Cada 5 de junio el mundo se llena de discursos sobre medio ambiente. Empresas, instituciones y gobiernos repiten compromisos que muchas veces suenan tan correctos como lejanos. Este año, sin embargo, Naciones Unidas ha elegido una pregunta mucho más útil: la Tierra nos envía señales; ¿qué señal le devolvemos?
A mí me parece una pregunta empresarial antes que ecológica. Porque casi todo lo que hoy damos por evidente empezó siendo una idea cuestionada. Y porque las organizaciones rara vez cambian cuando escuchan un dato; cambian cuando ese dato se vuelve visible en su propia realidad.
Barcelona es un buen ejemplo. Cuando se inauguró la primera superilla del Poblenou en 2016 hubo protestas. Lo mismo ocurrió con los carriles bici o la Zona de Bajas Emisiones. Durante años, cualquier cambio ambiental parecía una molestia inmediata más que una inversión colectiva.
Hoy, estudios del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) estiman que aplicar íntegramente las superilles previstas evitaría 667 muertes prematuras al año y que reducir un 25 % el tráfico motorizado prevendría cerca de 200 más. La evidencia llegó después. Casi siempre llega después. Y eso obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿qué señales seguimos sin querer escuchar hoy?
Sabemos que el planeta se calienta. Pero muchas empresas todavía no saben cuántas toneladas de CO₂ generan. Según el Pacto Mundial de la ONU, el 83 % de las pymes españolas aún no está preparado para calcular su huella de carbono. Y aunque representan el 99 % del tejido empresarial, siguen siendo las grandes ausentes de la contabilidad climática.
No por mala fe. Muchas veces por saturación o porque todavía existe la percepción de que medir sostenibilidad es caro o complejo. Pero no lo es.
La calculadora del MITECO es gratuita y permite medir los alcances 1 y 2 —combustibles propios y consumo eléctrico—, que en muchas empresas de servicios representan prácticamente toda la fotografía inicial.
En augusta29 empezamos a medir hace años, impulsados en parte por nuestra certificación como Empresa B, pero también por una necesidad más simple: dejar de opinar y empezar a entender nuestros propios datos. Y descubrimos algo importante. Medir no genera culpa. Genera responsabilidad.
Hoy llevamos tres ejercicios consecutivos registrando nuestra huella en el MITECO. Nuestro alcance 1 es cero y el alcance 2 también, gracias a un contrato eléctrico 100 % renovable. Además, el 100 % de nuestro equipo se desplaza al trabajo en transporte público, manteniendo también bajo control buena parte del alcance 3.
No fue heroísmo. Fue coherencia. Y quizá ahí esté la verdadera cuestión de este 5 de junio. No necesitamos otra declaración grandilocuente. Necesitamos empezar por una cifra propia.
Porque una huella medida es el principio de una huella reducida. Y porque medir, en el fondo, es una forma de dejar de mirar hacia otro lado. Cuidar empieza por mirar. Pero mirar de verdad. Aceptar que la Tierra lleva tiempo enviándonos señales y entender que la única respuesta honesta empieza por nosotros mismos. Una cifra propia. Una huella conocida. Y, a partir de ahí, todo lo demás.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Medio Ambiente


