Cuando leemos alguna noticia de cómo las empresas contribuyen a crear valor a largo plazo para sus grupos de interés, en el entorno local en el que desarrollan su actividad, siempre se pone el foco en el impacto positivo que generan, ya sea social o ambiental. Sin embargo, en pocas ocasiones nos preguntamos qué lleva a las empresas a actuar y qué motiva a sus empleados a hacerlo. En el Grupo Pascual la respuesta a estas preguntas la encontramos en nuestro propósito de Dar lo mejor para el futuro de la alimentación, un concepto aterrizado, y que nace como evolución del concepto de Calidad, que tradicionalmente Pascual había trabajado como eje de su identidad (“La calidad y tu salud nuestra razón de ser”) y el sentido de legado y trascendencia que nos inspira como empresa familiar y española.
En Pascual el propósito nos impulsa y nos reta cada día a dar lo mejor de nosotros, y está presente y explica todo cuanto hacemos, cuando creamos valor para, por ejemplo, asegurar la continuidad de la actividad y contribuir al relevo generacional de agricultores y ganaderos familiares en nuestro país; para generar miles de empleados directos e indirectos en nuestras fábricas situadas en pequeños municipios; para ofrecer el mejor servicio de entrega a decenas de miles de bares y tiendas de barrio a los que visitamos semanalmente para ayudarles a desarrollar sus negocios; para llegar a más de 60 países en todo el mundo, alimentando a su población con productos con un alto valor nutricional;…, en definitiva, para ofrecer a millones de consumidores en España y en todo el mundo los productos más saludables, locales y sostenibles, así damos lo mejor.
Pero, más allá de lo que la empresa hace y porqué lo hace, ¿sabemos si nuestros empleados conocen el propósito y cómo perciben que conecta con el suyo propio, el de sus compañeros y el de la dirección? Para responder a estas preguntas, Pascual se apoya en la Fundación DPMC y su reconocido Purpose Strength Proyect desarrollado por la Universidad de Navarra, que identifica dos requisitos básicos de una compañía con propósito: compromiso de la alta dirección y diseño de una estrategia centrada en el propósito, y cuya integración en las compañías genera un triple beneficio: compromiso individual, unidad colectiva y desempeño organizativo.
Un propósito bien definido, aterrizado en compromisos concretos (Dar lo Mejor al Bienestar, al Desarrollo y al Medioambiente), incorporado en la escucha a nuestros empleados, bajado a la gestión de lo más material y orientado al impacto (ya sea para generar ingresos, reducir costes o mitigar riesgos) en el largo plazo, medido para la mejora continua, reportado mensualmente a los órganos de gobierno, conocido y reconocido por nuestros empleados desde la retribución variable, y comunicado con un relato coherente y consistente en el tiempo, es una fortaleza de nuestra gestión excelente, y nos ha permitido obtener el sello EFQM 500+, concedido por el Club Excelencia en Gestión (CEG).
Pero, en un contexto de fuertes cambios en el mercado y en el sector, el propósito no es ajeno a las transformaciones que debemos abordar para adaptarnos y seguir creando valor. La evolución natural de Pascual hacia un Grupo / holding operativo compuesto por cinco compañías: Qualianza (servicio integral a la hostelería), Café, Hidratación (Bezoya), Internacional y Lácteos (Vivesoy, Bifrutas y Leche Pascual), llamadas a ejercer un liderazgo de servicio centrado en las personas (como expone el profesor Xavier Marcet cuando nos habla de las compañías humanistas), que estamos abordando este año bajo el proyecto AURA, nos ha hecho repensar cuál ha de ser el rol del propósito en una nueva realidad societaria, y la respuesta ha sido clara: compañías autónomas y gobierno común, donde el propósito es el que impulsa la creación de valor a largo plazo para cada una de nuestras compañías.


