Kilian Zaragozá, CEO y cofundador de Naria, explica en esta entrevista cómo la compañía aplica la tecnología al servicio de la solidaridad para reducir el desperdicio alimentario y mejorar la redistribución de alimentos. Naria conecta empresas alimentarias, entidades sociales, administraciones y datos trazables para transformar los excedentes en valor social, ambiental y económico, con un modelo basado en la innovación, la eficiencia, la dignidad de la ayuda y el triple impacto.
- NARIA aborda uno de los grandes retos de la cadena alimentaria: evitar que alimentos en buen estado se conviertan en desperdicio. ¿Cómo definiríais vuestra misión y el impacto que buscáis generar?
- Vuestro modelo conecta empresas alimentarias, entidades sociales, tecnología y cumplimiento normativo. ¿Cómo se lidera una solución que exige coordinar tantos actores distintos?
- La Ley 1/2025 ha situado la prevención del desperdicio alimentario en el centro de la agenda empresarial. ¿Qué oportunidades abre esta normativa para pasar de la obligación legal a la transformación sostenible?
- NARIA convierte los excedentes alimentarios en valor social, ambiental y económico. ¿Cómo explicáis a las empresas que donar y gestionar mejor sus excedentes puede ser también una decisión eficiente y estratégica?
- La trazabilidad es uno de los grandes pilares de vuestra propuesta. ¿Por qué es tan importante saber dónde se genera el excedente, cómo se gestiona y a quién llega finalmente?
- El desperdicio alimentario no es solo un problema ambiental, también es una cuestión social y ética. ¿Cómo trabajáis para que la redistribución de alimentos se haga de forma digna, segura y eficiente?
- Trabajáis con tecnología, automatización y datos para mejorar la gestión de donaciones. ¿Qué papel juega la digitalización en la modernización del tercer sector y de la ayuda alimentaria?
- Vuestra plataforma permite medir impactos como reducción de emisiones, residuos evitados, personas beneficiadas o comidas equivalentes. ¿Por qué es clave que el impacto social y ambiental sea medible y auditable?
- Sectores como supermercados, industria alimentaria, catering, distribución o vending tienen realidades muy distintas. ¿Cómo adaptáis la solución a cada tipo de empresa sin perder el objetivo común de reducir el desperdicio?
- Mirando al futuro, ¿qué cambios deberían producirse en la cadena alimentaria para que la prevención del desperdicio, la economía circular y la inclusión social formen parte estructural del modelo de negocio?
- NARIA se define como una compañía de propósito social centrada en innovación y triple impacto. ¿Cómo se integra ese propósito en la toma de decisiones diaria de la empresa?
- NARIA ha sido reconocida como B Corp, lo que implica un compromiso con el impacto social, ambiental y la transparencia empresarial. ¿Qué ha supuesto este reconocimiento para vuestra evolución como organización?
NARIA aborda uno de los grandes retos de la cadena alimentaria: evitar que alimentos en buen estado se conviertan en desperdicio. ¿Cómo definiríais vuestra misión y el impacto que buscáis generar?
Nuestra misión se resume en un concepto que llevamos por bandera desde que fundamos la compañía: poner la tecnología al servicio de la solidaridad. Queremos transformar la manera en que gestionamos la ayuda para hacerla digna, eficiente, rentable y, sobre todo, escalable.
No nacimos solo para crear un software sino para aprovechar al máximo los recursos disponibles para conectarlos con las personas que más lo necesitan, buscando soluciones a paradojas tan completas como que se tiren miles toneladas de alimentos en perfecto estado mientras más de 6 millones de personas en nuestro país sufren inseguridad alimentaria. El impacto que buscamos es triple: social (democratizando el acceso a la alimentación y dignificando la ayuda), medioambiental (evitando la huella de carbono de esos alimentos que acabarían en la basura) y económico (optimizando los procesos de la industria y rentabilizando las acciones de todos los agentes involucrados).
Vuestro modelo conecta empresas alimentarias, entidades sociales, tecnología y cumplimiento normativo. ¿Cómo se lidera una solución que exige coordinar tantos actores distintos?
Liderar una solución como Naria implica actuar como una especie de “sistema operativo” entre sectores muy distintos: empresas alimentarias, entidades sociales, administraciones y todo el marco normativo que regula la cadena.
La clave está en simplificar una realidad que, de base, es compleja. La tecnología nos ayuda a estandarizar procesos y a dar estructura, pero por sí sola no es suficiente.
El verdadero liderazgo en un sistema así viene de construir confianza entre actores que no siempre han estado bien conectados, de alinear incentivos para que todos ganen algo en el proceso, y de reducir fricciones operativas para que participar no sea un esfuerzo añadido, sino algo natural dentro de su día a día. No venimos a cambiar cómo trabaja una entidad de reparto de ayuda alimentaria o cómo gestiona su stock un supermercado, sino a aportar una capa tecnológica que elimine la fricción entre ellos. La clave ha sido hablar el lenguaje de todos: para la empresa, hablamos de eficiencia, seguridad y datos; para la entidad social, de agilidad y alivio administrativo; para la administración, de transparencia y trazabilidad.
Al final, no se trata solo de conectar a los actores, sino de hacer que el sistema funcione de forma coordinada, eficiente y sostenible en el tiempo.
La Ley 1/2025 ha situado la prevención del desperdicio alimentario en el centro de la agenda empresarial. ¿Qué oportunidades abre esta normativa para pasar de la obligación legal a la transformación sostenible?
La Ley 1/2025 supone un punto de inflexión muy relevante porque pone el desperdicio alimentario en el centro de la agenda empresarial, como una cuestión ética, de eficiencia y también regulatoria.
La oportunidad real va mucho más allá del cumplimiento. Esta normativa puede ser el catalizador para que las empresas pasen de una gestión reactiva del excedente a un modelo estructural de prevención, trazabilidad y valorización del alimento, de forma optimizada y rentable.
Aquí es donde aparece la verdadera transformación: cuando el cumplimiento deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en una palanca para mejorar procesos internos, ganar eficiencia operativa y generar impacto medible. Al apoyarse en nuestra tecnología, ese «deber legal» se transforma en un proceso automatizado que mejora su reporting, su imagen corporativa y su cuenta de resultados.
En ese contexto, soluciones como Naria permiten precisamente ese salto: convertir una obligación normativa en una ventaja operativa, ambiental y social, integrando la gestión del excedente dentro del día a día de las empresas de forma sencilla, trazable y eficiente.
NARIA convierte los excedentes alimentarios en valor social, ambiental y económico. ¿Cómo explicáis a las empresas que donar y gestionar mejor sus excedentes puede ser también una decisión eficiente y estratégica?
A las empresas les hablamos con datos. Tirar alimentos cuesta dinero: tiene costes de destrucción, de logística inversa y de impacto reputacional. Les explicamos que el desperdicio tiene «costes ocultos» enormes: desde el tratamiento del residuo hasta el coste de oportunidad. Al digitalizar el proceso con Naria, les quitamos el peso administrativo. Les entregamos los justificantes fiscales automáticos, acompañamos en todo el proceso y entregamos datos claros para su control y reporte de sostenibilidad. Pasamos de una cultura de «gestión del excedente» a una de «aprovechamiento de recursos».
La trazabilidad es uno de los grandes pilares de vuestra propuesta. ¿Por qué es tan importante saber dónde se genera el excedente, cómo se gestiona y a quién llega finalmente?
Porque sin trazabilidad no hay seguridad, ni transparencia, ni confianza. Utilizamos tecnología blockchain precisamente para esto. La opacidad es el gran freno que históricamente ha impedido a muchas empresas y administraciones colaborar más intensamente. La industria alimentaria necesita estar 100% segura de que el producto que dona con su marca no va a acabar en un mercado secundario y que va a llegar en condiciones óptimas de seguridad alimentaria. Por otro lado, saber a quién llega y cómo llega es fundamental para medir el impacto real y para dar tranquilidad tanto al donante como al receptor. La trazabilidad es lo que convierte una donación bienintencionada en una acción de impacto auditable.
El desperdicio alimentario no es solo un problema ambiental, también es una cuestión social y ética. ¿Cómo trabajáis para que la redistribución de alimentos se haga de forma digna, segura y eficiente?
Este es quizás el punto más importante para nosotros. La situación de pobreza no puede significar renunciar a la dignidad. No se trata de dar «lo que sobra» de cualquier manera. Con el apoyo de la tecnología, conseguimos que los alimentos de alto valor nutricional (como frescos o lácteos) lleguen a las entidades sociales con suficiente vida útil. Esto garantiza que el receptor final obtenga un producto seguro y de calidad, promoviendo una ayuda digna y evitando la estigmatización.
Trabajáis con tecnología, automatización y datos para mejorar la gestión de donaciones. ¿Qué papel juega la digitalización en la modernización del tercer sector y de la ayuda alimentaria?
Es vital. El Tercer Sector hace un trabajo heroico, pero muchas veces con herramientas y recursos insuficientes: libretas, hojas de cálculo manuales, cadenas de llamadas de teléfono y mails inasumibles… La pandemia ya nos demostró que la digitalización de la solidaridad era urgente, más del 40% de las entidades del sector social carecen de herramientas digitales básicas para la gestión de datos o intervención directa de forma eficiente. Con nuestra tecnología, evitamos horas de trabajo administrativo para que las dediquen a lo verdaderamente importante: atender y acompañar a las personas. La digitalización les permite cruzar oferta y demanda en tiempo real, optimizar rutas y ser mucho más eficaces.
Vuestra plataforma permite medir impactos como reducción de emisiones, residuos evitados, personas beneficiadas o comidas equivalentes. ¿Por qué es clave que el impacto social y ambiental sea medible y auditable?
Como se suele decir, «lo que no se mide no se puede mejorar», pero yo añado: «lo que no se audita, genera desconfianza». En la era actual, los consumidores y las instituciones exigen transparencia. Las empresas necesitan métricas fiables para sus memorias de sostenibilidad y para demostrar el cumplimiento del nuevo contexto normativo. Ofrecer datos trazados y auditables es nuestra vacuna contra el green/socialwashing. Permite a las empresas decir «somos sostenibles» y, acto seguido, demostrarlo con números irrefutables. La capacidad de demostrar con datos el retorno de la ayuda es la llave que abre puertas a nuevos programas de financiación y colaboración.
Sectores como supermercados, industria alimentaria, catering, distribución o vending tienen realidades muy distintas. ¿Cómo adaptáis la solución a cada tipo de empresa sin perder el objetivo común de reducir el desperdicio?
La flexibilidad es nuestro valor diferencial. No puedes imponerle el mismo proceso logístico a una gran fábrica de lácteos que a un supermercado de barrio o a una empresa de catering. Entendemos que un supermercado tiene un flujo logístico de alta rotación, mientras que una industria fabricante maneja excedentes de producción en bloque. Nuestra plataforma se integra en paralelo a sus sistemas existentes. Nos sentamos con cada cliente, analizamos cómo se genera su merma, cómo son sus operativas de almacén y adaptamos la herramienta a su día a día.
El objetivo (salvar la comida) es el mismo, y la tecnología de base también, pero la «última milla» de la aplicación se moldea para que a los trabajadores de esa empresa donar les resulte tan fácil como pulsar un botón.
Mirando al futuro, ¿qué cambios deberían producirse en la cadena alimentaria para que la prevención del desperdicio, la economía circular y la inclusión social formen parte estructural del modelo de negocio?
El cambio principal debe ser cultural: tenemos que dejar de ver el excedente como un residuo para empezar a verlo como un recurso de alto valor. Para que esto sea estructural, necesitamos que la digitalización llegue a todos los eslabones de la cadena (desde el agricultor hasta el consumidor final), una colaboración público-privada real y valiente, y que la empatía se integre en los modelos de negocio. La tecnología ya la tenemos; la normativa ya acompaña. Ahora solo falta que toda la industria asuma que la rentabilidad futura solo será posible si es sostenible y humana.
NARIA se define como una compañía de propósito social centrada en innovación y triple impacto. ¿Cómo se integra ese propósito en la toma de decisiones diaria de la empresa?
Si una decisión no genera valor social, ambiental o no es económicamente sostenible para el ecosistema, simplemente no la tomamos. Cada nueva funcionalidad que desarrollamos en la plataforma, cada alianza estratégica que firmamos (como las que tenemos con CAPSA, Euromadi o Hiper Usera) pasa por ese filtro del triple impacto. No queremos ser una empresa tecnológica al uso, queremos ser un motor de cambio. Ese propósito es lo que evita que nos perdamos en la complejidad tecnológica y nos mantiene enfocados en lo que realmente aporta valor.
NARIA ha sido reconocida como B Corp, lo que implica un compromiso con el impacto social, ambiental y la transparencia empresarial. ¿Qué ha supuesto este reconocimiento para vuestra evolución como organización?
Ser B Corp es un gran hito para nosotros y un orgullo inmenso para todo el equipo. No es solo un sello, es una forma de entender la empresa. Antes de certificar, ya conectábamos mucho con los valores de esta comunidad y pasar por el proceso de auditar nuestro impacto nos ha supuesto validar externamente que el modelo con el que nacimos era el correcto. Nos exige mantener los estándares más altos de transparencia y mejora continua, y, de cara a nuestros partners e inversores, es una garantía de que en Naria la rentabilidad económica siempre va a ir de la mano del impacto positivo en el planeta y en la sociedad.
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