Francisco José Sosa Fernández, Cofundador de Emotional Sales Training, Customer Success Executive en Compettia y Profesor Invitado en diferentes escuelas de negocio, comenzó a acercarse a la Responsabilidad Social a finales de los años 90 desde su experiencia en MRW. Los sistemas de calidad, la gestión medioambiental y los primeros planes sociales de la compañía fueron abriendo un camino que terminaría marcando más de 25 años de su trayectoria profesional. Desde entonces, ha defendido un modelo empresarial más humanista, convencido de que “una empresa no es solo un negocio, sino también una causa” y de que “lo mejor siempre van a ser las personas”.
- Tu acercamiento a la Responsabilidad Social se produjo desde los sistemas de calidad y tu experiencia en MRW. ¿Cómo fue aquel recorrido y cuáles fueron las primeras iniciativas que impulsasteis?
- Aquella etapa pionera también debió de dejar numerosas anécdotas. ¿Qué recuerdos conservas de esos primeros años de divulgación de la RSE?
- ¿Cómo era el panorama empresarial cuando comenzaste y qué resistencias encontrasteis al intentar introducir otra forma de hacer empresa?
- ¿Dónde se encontraban las barreras más difíciles de superar dentro de las organizaciones?
- En paralelo a esa etapa conociste a Marcos González y asististe al nacimiento de Corresponsables. ¿Cómo recuerdas aquel primer encuentro y la evolución posterior del proyecto?
- ¿Cuál ha sido la principal lección que te ha dejado esta trayectoria y cómo ha influido en tu evolución profesional?
- ¿Qué grandes avances destacarías en la evolución de la RSE en España durante estas dos décadas?
- Entre las experiencias vividas, ¿hay alguna que te ayudara a comprender de una manera especialmente directa la dimensión humana de la RSE?
- ¿A quiénes consideras pioneros de esta transformación y qué caso te parece especialmente emblemático?
- La tecnología abre ahora un nuevo escenario. ¿Qué papel debería desempeñar el humanismo ante el avance de la Inteligencia Artificial?
- ¿Cómo imaginas el futuro de la Responsabilidad Social y qué oportunidades deberían aprovechar las empresas?
- ¿Qué reflexión compartirías con las nuevas generaciones de profesionales interesadas en la RSE?
- Después de más de dos décadas divulgando la Responsabilidad Social, ¿cuál consideras que ha sido tu mayor contribución?
- ¿Hay algo que harías de otra manera si pudieras comenzar de nuevo?
- Y para terminar, Francisco, ¿cómo te gustaría que se recordara tu trayectoria?
En el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Sosa recuerda el día en que un joven Marcos González acudió a MRW para compartirle el sueño de crear un medio especializado en Responsabilidad Social Corporativa. Aquella primera conversación dio paso a una colaboración mantenida durante años en mesas redondas, conferencias y proyectos de divulgación. Para Sosa, Corresponsables “ha hecho de la comunicación de la RSE el lema de su proyecto y de su vida” y ha ayudado a entender que las empresas forman parte de “un ecosistema que tiene que estar totalmente equilibrado”. Una tarea que conecta con la que considera su propia contribución: creer que “con la palabra y con la ilusión se pueden conseguir cosas maravillosas”.
Tu acercamiento a la Responsabilidad Social se produjo desde los sistemas de calidad y tu experiencia en MRW. ¿Cómo fue aquel recorrido y cuáles fueron las primeras iniciativas que impulsasteis?
Empecé a finales de los años 90. Creo que fue durante las primeras jornadas de calidad que se organizaron en Lleida cuando comenzamos a acercarnos, desde MRW, a la Responsabilidad Social Corporativa.
Como muchos profesionales de aquella época, seguimos un proceso que se inició con la calidad. Primero llegó la aplicación de las normas ISO, después EMAS en materia medioambiental y también el modelo EFQM. Estos marcos nos fueron descubriendo un proceso que terminó conectando y culminando en aquello que hoy integra el concepto de Responsabilidad Social Empresarial.
El primer gran proyecto en el que trabajé fue la ampliación de los planes sociales de MRW. Mucho antes de que se hablara de Responsabilidad Social Corporativa, la compañía ya contaba con un plan por el que todos los soldados que estaban haciendo el servicio militar en España podían recibir cada mes un envío gratuito desde sus casas al cuartel con aquello que necesitaran de sus familiares.
También existía un programa para los estudiantes que residían en una provincia diferente a la de su domicilio, quienes podían realizar un envío gratuito. El objetivo fue ampliar todo ese proceso y empezamos a desarrollar nuevos proyectos, como los envíos gratuitos para personas con discapacidad, familias numerosas y ONG.
Llegamos a tener hasta diez planes sociales. Aquello consiguió que nuestro trabajo de recoger, transportar y entregar envíos tuviera un sentido único, muy diferente de lo que estaba ocurriendo en aquellos primeros años del siglo XXI dentro de la sociedad empresarial española.
Aquella etapa pionera también debió de dejar numerosas anécdotas. ¿Qué recuerdos conservas de esos primeros años de divulgación de la RSE?
La verdad es que son cientos de anécdotas, curiosidades y vivencias. No sabría por dónde empezar.
Recuerdo, por ejemplo, estar esperando a un ponente que había estado allí unos minutos antes y al que, de repente, nadie encontraba. El pobre se había quedado atrapado en un ascensor.
También hubo personas que, estando como ponentes, se dormían en las mesas mientras esperaban su turno. Y muchas intervenciones repetían siempre las mismas frases, como “tal como decía Goleman…”.
Son situaciones que hicieron que este trabajo de difundir la Responsabilidad Social, más que un empleo, terminara convirtiéndose en todo un proyecto. Y también han sido experiencias muy divertidas.
¿Cómo era el panorama empresarial cuando comenzaste y qué resistencias encontrasteis al intentar introducir otra forma de hacer empresa?
Era un panorama bastante desconocido. Aun así, siempre ha habido empresas y empresarios con la voluntad, a su manera, de devolver a la sociedad parte de lo que esta les había aportado al permitir que sus negocios crecieran, se desarrollaran y obtuvieran beneficios.
También existía una parte más gris del mundo empresarial, donde solo importaban los beneficios y la rentabilidad para el accionista. Esa visión colocaba muchos peldaños difíciles a quienes creían que era posible construir un modelo empresarial diferente y más humanista.
Hablábamos de orientar a toda la empresa hacia tres grandes pilares: el respeto medioambiental, la gestión de las personas y la transparencia económica.
No descubro nada si digo que, durante mucho tiempo, muchas grandes empresas no respetaron estos tres principios. Algunas hicieron trampas o algo muy parecido. Pero eso no impide reconocer que, dentro de esas mismas compañías, había personas que trabajaban hasta la saciedad para paliar determinadas prácticas o para demostrar, por pura convicción, que la mejor forma de hacer empresa y aportar a la sociedad, además de ser rentable, es ser una buena persona que dirige una empresa.
Esa es una de las grandes lecciones que he aprendido. Cuando compartes camino con esas personas, sientes que su trabajo y el tuyo cobran sentido.
¿Dónde se encontraban las barreras más difíciles de superar dentro de las organizaciones?
El mayor desafío era alinear a toda una organización. Había que intentar convencer a personas con objetivos propios en operaciones, finanzas, Recursos Humanos, marketing o ventas de que hacer algo diferente, apoyado en esos tres principios, también podía ayudarles a alcanzar sus metas.
Esto resultaba especialmente complejo porque, en muchos casos, su remuneración dependía de una combinación entre el sueldo y el cumplimiento de determinados objetivos. Las barreras mentales de muchas personas, tanto internas como externas a las organizaciones, supusieron una gran dificultad a la hora de implantar planes de Responsabilidad Social Corporativa.
He conocido incluso a personas que fueron despedidas por intentar convencer a sus Comités de Dirección de que debían adoptar determinadas medidas de RSE, ya fuera en cuestiones económicas, en gestión de personas o en protección medioambiental.
Estamos hablando de asuntos muy serios. Empresas en las que se produjeron muertes por no aplicar correctamente protocolos de prevención laboral o fallecimientos relacionados con graves daños medioambientales.
También recuerdo una conferencia en la sede de la CEOE en la que participábamos varios directivos. Después de exponer nuestras experiencias, dos personas realizaron comentarios despectivos sobre por qué las empresas debían desarrollar este tipo de actividades. Más allá de la incomodidad del momento, lo curioso fue que, dos o tres meses después, esas personas acabaron en la cárcel.
Ha habido mucha mentira y mucho cinismo, pero también grandes compañías convencidas de que la RSE era una estrategia ganadora. Si consigues que tu plantilla esté alineada con el proyecto empresarial, producirá más y mejor. Si respetas el medioambiente, tus grupos de interés te mirarán de otra manera. Y si mantienes una gestión financiera transparente, tendrás más oportunidades de ganar concursos y atraer clientes.
Ha existido una lucha constante, una especie de yin y yang de la Responsabilidad Corporativa que todavía hoy continúa.
En paralelo a esa etapa conociste a Marcos González y asististe al nacimiento de Corresponsables. ¿Cómo recuerdas aquel primer encuentro y la evolución posterior del proyecto?
Con todo el respeto y cariño hacia el conjunto del equipo, para mí Corresponsables siempre ha estado muy ligado a aquel joven Marcos González que ya colaboraba con nosotros y que un día vino a verme.
Me dijo: “Paco, voy a iniciar un proyecto. Es un sueño que tengo. Quiero crear una editorial o, como decía al principio, una revista muy especializada en Responsabilidad Social Corporativa y quiero hacerla muy grande”. Venía para explorar cómo podíamos ayudarnos desde MRW.
Así comenzó una colaboración fantástica. Ahora, después de tanto tiempo, observo el recorrido de Corresponsables y de Marcos con una admiración y un orgullo especiales por haber estado allí desde el principio y por haber participado en tantas mesas redondas, ponencias y conferencias dedicadas a difundir los beneficios y todo lo positivo que aporta la Responsabilidad Social Corporativa, tanto en España como en Latinoamérica.
Corresponsables ha tenido, tiene y creo que seguirá teniendo un papel primordial. Ha hecho de la comunicación de la RSE el lema de su proyecto y de su vida.
Ha contribuido a que las memorias de muchas empresas recojan aquello por lo que verdaderamente deberían ser conocidas, más allá de su producto estrella o de sus beneficios. También ha ayudado a que la Responsabilidad Corporativa se convierta en una parte esencial de la estrategia de pequeñas, medianas y grandes empresas.
Ha dado valor a la idea de que somos mucho más que un proyecto empresarial. Formamos parte de un ecosistema que debe mantenerse equilibrado. La Responsabilidad Social Corporativa aporta equilibrio a un mundo que en ocasiones parece frío e inhumano, pero en el que cada día millones de personas se levantan con un propósito y con una manera diferente de trabajar.
Por eso les deseo lo mejor y les animo a que no cejen en su empeño, a que continúen con ese trabajo maravilloso. Para mí, han sido, son y serán unos cracks de la Responsabilidad Social Corporativa.
¿Cuál ha sido la principal lección que te ha dejado esta trayectoria y cómo ha influido en tu evolución profesional?
La principal lección es un legado que me dejó Francisco Martín Frías, Director General de MRW: todo esto se hace por principios, porque te lo crees y porque estás convencido de que, siguiendo esta estrategia, tu empresa, tu equipo y tú mismo podéis dejar este mundo mucho mejor de como lo encontrasteis.
Mi evolución profesional ha estado muy marcada por los 17 años que trabajé en MRW. Fue la empresa que me formó, especialmente en el ámbito de la Responsabilidad Social Corporativa.
Yo procedía del mundo de las ventas y de la comunicación, pero allí entendí el propósito de trabajar con un sentido. Comprendí que una empresa no es solo un negocio, sino también una causa. Ese enfoque más humanista ha definido todos mis compromisos posteriores.
Primero como autónomo y después como empresario, he tratado de convencer a mis clientes de que necesitaban introducir cambios, y en muchos casos lo he conseguido. En el sector logístico, varias empresas han implantado estrategias que ya desarrollábamos en MRW. En el ámbito de la formación comercial, he creado cursos que sitúan el factor humano en el centro de las ventas.
Ese enfoque pone el foco tanto en los comerciales que venden un producto o un servicio como en sus clientes, a quienes hay que atender y, sobre todo, entender.
¿Qué grandes avances destacarías en la evolución de la RSE en España durante estas dos décadas?
El principal cambio ha sido la multitud de empresas que se han incorporado a la Responsabilidad Social Corporativa en sus tres grandes dimensiones.
En la gestión de personas, muchas organizaciones han avanzado desde la inclusión de personas con discapacidad hasta la implantación de medidas de Igualdad, tanto en el terreno salarial entre mujeres y hombres como en el acceso a puestos directivos.
En materia medioambiental se han desarrollado numerosos protocolos, normativas y certificaciones. Las empresas que operan en sectores con un elevado impacto llevan años trabajando seriamente para reducir sus emisiones y su huella ambiental.
También se ha avanzado mucho en comunicación y difusión, aunque queda muchísimo por hacer. Una de las claves ha sido compartir de manera constante las buenas prácticas que se iban desarrollando. Y, por supuesto, Corresponsables ha tenido mucho que ver en ese proceso.
Entre las experiencias vividas, ¿hay alguna que te ayudara a comprender de una manera especialmente directa la dimensión humana de la RSE?
Uno de los momentos más inolvidables fue un viaje que hicimos con UNICEF. Invitó a varios directivos de empresas a Ecuador para mostrarnos el trabajo de campo que estaba realizando en materia de educación, especialmente en las comunidades andinas.
Fue impactante comprobar la falta de maestros y los kilómetros que tenían que recorrer muchos niños y niñas para asistir, llenos de ilusión, a sus clases.
Posteriormente tuve la oportunidad de regresar a Ecuador invitado por otra ONG local. Allí pude tocar la pobreza de primera mano. Fue mi primera experiencia de ese tipo y después llegaron otras en diferentes lugares. Todas esas vivencias me permitieron conocer la realidad de quienes sufren y necesitan, de manera imprescindible, la solidaridad del conjunto de la sociedad.
Es imposible estar rodeado de grupos de interés y no preocuparse ni ocuparse de ellos. Las empresas que inciden en un territorio, con independencia de su tamaño, tienen que comprender que el proceso de mejora constante es lo que da sentido a su estrategia.
En el lado contrario están los momentos negativos, cuando descubres empresas interesadas exclusivamente en aportar valor al accionista, pasando por encima de cualquier necesidad local. Por eso fueron tan necesarias iniciativas como el Pacto Mundial y siguen siéndolo en un mundo que parece volverse más hostil, donde en ocasiones solo importan el dinero y la imagen.
Queda mucho camino y mucho trabajo por delante, pero nunca podemos perder lo más importante: los principios que rigen al ser humano.
¿A quiénes consideras pioneros de esta transformación y qué caso te parece especialmente emblemático?
He conocido a muchísimas personas. Cuando fundamos, junto con otras grandes compañías, el Club de Excelencia en Sostenibilidad, muchas grandes empresas españolas fueron pioneras en el desarrollo de estas prácticas. Pero también hubo profesionales de pequeñas y medianas empresas de todo tipo.
Los anuarios y las publicaciones de Corresponsables recogen cientos de experiencias, objetivos y logros. A comienzos de los años 2000 empezó a consolidarse un movimiento que creía de verdad que era posible transformar la sociedad desde el mundo empresarial.
Fue difícil encontrar puntos de unión entre empresas, trabajadores, proveedores, clientes, organizaciones sindicales y entidades del Tercer Sector. Sin embargo, muchos proyectos salieron adelante. Cada organización hizo su aportación de acuerdo con su tamaño, presupuesto y aspiraciones.
Hay compañías que han integrado la RSE de manera espectacular. Se pueden citar ejemplos como Inditex o Mango en el sector textil, Iberdrola y otras grandes compañías, pero también pequeños comercios y medianas empresas que han implantado planes de Igualdad, programas de inclusión de personas con discapacidad o sistemas para controlar su huella de carbono.
Si tuviera que escoger un proyecto, el que más he seguido, más me ha impactado y con el que de alguna manera seguimos colaborando, elegiría a la ONCE.
La Organización Nacional de Ciegos Españoles ha convertido la Responsabilidad Social Empresarial en su paradigma principal y la ha situado en el centro de sus proyectos y objetivos. Para mí, la ONCE es la organización que mejor representa el concepto de RSE.
La tecnología abre ahora un nuevo escenario. ¿Qué papel debería desempeñar el humanismo ante el avance de la Inteligencia Artificial?
Tenemos que seguir, ser persistentes y crear entornos favorables a un humanismo que haga de las empresas lugares en los que también se pueda vivir.
Tenemos un reto espectacular con la tecnología. La Inteligencia Artificial nos llevará a espacios en los que todavía ni siquiera hemos soñado estar. La gran pregunta es al servicio de qué estará esa Inteligencia Artificial.
¿Estará exclusivamente al servicio de los beneficios del accionista? ¿Será esa la lógica que oriente el cambio total de los modelos de producción? ¿Y si dejara de ser artificial? Si fuera realmente una inteligencia por y para la humanidad, cambiaría completamente la reflexión.
El mundo que viene, para quienes tengan la oportunidad de vivirlo, será sencillamente maravilloso o distópico. Esa es la elección.
¿Cómo imaginas el futuro de la Responsabilidad Social y qué oportunidades deberían aprovechar las empresas?
Se abren muchísimas oportunidades, especialmente para conseguir que la ciencia, la cultura y el humanismo desarrollen su máxima expresión y nos permitan tener vidas apasionantes, vidas que realmente hagan vivir.
Desde el mundo empresarial deberíamos crear entornos laborales saludables, espacios de debate sin tensiones, condiciones que faciliten el comercio entre naciones y sociedades en las que las personas puedan desplazarse sin sentirse criminales o delincuentes.
También debemos contribuir a que el mundo sea un lugar maravilloso para vivir. Todo eso forma parte de la Responsabilidad Social Empresarial.
Las tres grandes bases sobre las que siempre se ha apoyado —el respeto medioambiental, la gestión económica transparente y la gestión de las personas— deberían estar presentes en la mente de todas aquellas personas que quieran impulsar proyectos empresariales.
Ese es el punto de partida. A partir de ahí, las oportunidades son innumerables.
¿Qué reflexión compartirías con las nuevas generaciones de profesionales interesadas en la RSE?
No sé si me siento capacitado para dar consejos. Sí puedo compartir una reflexión que quizá ayude a pensar a quienes se dediquen a buscar lo mejor para sus compañías.
Lo mejor de sus empresas siempre serán las personas, tanto las que trabajan dentro como las que las rodean.
Todos los procesos, ideas y proyectos encaminados a mejorar la vida de esas personas harán que su trabajo tenga sentido.
Después de más de dos décadas divulgando la Responsabilidad Social, ¿cuál consideras que ha sido tu mayor contribución?
Tener que decir qué es lo que uno ha hecho mejor da un poco de vergüenza.
He intentado comunicar las bondades y virtudes de la Responsabilidad Social Empresarial. He tratado de contagiar ilusión y ganas, siempre apoyándome en los principios de las personas, para que otros se subieran a ese proyecto. Algunas veces lo he conseguido y otras no, pero ese es el proceso natural.
Hay personas que, aunque hablen el mismo idioma, no comparten las mismas ideas, comprensiones ni sueños.
Un político de este país, al que tengo mucho cariño, me presentó una vez en una conferencia como “el poeta de la Responsabilidad Social Empresarial”. Al principio me quedé descolocado porque no entendía muy bien qué significaba ser poeta en este ámbito. Después comprendí que podía ser un halago, aunque también quizá un eufemismo, según cómo quisiera interpretarse.
Creer que con la palabra y con la ilusión se pueden conseguir cosas maravillosas ha sido mi humilde contribución.
¿Hay algo que harías de otra manera si pudieras comenzar de nuevo?
Sí, por supuesto. Cambiaría muchas cosas.
Intentaría corregir los errores provocados por un exceso de pasión o por creer que estaba luchando contra injusticias cuando, en ocasiones, eran simplemente visiones diferentes de personas que también trataban de alcanzar sus objetivos, aunque por caminos distintos a los míos.
Me gustaría haber mostrado siempre mucho respeto hacia todas las personas con las que me he cruzado, tanto con aquellas con las que estaba de acuerdo como con las que no. También pediría disculpas a quienes pudieron sentirse molestos por mi forma de expresarme o por haber puesto el dedo en la llaga cuando quizá no era el momento.
Al mismo tiempo, aunque resulte contradictorio, me habría gustado implicarme todavía más. Hubo momentos en los que me dejé llevar por la vorágine del trabajo y por los compromisos de las empresas en las que estaba. Quizá tendría que haber presionado un poco más para sacar adelante propuestas que el tiempo demostró que habrían sido maravillosas.
Y para terminar, Francisco, ¿cómo te gustaría que se recordara tu trayectoria?
Me gustaría ser recordado como uno de tantos, como una de las cientos o miles de personas que pusieron su granito de arena para que este maravilloso concepto de Responsabilidad Social Empresarial continuara avanzando.
Ha consistido sencillamente en trabajar día a día durante cerca de 25 años de mi vida profesional. Después de más de 1.200 conferencias, escritos y textos dedicados a divulgar el apasionante mundo de la Responsabilidad Social Corporativa, que también guarda una estrecha relación con la Responsabilidad Social Personal, el recuerdo tiene que ser necesariamente colectivo.
Es un honor compartirlo con Corresponsables, a quien agradezco profundamente las oportunidades que ha ofrecido a tantas personas y, por supuesto, también a mí.


