En un contexto global donde la sostenibilidad ya no es una opción, sino una responsabilidad ineludible, las empresas debemos asumir un papel activo en la protección del planeta. En Borges International Group lo tenemos claro: reducir nuestro impacto ambiental y desarrollar una actividad respetuosa con el entorno no es solo un objetivo, es uno de los pilares que guían nuestra estrategia.
Hablar de sostenibilidad es hablar de coherencia. No basta con declaraciones de intenciones; es necesario transformar los procesos, medir los avances y tomar decisiones basadas en datos. En nuestro caso, la mejora continua, la eficiencia operativa y la orientación al cliente siguen siendo claves para crecer sin perder de vista nuestro compromiso ambiental. Y es precisamente esta visión la que está impulsando avances tangibles en ámbitos como la energía, la gestión de residuos o la innovación alimentaria.
Uno de los ejemplos más claros de este compromiso es nuestra apuesta por la autosuficiencia energética. Hoy, el 65 % de la electricidad que consumimos es autogenerada. Esto no solo reduce nuestra dependencia de la red, sino que contribuye activamente a la descarbonización del sistema eléctrico y a la reducción de emisiones. De hecho, desde 2017 hemos logrado disminuir en un 32 % nuestras emisiones relativas y en un 28 % las absolutas. Estos datos no son casualidad, sino el resultado de una estrategia sostenida basada en inversiones, innovación y una clara voluntad de cambio.
Además, hemos continuado con la instalación de paneles fotovoltaicos iniciada el año anterior en todos los centros productivos, con el objetivo de instalar más de 2.100 paneles solares, que permitirán reducir los costes energéticos y evitar emisiones equivalentes a 445 t de CO₂. En esa misma línea, también estamos en proceso de completar la iluminación LED en oficinas y fábricas, y continuar desplegando otras palancas, como la electrificación de maquinaria, sustituyendo las carretillas con motor de combustión por modelos eléctricos con baterías de litio, y actualizando la flota interna de vehículos con alternativas híbridas y electrificadas.
Otro de los grandes retos —y, al mismo tiempo, oportunidades— de nuestro sector es la gestión de residuos. En Borges creemos firmemente en la economía circular como modelo de futuro. Haber alcanzado un 96 % de revalorización de los residuos y mantener la certificación Residuo Cero (Zero Waste) en nuestros principales centros productivos es un indicador claro de que es posible producir minimizando el desperdicio. Pero no nos conformamos. Proyectos como la recuperación de plásticos PET o la extracción de lecitinas, cuyo objetivo es obtener un subproducto de valor añadido y mejorar la calidad de los productos, también demuestran el desempeño realizado.
En este sentido, la innovación juega un papel decisivo. No solo en los procesos, sino también en el desarrollo de productos que respondan a las demandas de un consumidor cada vez más consciente. La introducción de nuevas gamas de cremas de frutos secos más saludables con soluciones como el aceite texturizado 100% de origen vegetal, Healthy & Solid Oil (HSO), son ejemplos de cómo la innovación puede alinearse con la salud y la sostenibilidad sin comprometer la calidad.
Sin embargo, hay un aspecto fundamental que a menudo pasa desapercibido: la biodiversidad. Preservarla no es solo una cuestión ética, sino también estratégica. Desde 2019 trabajamos en un plan piloto en nuestra finca de Mas de Colom para medir, proteger y fomentar la biodiversidad en nuestros cultivos. Porque solo entendiendo el equilibrio natural podremos garantizar la sostenibilidad a largo plazo de nuestra actividad agrícola.
En definitiva, avanzar hacia un modelo más sostenible no es un camino sencillo ni inmediato. Requiere inversión, compromiso y, sobre todo, una mentalidad abierta al cambio. Pero también ofrece una oportunidad única: la de redefinir cómo producimos, cómo consumimos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno.
En Borges International Group queremos ser parte de esa transformación. Y creemos firmemente que el progreso real no se mide solo en resultados económicos, sino en la capacidad de generar un impacto positivo duradero en el planeta y en la sociedad.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Medio Ambiente


