, sino como un desafío operativo. De esa mirada nace +Mujeres, una iniciativa enfocada en lograr una mayor participación de mujeres en el transporte. El programa se inició en 2021 en Argentina, junto a la comunidad Mujeres al Volante e incluyó el desarrollo de Cabify Mujer, una función que permite a las mujeres pasajeras ser transportadas únicamente por conductoras, una funcionalidad valorada muy positivamente entre las usuarias de la app.
Este trabajo no es un gesto aislado, sino parte de la estrategia ESG 2026-2029 de la compañía, «Movernos juntos para mover el mundo», que fija como meta alcanzar un 15% de conductoras colaborando en la plataforma a nivel global.
Lo que muestra la experiencia acumulada en distintos países es que no existe una única solución. Lo que funciona en Mendoza no es exactamente lo que funciona en Lima, porque las barreras —culturales, de seguridad, económicas— tienen matices locales. Pero el principio subyacente es el mismo: la tecnología puede ser una palanca de equidad si se diseña pensando en quién queda afuera, no sólo en quién ya está dentro.
La sostenibilidad de las ciudades del futuro no se mide únicamente en toneladas de CO₂ evitadas. Se mide también en cuántas mujeres pueden generar un ingreso propio detrás del volante, ganando autonomía, y en cuántas pueden moverse por su ciudad sin que el miedo decida por ellas. El ODS 5 nos recuerda que la movilidad sostenible, para serlo del todo, tiene que ser también una movilidad más igualitaria.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


