En los debates sobre los retos que afronta la sociedad hay un concepto que no suele aparecer: la tranquilidad. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos y nuevas formas de vulnerabilidad social y económica, la gran contribución del seguro es la de generar estabilidad. Una estabilidad que facilita construir progreso.
Cuando hablamos de desarrollo sostenible solemos pensar en la lucha contra el cambio climático, la transición energética o la protección de los recursos naturales. Todos ellos son objetivos imprescindibles. Pero la sostenibilidad también tiene que ver con la capacidad de las personas para afrontar la incertidumbre, desarrollar sus proyectos vitales y mirar al futuro con confianza.
Ahí es donde el seguro desempeña una función que a menudo pasa desapercibida. Su aportación va mucho más allá de responder cuando ocurre un siniestro. El seguro protege la salud, el bienestar y el patrimonio de millones de personas. Ayuda a que las familias recuperen la normalidad tras una situación inesperada y contribuye a que empresas y autónomos puedan continuar con su actividad después de afrontar dificultades que, en ocasiones, podrían comprometer su futuro.
La prevención constituye, además, una de las contribuciones más valiosas del sector asegurador. En salud, fomentando hábitos de vida más saludables y el cuidado temprano de las personas. En otros ámbitos, promoviendo conductas seguras, anticipando riesgos y ofreciendo herramientas que ayuden a minimizar el impacto de los problemas antes de que se produzcan. La mejor solución sigue siendo, siempre, aquella que evita el daño.
Esta vocación de protección exige también una mirada responsable hacia el futuro. Por eso, cada vez más entidades integramos criterios ambientales, sociales y de buen gobierno en nuestra forma de trabajar, impulsamos una gestión más transparente, apostamos por la inversión responsable y avanzamos en la reducción de nuestro impacto ambiental. No porque la sostenibilidad sea una obligación añadida a nuestra actividad, sino porque forma parte de la misma misión: proteger hoy pensando también en mañana.
Once años después de la aprobación de la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible siguen recordándonos una idea sencilla: las sociedades avanzan cuando las personas se sienten protegidas. Quizá esa sea la aportación más relevante que puede hacer el sector asegurador. Estar presente cuando surgen las dificultades, ayudar a prevenirlas cuando es posible y contribuir, desde la confianza, a construir un futuro más seguro, más resiliente y más sostenible para todos.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: 11º Aniversario de los ODS


