Vivimos un momento decisivo. El contexto global —marcado por conflictos armados, crisis climáticas cada vez más frecuentes, desigualdades persistentes y una creciente vulnerabilidad social— obliga a replantear el papel de todos los actores que formamos parte de la sociedad. También del sector privado. A millones de personas ya no les vale que las empresas hablemos solo de crecimiento, innovación o resultados: esperan compromiso, coherencia y capacidad de contribuir a soluciones reales.
En este escenario, el Alegato de la Humanidad impulsado por Cruz Roja lanza un mensaje tan necesario como claro: poner a las personas en el centro no es una opción, es una responsabilidad compartida.
Desde el ámbito empresarial, esta llamada interpela de forma directa. Las compañías ya no podemos entender nuestro papel únicamente desde una lógica económica o reputacional. Somos parte activa de la sociedad y tenemos la capacidad —y la responsabilidad— de contribuir a construir comunidades más resilientes, inclusivas y preparadas para afrontar la incertidumbre. Especialmente en momentos de crisis, cuando la rapidez de respuesta y la eficacia marcan la diferencia.
En ING estamos convencidos de que este compromiso no puede quedarse en declaraciones de intenciones. Para ser creíble, debe traducirse en acciones concretas, sostenidas en el tiempo y con impacto real. Acciones que pongan a las personas en el centro y que se construyan junto a quienes mejor conocen las necesidades sobre el terreno. En ese sentido, las alianzas con organizaciones humanitarias como Cruz Roja no son accesorias: son esenciales.
Nuestra colaboración a lo largo de los años nos ha permitido comprobar el valor de sumar capacidades, recursos y conocimiento. Un ejemplo especialmente significativo fue la respuesta ante la DANA que afectó a Valencia y a otras zonas del país. En una situación de emergencia como aquella, el papel de organizaciones como Cruz Roja resulta insustituible para canalizar de forma ágil y eficaz la ayuda procedente tanto de instituciones públicas como privadas.
Desde ING contribuimos con apoyo económico para atender a las personas afectadas, confiando en la experiencia de Cruz Roja para identificar prioridades y actuar con rapidez. Además, impulsamos una campaña interna dirigida a clientes y empleados, que se volcaron en apoyar a las comunidades damnificadas. Gracias a este esfuerzo conjunto fue posible cubrir necesidades inmediatas —como la habilitación de albergues provisionales— y acompañar la recuperación de las zonas afectadas.
Más allá de una respuesta concreta ante una emergencia, esta experiencia refuerza una idea clave: los retos que tenemos por delante exigen respuestas colectivas. Ninguna organización, por grande que sea, puede afrontarlos sola. El sector privado tiene mucho que aportar —recursos, capilaridad, capacidad de movilización—, pero debe hacerlo desde la corresponsabilidad y el respeto al papel de las organizaciones humanitarias, que trabajan cada día con las personas más vulnerables.
Nuestra relación con Cruz Roja nos ha dejado aprendizajes valiosos: la importancia de llegar rápido, de escuchar antes de actuar y de no perder nunca el foco en las personas. También nos recuerda que la eficacia no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de aliviar situaciones de vulnerabilidad y generar oportunidades de recuperación allí donde más se necesitan.
Este enfoque forma parte de nuestra manera de entender la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa. Un compromiso que trasladamos también al interior de la organización, apostando por la formación y la sensibilización de nuestros equipos. Porque para que las empresas contribuyan de verdad a una sociedad más justa, es necesario empezar por construir una cultura corporativa basada en valores, empatía y compromiso cívico.
En un mundo cada vez más complejo, el Alegato de la Humanidad nos recuerda que el verdadero progreso no se mide solo en términos económicos o tecnológicos. Se mide en nuestra capacidad de no dejar a nadie atrás. Desde el sector privado, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de ser parte de la solución.
Sumar esfuerzos, colaborar y actuar con propósito es la única manera de avanzar. Porque poner a las personas en el centro no es solo una prioridad estratégica: es una responsabilidad que define el tipo de sociedad que queremos construir.


