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BBVA cerró 2025 con el 99% de su consumo eléctrico global procedente de fuentes renovables y ha fijado como objetivo alcanzar el 100% en 2030. El dato forma parte del nuevo Plan Global de Ecoeficiencia 2026-2030, una hoja de ruta con la que el banco busca seguir reduciendo el impacto ambiental directo de su actividad, desde el consumo energético de sus edificios hasta el uso de agua, papel, residuos, movilidad y emisiones operativas.
La entidad llega a este nuevo ciclo después de haber completado con dos años de antelación los objetivos de su anterior Plan Global de Ecoeficiencia 2021-2025. Desde 2019, BBVA ha reducido un 83% sus emisiones de CO₂ de alcance 1 y 2, es decir, las emisiones directas de la entidad y las indirectas asociadas a su consumo energético, excluidas las emisiones de sus clientes.
Menos electricidad, agua, papel y residuos por empleado
El avance en electricidad renovable no es el único indicador relevante. BBVA ha recortado también, en términos por empleado, un 22% el consumo de electricidad, un 19% el consumo energético, un 36% el consumo de agua, un 44% el uso de papel y un 33% los residuos netos.
La superficie certificada ambientalmente alcanzó el 62%, muy por encima del objetivo del 45% que el banco se había marcado en su plan anterior. Este indicador incluye certificaciones como ISO 14001, ISO 50001, LEED, EDGE, WWF Green Office y Residuo Cero.

Sobre esa base, el nuevo plan plantea metas adicionales para 2030: reducir un 7% el consumo de electricidad por empleado, otro 7% el consumo energético, un 8% el consumo de agua, un 10% el consumo de papel y un 23% los residuos netos por empleado. También prevé reducir un 8% las emisiones de alcance 1, eliminar las emisiones de alcance 2 market-based y recortar un 30% las emisiones de alcance 3.5, vinculadas a determinados desplazamientos y actividad de empleados.
Una hoja de ruta para edificios, energía y movilidad
El nuevo Plan Global de Ecoeficiencia 2026-2030 se estructura en cinco ejes: energía renovable, eficiencia energética, movilidad sostenible, gestión de recursos y residuos, y descarbonización de operaciones.
En energía, BBVA prevé avanzar mediante nuevos contratos de compra de electricidad renovable, certificados de origen y generación en instalaciones propias. En eficiencia, pondrá el foco en modernizar iluminación, climatización y sistemas de gestión de edificios. La movilidad sostenible seguirá apoyándose en la renovación progresiva de la flota hacia vehículos eléctricos o de bajas emisiones. En recursos, el banco reforzará las medidas de ahorro de agua, reducción de papel, reciclaje y valorización de residuos.
Alberto Agustín, Responsable de Inmuebles y Servicios en BBVA, explica que “el nuevo plan se sitúa como una palanca clave para reducir el impacto ambiental de nuestra actividad directa”. Según señala, el banco parte de “una base muy sólida” y eleva ahora la ambición para seguir reduciendo consumos y emisiones en su red de inmuebles. “Más allá de los objetivos, este plan consolida una cultura de eficiencia y responsabilidad ambiental en toda la organización, donde cada edificio y cada equipo contribuyen a un objetivo común”, añade.
Contratos renovables, autoconsumo y precio interno del carbono
BBVA ya aplica estas líneas de trabajo en distintos países. En electricidad, combina contratos de compra de energía renovable en España, México, Turquía y Argentina, certificados de origen en varios mercados y autogeneración solar en instalaciones de España, México, Turquía, Argentina, Perú y Uruguay.
La entidad mantiene además un mecanismo interno para incentivar la reducción de emisiones bajo gestión directa. En 2025 retiró 167.532 créditos de carbono y mantuvo un precio interno del carbono de 32 euros por tonelada. Este sistema, vigente desde 2020, asigna internamente a cada área el coste asociado a sus emisiones, por ejemplo en viajes, para que los equipos incorporen ese impacto en su planificación presupuestaria.
Las emisiones financiadas, el gran reto pendiente
Aunque el plan se centra en la actividad directa del banco, BBVA también aborda sus emisiones indirectas de alcance 3, que constituyen la mayor parte de su huella. En concreto, la cartera financiada representa en torno al 99% de las emisiones del banco.
Para avanzar en esa descarbonización, la entidad trabaja con una estrategia sectorial, planes de transición, métricas de seguimiento y objetivos intermedios de reducción de emisiones a 2030, con la intención de alinear progresivamente su cartera con trayectorias de descarbonización.
También impulsa otras medidas vinculadas a emisiones indirectas de empleados, como puntos de recarga para vehículos eléctricos, lanzaderas corporativas y soluciones de coche compartido en distintas geografías.
De la ecoeficiencia interna a la gestión del riesgo ambiental
El nuevo plan de BBVA no sustituye la estrategia climática del banco, pero sí le da una base operativa concreta: edificios más eficientes, consumo renovable, menos recursos por empleado, menos residuos y mayor control sobre las emisiones asociadas a su propia actividad. En un sector donde la mayor huella procede de la financiación, esa disciplina interna no resuelve por sí sola el reto climático, pero sí marca el estándar con el que la entidad quiere gestionar sus propias operaciones antes de exigir avances en otros ámbitos.


