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El dolor crónico no responde a una única lógica ni se comporta igual en todas las personas. Esa fue una de las ideas centrales que dejaron las VI Jornadas de Dolor en Atención Primaria, organizadas por la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR) con la colaboración de Grünenthal, donde varios especialistas insistieron en la necesidad de abandonar visiones rígidas y asumir que el dolor cambia de un paciente a otro e incluso dentro del mismo paciente con el paso del tiempo.
Esa mirada, más cercana a la práctica clínica real, estuvo muy presente en el simposio ‘¿Te gustaría ver el dolor? Una demostración científica en vivo’, concebido para ayudar a los médicos de familia a comprender mejor cómo se genera y cómo se modula el dolor en tiempo real.
La doctora Rosa Izquierdo, anestesióloga de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, resumió así el planteamiento de la sesión: “Con este simposio se ha perseguido que los médicos de familia vean el dolor desde otra perspectiva: no como una cifra en una escala, sino como algo dinámico, que cambia entre pacientes e incluso en el mismo paciente a lo largo del tiempo”.
Un síntoma que depende de muchos factores
Durante el encuentro se mostraron experiencias prácticas para poner de relieve algo que en consulta se percibe con frecuencia, pero no siempre se explica bien: que estímulos parecidos pueden desencadenar respuestas muy distintas según la persona, su contexto, sus expectativas o su estado emocional.
Los especialistas abordaron cuestiones como la variabilidad en la percepción del dolor entre individuos, la modulación central del dolor a través de la atención o del contexto, y la necesidad de comprender esta experiencia desde una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales.
La doctora Izquierdo defendió que este tipo de demostraciones ayudan a trasladar la teoría al trabajo clínico diario porque permiten entender mejor por qué el tratamiento no puede ser estándar. “Este tipo de demostraciones tienen un gran impacto porque transforma conceptos teóricos en experiencias vividas, facilitando que el clínico integre mejor la necesidad de individualizar las decisiones terapéuticas”, explicó.
Ajustar el tratamiento, no repetir recetas
Esa individualización, según los especialistas, no es una formulación abstracta. Tiene consecuencias muy concretas en la forma de decidir un tratamiento. La anestesióloga insistió en que personalizar significa seleccionar bien al paciente, ajustar la dosis y reevaluar pronto la eficacia y la tolerabilidad del tratamiento.
La respuesta clínica, recordó, puede variar mucho en función de varios elementos: el tipo de dolor, si es nociceptivo, neuropático o mixto, la presencia de comorbilidades como fragilidad, insuficiencia renal o polifarmacia, y también la propia percepción individual del dolor o la tolerancia a los efectos adversos.
En ese contexto, los especialistas recordaron que existe un arsenal terapéutico amplio para adaptar el abordaje a las necesidades de cada paciente, en línea con la escalera analgésica de la Organización Mundial de la Salud, donde determinadas combinaciones de un opioide débil y un analgésico han mostrado utilidad en dolor moderado o intenso.
El dolor lumbar no es solo un problema físico
Otro de los focos de las jornadas estuvo en el dolor lumbar, uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria. En el taller ‘Decodificando el dolor lumbar’, los profesionales pusieron el acento en una dimensión a menudo infravalorada: su impacto emocional.
El doctor Arturo Pérez Fernández, médico de familia, advirtió de que ese componente sigue estando insuficientemente reconocido. “Está insuficientemente reconocido, ya que con frecuencia, los profesionales sanitarios experimentan en las consultas que el dolor en las personas con esta patología no solo limita su movilidad, sino que también erosiona su identidad”, señaló.
A partir de ahí describió una realidad bastante habitual en consulta: personas que dejan de poder trabajar como antes, hacer deporte, cuidar de su familia o simplemente realizar tareas cotidianas sin dificultad. Esa pérdida de autonomía, explicó, suele arrastrar también una pérdida de autoestima y da lugar a emociones como frustración, ansiedad e incluso tristeza, que en algunos casos pueden evolucionar hacia estados depresivos cuando el dolor se cronifica.
El miedo al movimiento también empeora el problema
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el llamado miedo al movimiento. Muchos pacientes con dolor lumbar reducen de forma drástica su actividad por temor a empeorar, pero esa inactividad, lejos de ayudar, puede agravar el cuadro.
Por eso el doctor Pérez Fernández defendió un enfoque más completo: “El abordaje del dolor lumbar no puede ser solo farmacológico, sino que es necesario escuchar al paciente, validar su experiencia emocional y trabajar con él un plan de recuperación funcional progresivo”.
Ese planteamiento encaja con una visión clínica cada vez más extendida: el dolor lumbar no se resuelve únicamente prescribiendo, sino también acompañando al paciente en la recuperación de movimiento, confianza y funcionalidad.
Las reagudizaciones también exigen un manejo diferenciado
Durante las jornadas también se abordó el problema de las reagudizaciones del dolor crónico, es decir, esos episodios transitorios en los que el dolor se intensifica sobre una base que estaba relativamente controlada. Los especialistas insistieron en la importancia de distinguir estas reagudizaciones del dolor irruptivo oncológico, porque sus características y su tratamiento no son los mismos.
En el caso del dolor crónico no oncológico, el abordaje debe adaptarse a cada situación e incluir, según los expertos, medidas físicas locales y, en algunos casos, antiinflamatorios o miorrelajantes.
Atención Primaria, decisiva para evitar la cronificación
Los profesionales reunidos por SEMDOR insistieron además en el papel central de la Atención Primaria. No solo porque el dolor lumbar sea una consulta muy frecuente, sino porque en ese primer nivel asistencial se toman muchas de las decisiones que pueden evitar que el dolor se cronifique.
El doctor Pérez Fernández recordó que la mayoría de estos cuadros tienen origen musculoesquelético o degenerativo, aunque también pueden relacionarse con contracturas, malas posturas sostenidas, sobrecarga mecánica o procesos inflamatorios. En las personas mayores, añadió, son frecuentes causas como la espondiloartrosis o la estenosis de canal, aunque siempre debe descartarse la existencia de señales de alarma que requieran una actuación urgente.
En cuanto al tratamiento, los especialistas señalaron que la escalera analgésica de la OMS sigue siendo una referencia útil, aunque en la práctica clínica no siempre basta con avanzar escalón a escalón. Pérez Fernández recordó en este punto el concepto de “ascensor terapéutico”, que permite subir directamente a un nivel superior cuando la intensidad del dolor y la situación clínica lo justifican.
La conclusión de fondo fue clara durante toda la jornada: tratar el dolor bien no consiste solo en medirlo o en recetar más deprisa, sino en entender cómo lo vive cada persona, qué lo agrava, qué lo sostiene y qué margen real hay para recuperar calidad de vida antes de que el problema se instale del todo.
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