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En el gimnasio de DomusVi Sierra de las Nieves, en Málaga, varias tardes a la semana suenan guitarras, voces y canciones que muchos residentes reconocen desde los primeros acordes. Allí ensayan The Triky, una banda formada por Carlos Urbaneja, Sergio González y Antonio Ayllón, tres residentes que han encontrado en la música una forma de seguir compartiendo aficiones, recuerdos y vida cotidiana.
El grupo nació de manera espontánea, a partir de las inquietudes musicales de sus integrantes. Lo que empezó como una afición compartida se ha convertido en una pequeña cita habitual dentro del centro, con ensayos tres o cuatro veces por semana y un público que se acerca para escuchar, acompañar y participar del ambiente.
“Para nosotros es una forma de seguir haciendo lo que nos gusta y de compartirlo con los demás”, explica Carlos Urbaneja, miembro de The Triky.
Música para encontrarse
El repertorio de la banda combina clásicos del pop y el rock español, con referencias como Triana o Héroes del Silencio, junto a otros géneros más tradicionales como el pasodoble. Esa mezcla permite conectar con gustos muy distintos y convertir cada ensayo en un momento abierto, cercano y reconocible para las personas que viven en la residencia.
The Triky también ha empezado a crear temas propios, como la balada “Cómplices en la tarde”, una muestra de cómo la música puede seguir siendo un territorio de expresión personal en cualquier etapa de la vida.
Rocío Narváez, Directora de DomusVi Sierra de las Nieves, destaca la evolución natural del proyecto dentro del centro. “Empezaron a tocar por iniciativa propia y poco a poco se ha convertido en algo que moviliza a todo el centro. Hay personas que esperan los ensayos como un momento especial del día”, señala.
Aficiones que siguen formando parte de la vida
La experiencia de The Triky encaja con el Modelo de Atención Centrada en la Persona que DomusVi impulsa a través de su proyecto Humaniza, orientado a favorecer entornos donde las personas puedan mantener sus intereses, su historia de vida y sus capacidades.
Desde la compañía subrayan que “la música tiene una capacidad única para conectar a las personas con su identidad y con los demás”. En esa línea, defienden que los centros residenciales deben ofrecer espacios donde cada persona pueda seguir desarrollando aquello que la define, también desde sus aficiones.
La banda se ha convertido así en algo más que una actividad musical dentro de la residencia. Sus ensayos funcionan como punto de encuentro, activan la participación y refuerzan una idea sencilla pero esencial: envejecer también es seguir creando, compartiendo y disfrutando de lo que a uno le gusta.
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