Grupo Tav Food es una compañía especializada en soluciones de packaging para el sector alimentario que apuesta por la economía circular como eje de su modelo de negocio. A través de su marca Ecoocel, desarrolla envases de fibra moldeada elaborados a partir del bagazo de caña de azúcar, transformando un residuo agrícola en un recurso funcional y compostable.
- ¿Qué labor desarrollan en Grupo TAV Food y cómo definiría la visión de la compañía en materia ESG?
- ¿Cuáles son las principales prioridades ambientales que se ha marcado Grupo TAV Food y cómo esperan que estas transformen su actividad en los próximos años?
- La economía circular y el packaging sostenible son ejes clave de su política. ¿Cómo están impulsando la innovación en este ámbito y qué oportunidades cree que ofrece para el sector alimentario?
- La trazabilidad y la gestión responsable de la cadena de suministro ocupan un lugar destacado en su estrategia ESG. ¿Cómo trabajan con proveedores y colaboradores para garantizar que estos compromisos se traduzcan en acciones reales?
- En el plano social, ¿qué iniciativas están desarrollando para fomentar el bienestar, la formación y el compromiso de las personas que forman parte de Grupo TAV Food?
- La gobernanza es un pilar esencial de cualquier estrategia ESG. ¿Qué mecanismos han implantado para asegurar una gestión ética, transparente y alineada con las mejores prácticas?
- Sus políticas recogen objetivos concretos para 2026 en ámbitos como la reducción de la huella de carbono, el impulso de las compras sostenibles o la evaluación ESG de proveedores. ¿Qué hoja de ruta se han marcado para alcanzarlos y cuáles prevé que serán los principales desafíos?
En un contexto marcado por la nueva regulación europea sobre envases y la creciente demanda de soluciones más sostenibles, la compañía trabaja para integrar criterios ESG en toda su actividad, desde el diseño de producto y la selección de proveedores hasta la medición del impacto ambiental y la gobernanza corporativa.
En esta entrevista, Vicente Alarcón, CEO de Grupo Tav Food, explica para Corresponsables cómo la innovación, la economía circular y la sostenibilidad están redefiniendo el futuro del packaging alimentario.
¿Qué labor desarrollan en Grupo TAV Food y cómo definiría la visión de la compañía en materia ESG?
En Grupo Tav Food llevamos años ayudando a empresas del sector alimentario a encontrar soluciones de packaging que sean prácticas, seguras, competitivas y, sobre todo, que contaminen cada vez menos. Ese es, en esencia, nuestro trabajo.
A través de Ecoocel, una marca desarrollada con nuestro propio know-how, fabricamos envases de fibra moldeada elaborados a partir del bagazo de caña de azúcar. El bagazo es el residuo que queda tras extraer el jugo de la caña de azúcar. Antes se desechaba o se quemaba, pero nosotros lo transformamos en un envase funcional y compostable.
Para mí, eso es economía circular desde el origen. Y es la base de nuestra visión ESG. No es algo que añadimos al negocio para quedar bien; forma parte de nuestro origen.
Creemos que el packaging debe responder a criterios ambientales, sociales y de buena gobernanza. Intentamos que esos principios estén presentes en todas nuestras decisiones: en los productos que incorporamos, en las empresas con las que trabajamos y en la forma en la que medimos nuestro impacto.
De hecho, tenemos un lema que resume muy bien nuestra filosofía: «Del residuo al recurso».
¿Cuáles son las principales prioridades ambientales que se ha marcado Grupo TAV Food y cómo esperan que estas transformen su actividad en los próximos años?
Tenemos tres líneas de trabajo muy claras. La primera consiste en apostar por productos con un menor impacto ambiental: envases fabricados con materiales renovables, reciclables o compostables. Pero no se trata de hacerlo de cualquier manera, sino de analizar qué solución tiene sentido para cada cliente y para cada aplicación.
La segunda prioridad es medir correctamente nuestra huella de carbono. Analizamos aspectos como el transporte, los proveedores, el almacén o el ciclo de vida del producto. Todavía hay empresas que hablan de sostenibilidad sin medir nada, y eso no puede ser. Lo que no se mide no se puede mejorar.
La tercera línea es incorporar realmente los criterios ambientales a nuestras decisiones de compra. El precio y el plazo de entrega seguirán siendo importantes, pero también debe valorarse el desempeño ambiental y social de los proveedores.
En cuanto a la transformación que esperamos, la nueva regulación europea sobre envases y residuos de envases (PPWR) va a cambiar profundamente las reglas del juego. Las empresas que lleguen preparadas tendrán una ventaja competitiva muy importante y nosotros queremos estar entre ellas, no solo como proveedores de envases, sino también como socios que acompañan a sus clientes en este proceso de transformación.
La economía circular y el packaging sostenible son ejes clave de su política. ¿Cómo están impulsando la innovación en este ámbito y qué oportunidades cree que ofrece para el sector alimentario?
Para nosotros la economía circular no es un concepto atractivo para incluir en una presentación; es la forma en la que funciona el producto que vendemos.
Como comentaba antes, el bagazo de caña de azúcar no se cultiva para fabricar envases, sino que es un residuo de la industria azucarera. Ese residuo, que de otro modo acabaría incinerándose, lo transformamos en un envase compostable al final de su vida útil. Eso es cerrar realmente el círculo.
Además, trabajamos intensamente en el ecodiseño para que cada envase utilice la menor cantidad posible de material sin perder funcionalidad. Buscamos productos más ligeros, eficientes, reciclables o reutilizables según cada contexto. Porque menos material bien diseñado siempre será mejor que más material acompañado de buenas intenciones.
También estamos desarrollando herramientas digitales que nos permiten gestionar mejor todo el proceso, desde el inventario hasta la documentación necesaria para cumplir con las crecientes exigencias normativas.
La oportunidad para el sector alimentario es enorme. Hoy el consumidor presta mucha más atención al envase. Una marca que apuesta por un packaging sostenible no solo reduce su impacto ambiental, sino que también genera confianza, se diferencia de la competencia y se adelanta a las futuras exigencias regulatorias.
Lo importante es dejar de considerar el packaging sostenible como un coste y empezar a verlo como una herramienta estratégica. Las empresas que lo entiendan antes tendrán una ventaja competitiva.
La trazabilidad y la gestión responsable de la cadena de suministro ocupan un lugar destacado en su estrategia ESG. ¿Cómo trabajan con proveedores y colaboradores para garantizar que estos compromisos se traduzcan en acciones reales?
Esta probablemente sea una de las preguntas más importantes que puede hacerse a cualquier empresa que habla de Sostenibilidad, porque es precisamente donde muchas organizaciones pasan del discurso a la realidad.
Nosotros trabajamos con un número reducido de proveedores estratégicos, pero mantenemos una relación muy cercana con ellos. Visitamos sus plantas, revisamos sus certificaciones, solicitamos información sobre el origen de los materiales, las condiciones de fabricación y el cumplimiento normativo. No nos basta con recibir un documento afirmando que son sostenibles. Auditamos personalmente las fábricas.
Además, creemos que la Sostenibilidad de una cadena de suministro nunca depende de un único actor. Depende del fabricante, del importador, del distribuidor, del cliente final y también de quien gestiona el residuo una vez utilizado el producto. Por eso buscamos trabajar con empresas que compartan esta visión y quieran avanzar con nosotros.
Nuestro objetivo para 2026 es incorporar criterios ESG formales en la evaluación de nuestros principales proveedores, de manera que la valoración ESG tenga un peso similar al precio o al plazo de entrega dentro de las decisiones de compra.
Es un cambio importante y lo estamos construyendo paso a paso.
En el plano social, ¿qué iniciativas están desarrollando para fomentar el bienestar, la formación y el compromiso de las personas que forman parte de Grupo TAV Food?
Para mí este aspecto es fundamental, porque ninguna estrategia ESG funciona si las personas no la entienden ni se sienten parte de ella. Puedes tener el mejor documento del mundo, pero si el equipo no lo vive, no sirve de nada.
Somos una empresa familiar formada por 36 personas, con una cultura muy cercana. La dirección está accesible, la comunicación es directa y el compromiso se percibe en el día a día.
Hemos apostado firmemente por la formación, especialmente en Sostenibilidad, regulación y digitalización, porque nuestro sector está cambiando muy rápido.
Además, realizamos sesiones de coaching con el comité de dirección, porque creemos que el liderazgo también debe trabajarse y desarrollarse.
En materia de conciliación contamos con políticas de flexibilidad que nos ayudan a atraer y retener talento, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
Y en diversidad, los datos hablan por sí solos. El comité de dirección está formado por tres miembros de la familia y cinco profesionales externos, lo que supone un 62,5% de profesionalización no familiar. Además, el 50% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. No responde a una política de cuotas, sino que ha surgido de forma natural y estamos muy satisfechos con ello.
Nuestro objetivo es que todas las personas de la empresa, independientemente del departamento al que pertenezcan, compartan el mismo lenguaje en materia de Sostenibilidad. Queremos que ESG no sea un proyecto de la dirección, sino una forma de trabajar de toda la organización.
La gobernanza es un pilar esencial de cualquier estrategia ESG. ¿Qué mecanismos han implantado para asegurar una gestión ética, transparente y alineada con las mejores prácticas?
En una empresa familiar la gobernanza tiene una característica muy especial: la responsabilidad es personal. Cuando aquí se toma una decisión cuestionable no existe un consejo anónimo detrás; hay personas concretas que tienen que mirar a los ojos a su equipo, a sus clientes y a su entorno. Y eso genera una responsabilidad muy importante.
Más allá de ello, hemos desarrollado estructuras formales de gobernanza.
Disponemos de una política ESG con compromisos concretos, indicadores y criterios de evaluación. También hemos incorporado métricas ESG a nuestro cuadro de mando para que la sostenibilidad deje de ser una intención y pase a formar parte de la gestión diaria.
Uno de los aspectos de los que me siento más orgulloso es nuestro código ético, firmado por todas las personas de la empresa, junto con un canal ético abierto a empleados, proveedores y colaboradores. No se trata de un mero requisito documental, sino de un mecanismo real para garantizar que los valores que defendemos puedan exigirse y protegerse.
Además, participamos en el programa Open Innovation de KM ZERO y contamos con el sello Madrid Excelente.
Todo ello nos conecta con empresas que comparten este compromiso y nos obliga a ser coherentes con aquello que decimos.
Sus políticas recogen objetivos concretos para 2026 en ámbitos como la reducción de la huella de carbono, el impulso de las compras sostenibles o la evaluación ESG de proveedores. ¿Qué hoja de ruta se han marcado para alcanzarlos y cuáles prevé que serán los principales desafíos?
Nuestra hoja de ruta se estructura en tres fases muy claras. La primera consiste en medir y ordenar antes de fijar objetivos. Hay que saber dónde estás antes de decidir adónde quieres llegar. Esto implica conocer la huella de carbono, evaluar a los proveedores y recopilar toda la documentación necesaria.
El problema es que muchos proveedores, especialmente los de menor tamaño, todavía no disponen de esa información, por lo que parte de nuestro trabajo consiste también en ayudarles a obtenerla.
La segunda fase consiste en integrar los criterios ESG en el funcionamiento diario de la empresa. Queremos que dejen de ser un proyecto independiente y pasen a formar parte de la forma en que compramos, vendemos y seleccionamos a nuestros proveedores.
La tercera es comunicar con transparencia. Contar lo que hacemos, lo que todavía nos falta por hacer y aquello que vamos aprendiendo durante el proceso. Para ello queremos apoyarnos en certificaciones y auditorías externas que aporten credibilidad.
Los principales desafíos serán disponer de datos fiables a lo largo de toda la cadena de suministro y mantener el equilibrio entre sostenibilidad y precio. Habrá ocasiones en las que el proveedor más sostenible no sea el más económico y será necesario explicar y justificar esas decisiones tanto dentro como fuera de la organización.
Al final, el mayor reto no consiste en definir buenos objetivos, sino en mantener la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos cuando el mercado aprieta.
Eso es cultura. Y la cultura no se decreta.
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