Hay una realidad silenciosa que está redefiniendo nuestra sociedad. Cada vez más personas deciden retrasar el momento de tener hijos. Lo hacen en un contexto que ofrece más libertad, pero también más complejidad a la hora de hacerlo. Y ese cambio tiene consecuencias en nuestro país.
La infertilidad afecta a 1 de cada 6 personas, según la Organización Mundial de la Salud. Al mismo tiempo, muchos países se enfrentan a un envejecimiento de la población y una reducción en el número de personas en edad de trabajar. Dos dinámicas cuyo impacto está profundamente conectado.
Y, sin embargo, existe una paradoja: hay millones de personas que quieren tener hijos y no pueden, o no encuentran, las condiciones para hacerlo realidad. No por falta de deseo, sino por falta de información o de acompañamiento adecuado.
En este contexto, la medicina reproductiva ha dejado de ser un ámbito de nicho para convertirse en una palanca esencial del estado de bienestar. No solo como respuesta clínica, sino como una herramienta que permite a las personas desarrollar su proyecto de vida y a la sociedad afrontar un gran reto demográfico. De hecho 12 de cada 100 bebes nacidos en España ya nacen gracias a técnicas reproducción asistida.
Hablar de fertilidad hoy requiere varios compromisos: el compromiso con la investigación y divulgación de información rigurosa para tomar decisiones con conocimiento; el acceso a tratamientos, sin que el lugar donde se vive o la situación personal sean una barrera; el acompañamiento empático a cada persona y también con la sostenibilidad, no únicamente desde una perspectiva ambiental, sino, sobre todo, social, ayudando a construir sociedades capaces de sostenerse en el tiempo.
En IVI RMA trabajamos desde esa convicción. Nuestro propósito es: ayudar a las personas a conseguir su sueño de tener un hijo/a. Y hacerlo combinando excelencia médica, innovación y una mirada cada vez más amplia sobre el impacto social de nuestra actividad.
Ese impacto se traduce en realidades muy concretas y bellas. En 2025, contribuimos al nacimiento de 35.000 bebés en todo el mundo. Son 35.000 historias diferentes, 35.000 decisiones acompañadas, 35.000 ejemplos de cómo la medicina puede estar al servicio de algo profundamente humano.
Cada uno de esos nacimientos conecta con un reto mayor: cómo equilibramos las dinámicas demográficas, cómo respondemos al envejecimiento poblacional y cómo generamos las condiciones necesarias para que quienes desean formar una familia puedan hacerlo.
El desafío que tenemos por delante exige una visión amplia. Para ello, cada área de la organización tiene un papel esencial en la generación de valor. Desde la excelencia clínica y la seguridad del paciente, hasta la ética, la innovación, la experiencia del paciente, la gestión de personas, y las operaciones. Solo desde una visión integrada, donde cada función contribuye, es posible dar una respuesta real a este desafío.
Porque hablar de fertilidad es hablar de futuro. Hablar de fertilidad es hablar de personas. De sus decisiones, de sus oportunidades y de su derecho a construir un proyecto de vida. En el Día Mundial de la Fertilidad —y para nosotros, cada día— ese compromiso sigue siendo el centro de nuestro propósito.


